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CRÓNICA DE LO QUE SIGUIÓ A UNA MUERTE ANUNCIADA

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25/02/2021

Villa La Angostura y una "rebelión" que marca un antes y un después del femicidio de Guadalupe

Villa La Angostura y una "rebelión" que marca un antes y un después del femicidio de Guadalupe
Villa La Angostura y una "rebelión" que marca un antes y un después del femicidio de Guadalupe

Villa La Angostura está envuelta en un clima de pesadumbre que pretende salir a la luz.

El femicidio de Guadalupe Curual, el martes por la noche, en pleno centro de la ciudad, perpetrado por Bautista Quintriqueo, quien había sido su pareja, no solo trajo dolor -que lo hay, y mucho–, sino que impulsó, especialmente en las mujeres, una necesidad de gritar verdades que, en una localidad con alma de pueblo, son conocidas por casi todos, pero de las que se habla muy poco… por lo menos hasta ahora.

Aquel paraje idílico, según las voces que comenzaron a alzarse tras el crimen de la joven, envuelve casos de violencia de género en un número preocupante, donde, dadas las características propias de un lugar en el que “todos se conocen”, implican que la gente se cruce a diario con individuos señalados como golpeadores y abusadores.

Y no hay que olvidar que se trata de una ciudad que carece de una Comisaría de la Mujer.

Pero la necesidad de sacar la mugre que se escondía bajo la alfombra comenzó con una muchacha corriendo por la zona céntrica, tratando de huir de un tipo al que había denunciado varias veces, que tenía una restricción de acercamiento, y, sin embargo, en ese momento, la perseguía con un cuchillo.

La escena culminó de manera lúgubre, con Guadalupe ensangrentada, tras ser apuñalada en el borde de la plaza San Martín.

Un policía llamado Roberto Yevenes forcejeó con el atacante y culminó con heridas de importancia, pero sin riesgo de vida.

Finalmente, una mujer y un hombre, también miembros de la fuerza policial, pero de Zapala, Felisa Quinteros y Delmiro Claqueos, que se encontraban de vacaciones en Villa La Angostura, lograron reducir al asesino, quien, igualmente, antes de ser inmovilizado, consiguió autoinfligirse algunas heridas.

Luego llegó el repudio de los habitantes y el pedido de respuestas frente a la comisaría local, ubicada a dos cuadras y media del lugar del femicidio.

Gran parte de la población de Villa La Angostura pasó la noche en vela.

Así, enfrentaron un miércoles envuelto en luto y bronca.

Hubo una arremetida contra el edificio del Poder Judicial, donde funciona la fiscalía.

Vidrios rotos, mamparas hechas trizas, pintadas dentro y fuera de la edificación…

Pasado el mediodía, la siguiente parada de la “marcha de la bronca” fue el hospital, donde se encontraba el asesino.

A medida que pasaban las horas, la cantidad de personas que aguardaban en los diferentes accesos al nosocomio (para evitar que trasladaran a Quintriqueo a otra ciudad) fue mermando.

Para ese entonces, ya estaba la idea de reunirse a las 19 en el puente Las Piedritas, ubicado en el inicio de la zona céntrica.

En realidad, se trataba de una convocatoria anterior al crimen de Guadalupe, con la intención de planificar diferentes actividades para el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, pero, ante lo ocurrido, el encuentro tomaría otro cariz.

Igualmente, en el hospital, durante horas, permanecieron varias mujeres que se negaban a dejar el lugar.

En ese sitio, se escucharon voces que siempre tenían como eje la violencia de género.

Por ejemplo, la de Zulema Aguirre, integrante de un grupo de apoyo a la mujer denominado Las Wakoldas.

“Hoy, en Villa La Angostura, hay impotencia, y un dolor profundo”, señaló.

En relación a las roturas producidas en el edificio donde funciona la fiscalía, consideró: “Eso fue bronca, una muestra de la indignación que tenemos las mujeres por lo que nos sucede casi todos los días… y a algunas, siempre…”.

“Hace rato que estamos dando la alarma sobre lo que pasa, pidiendo que, por favor, hagan algo”, aseveró.

En ese sentido, consideró que, en la ciudad, “la cultura del machismo está muy arraigada”.

“Nos acostumbramos a caminar por el barrio cruzándonos con alguien que violó, golpeó o casi mata a una mujer”, sostuvo.

Si bien reflejó que, en la actualidad, “solo por el hecho de ser mujer y estar viva”, podría considerarse una sobreviviente, aclaró que ella había sufrido la problemática en carne propia.

“Yo he soportado violencia en todos los sentidos. La física llega a lo último. Primero, te ponen en un lugar de inferioridad; una siente que es menos, y las relaciones las construimos desde ahí…. Eso me pasó a mí, primero estuvo la violencia económica de mi marido, donde yo no podía manejar el dinero porque me decía que era una tonta”, contó.

“Creen que sos de su propiedad; el ‘basta’, para ellos, no existe... Ahí es cuando llega el cachetazo aleccionador”, continuó.

Y dijo que no es fácil salir de una situación así, en gran medida porque la sociedad misma la naturaliza, en parte, por la falta de acción de las instituciones que deberían actuar.

“Vemos que el Poder Judicial no puede o no quiere llevar a cabo lo que debería hacer, y la policía se te caga de risa en la cara”, afirmó.

Yendo al caso puntual del asesinato del martes, expuso: “El femicida tenía tres parejas anteriores que lo denunciaron, al igual que Guadalupe”.

También reveló que mucha gente estaba al tanto de la personalidad de Quintriqueo. “Este es un pueblo chico, se sabía que era alguien violento”, planteó.

Además, explicó que muchos lo conocen porque es un músico que solía tocar el acordeón en diferentes peñas y festividades.

“Acá hay un montón de femicidas potenciales, por eso pedimos que se declare la emergencia de violencia. El Estado tiene que poner los recursos necesarios para que esto disminuya, y, así, acompañar a las mujeres”, reflexionó.

Y para demostrar la problemática en la localidad, recordó el caso de “Enrique Loncón, un expolicía que violó a su nieta desde que ella tenía tres años, hasta los diecisiete, y la justicia nuevamente acaba de cancelar el dictado de sentencia, donde se tiene que decir la condena que le corresponde”.

“¿Por qué no está preso? Si ya de demostró su culpabilidad”, cuestionó, para luego rematar, indignada: “Hace un par de años había sido declarado ciudadano ilustre…”.

Desde hace tiempo, a partir de su experiencia personal, Zulema decidió poner su vida en función del trabajo de acompañamiento a mujeres con problemas de violencia de género.

Una de ellas es Rocío Sfeir, quien afuera del hospital, mientras vigilaba que no sacaran al homicida, manifestó: “Yo sufrí seis años de violencia emocional y psíquica, y tres de física”.

Por tal razón, al enterarse lo que le había sucedido a Guadalupe, pensó: “Esa chica podría haber sido yo”.

Rocío mostraba las marcas que aún perduran en su piel, como registros del terror por el que pasó.

“Es impresionante la cantidad de casos de violencia que no son escuchados en Villa La Angostura…  Las denuncias te las toman por arriba; ni siquiera escriben lo que una realmente dice”, sostuvo.

Al regresar a lo que sucedió con Guadalupe, la joven expresó que el hermano del asesino también había matado a golpes, en una riña callejera, a un muchacho.

Varios de los que estaban alrededor de Rocío refrendaron la historia, y apuntaron que había sido un caso que marcó a la ciudad.

El crimen en cuestión fue el de Fabián “Fili” Alvarado, a manos de Cristian Quintriqueo, en marzo de 2016.

Afuera del nosocomio, también se encontraba la exconcejala Valeria Navarro, hermana de Lucía, la joven que vivía junto a Guadalupe.

Lucía y Guadalupe poseían un par de puntos en común muy particulares.

Ambas tenían hijas pequeñas. Lucía, una beba de casi dos años; Guadalupe, una de un año.

Y las dos arrastraban historias de exparejas acosadoras.

En el caso de Lucía, Saúl Mellado.

Guadalupe, Bautista Quintriqueo.

Hoy, la duda que aflora es si los hombres (que se conocían, y mandaban mensajes de calibres similares a las jóvenes) no pensaban matar a ambas.

Es decir, si la idea no era perpetrar un doble femicidio, en el que incluso habría estado planeado que participara Mellado.

Valeria informó que toda su familia tenía un cariño especial por Guadalupe, ya que, por un lado, era una amiga muy cercana de Lucía, pero también trabajaba junto a otro hermano en la panadería Las Rosas, sobre la calle Las Retamas.

Y señaló que las chicas habían decidido irse a vivir juntas apenas alrededor de quince días atrás.

Minutos antes de la muerte de Guadalupe, Lucía estaba con ella, pero, en vista de los mensajes que Quintriqueo le enviaba a su amiga, decidió llevar a su hija con sus padres, para que no corriera peligro.

Así, nadie sabe qué habría sucedido si Lucía se hubiese quedado.

Tampoco se conoce si se encontraba, en la cercanía, a la espera de verla, su expareja, Saúl Mellado.

De todo eso se hablaba afuera del hospital, desde donde, en determinado momento, partió, hacia el nosocomio de Bariloche, el policía herido, Roberto Yevenes, con el brazo derecho muy comprometido.

Quintriqueo también fue trasladado, pero en su caso hacia San Martín de los Andes, según se informó, porque había intentado nuevamente matarse (no se sabe con qué elemento), así que los médicos prefirieron que sea tratado en aquella localidad.

Pero su salida se desarrolló cuando no quedaba casi ninguna mujer esperando, ya que la mayoría había acudido al centro de la ciudad para la asamblea prevista, lo que hace pensar en que se aguardó hasta ese momento para evitar que el femicida fuera linchado.

En el encuentro feminista en el puente Las Piedritas, en tanto, al mismo tiempo que movilizaban a Quintriqueo hacia San Martín de los Andes, las convocadas expresaban: “No podemos permitir que se lo lleven, porque pareciera que se establece esto de matar e irse del pueblo”.

En ese lugar, las mujeres acordaron declararse en estado de alerta, además de diferentes acciones para los próximos días.

Beatriz Adaro, perteneciente a un grupo de educadoras feministas, resaltó que le acababan de informar que el secretario de Gobierno, Marcos Ortega, sobre quien pesa una perimetral en relación a una empleada municipal, el día anterior “había dejado de ser parte de la planta política”, algo que desde hacía varias jornadas se le venía exigiendo al intendente.

Las mujeres, espontáneamente, decidieron marchar hacia el sitio donde Guadalupe fue asesinada, para colocar velas en su honor.

En el camino se fueron sumando más y más personas, hasta superar las doscientas.

Al llegar al sitio del crimen, Lucía, la amiga de Guadalupe, se unió a las manifestantes y encendió su propia vela, para luego abrazarse fuertemente a su hermana, Valeria.

Desde allí, marcharon hacia la comisaría, para exigir respuestas en torno al traslado de Quintriqueo.

En la seccional se vivieron momentos de tensión, que hicieron temer por un estallido de violencia.

Finalmente, un grupo reducido de mujeres ingresó y habló con un oficial, quien les comunicó que la decisión de llevar al asesino a San Martín de los Andes había corrido, aparentemente, por cuenta del hospital.

Todavía faltaba una sorpresa que tensaría aún más los ánimos.

Por la tarde se esparció el rumor de que Saúl Mellado, la expareja de Lucía –quien había brindado su testimonio durante la madrugada, tras el crimen de Guadalupe–, había sido detenido.

Pero, en la comisaría, se informó que eso no había sucedido, porque la joven, en realidad, no habría realizado una denuncia, sino una declaración testimonial.

Inmediatamente, Lucía se acercó e insistió en que sí había efectuado la denuncia.

Igualmente, la policía le propuso que la hiciera en ese momento.

Y a punto estuvo de hacerlo, cuando, según contó su hermana Valeria, descubrieron que Lucía tenía razón, y lo que había efectuado horas atrás era, precisamente, una denuncia.

“Lo que faltó fue la orden de fiscalía para detener a Mellado”, indicó la exconcejala, quien anunció que acudirían hoy a exigir que se pronuncien al respecto.

En la comisaría, en tanto, quedaron también velas consumiéndose en la puerta durante la noche, junto a pétalos rojos de flores, a manera de lágrimas de sangre.

Christian Masello /Fotos: Matías Garay