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BELETZKY RECUERDA A RUMBOLL

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17/02/2021

Deseos de "buena migración universal" para el hombre que amaba a las aves

Deseos de "buena migración universal" para el hombre que amaba a las aves
Deseos de "buena migración universal" para el hombre que amaba a las aves

“Mauricio Rumboll era un tipo muy profesional, con una vida intensa en la que recorrió el mundo de las aves; un profesor que uno recuerda con mucho cariño, por su entrega de saberes”, dijo el ecologista Alejandro Beletzky, al referirse al naturalista y ornitólogo recientemente fallecido, de quien fue su alumno en el Centro de Instrucción de Guardaparques.

Beletzky recordó que lo conoció en el Parque Nacional El Rey, de Salta, en la segunda mitad de los setenta.

Allí encontró a “un tipo de barba, con ropa mimética, y equipos fotográficos Pentax”.

Además, Beletzky mencionó que el instructor iba con redes de niebla, para capturar aves si dañarlas; anillas de colores y de aluminio con numeración (también destinadas a las aves, para su seguimiento); guías de pájaros, mamíferos y roedores.

Los estudiantes estaban deslumbrados ante la imagen de ese hombre barbado, cargado de equipos fotográficos, que los “llevaría a conocer la naturaleza desde su constitución y diversidad”.

El ecologista recuerda las clases iniciales, teóricas, a la sombra de algún árbol, donde “enseñaba el modo de ver, escuchar y comprender a las aves”.

También les hablaba del uso del binocular y la libreta de campo, en la que había que escribir con lápiz, para que, si se mojaba, no se perdiera lo anotado.

Luego, llegarían las experiencias de orden práctico.

En ese sentido, Beletzky citó una jornada muy particular: “Una tarde caminábamos, tratando de descubrir, por el canto, la presencia de algunas especies. De pronto, se escuchó 'bob-bob… bob-bob…'”.

En ese momento Rumboll se detuvo y, con una mano, indicó a los muchachos que se mantuvieran en silencio y miraran, para ver si encontraban de dónde provenía ese sonido. 

Pasaron varios minutos, y no hallaron nada, así que reanudaron la marcha.

De pronto, otra vez el “bob-bob… bob-bob…”.

Se pusieron a buscar, para tratar de descubrir qué ave estaba en ese monte cerrado.

El resultado fue el mismo: nada.

“Volvimos al campamento. Mauricio estaba muy confundido por el ‘bob-bob’…, no era un sonido que conociera; eso lo turbaba, y buscaba en sus libros para ver de qué podía tratarse”, expresó Beletzky.

“A la noche, durante la cena, comentábamos el suceso, cuando una vez más se escuchó el ‘bob-bob’”, continuó.

“Venía de muy cerca, junto a las viejas carpas sin piso donde dormíamos”, precisó.

De esa manera, Rumboll recorrió cuidadosamente el perímetro con su linterna frontal (que se coloca en la cabeza y permite tener las manos libres para trabajar), lo que, en ese tiempo, para los alumnos, “era un aparato mágico”.

Tras tanta búsqueda, se dieron cuenta que, en realidad, el sonido era efectuado por un aspirante a guardaparque (Cristóbal Paramoz), que todo el día había bromeado y los tuvo en vilo con ese “bob-bob…”.

“Ya en Bariloche, en el Ayekan Ruca, donde funcionaba nuestra escuela, Mauricio nos reunió para ver las fotos que habíamos sacado en Salta, junto a otras cientos de imágenes, para formarnos en el saber de las aves”, rememoró Beletzky.

“No todos se prendían en el tema, incluso parecía que se dormían en clase, y, de repente, entre las fotografías, aparecía la de una muchacha desnuda, que despertaba a los alumnos, en un curso integrado completamente por hombres”, finalizó la anécdota.

Beletzky habló con cariño de quien también fuera director en la Escuela de Guardaparques "Bernabé Méndez", que funcionaba en la isla Victoria. “Seguro que su nuevo vuelo estará lleno de más y bellas sorpresas”, apuntó.

“Buena migración universal”, le deseó el alumno al profesor amante de las aves.

Christian Masello