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HACE 201 AÑOS

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14/02/2021

La Valdivia realista caía en manos patriotas

La Valdivia realista caía en manos patriotas
La Valdivia realista caía en manos patriotas

La guerra en Chile estuvo lejos de terminar con la victoria de Maipú. Es más, cerca estuvieron los partidarios del rey de marchar sobre Santiago cuando San Martín estaba en Perú. La bella ciudad de Los Ríos fue empedernido bastión del enemigo.

Sobre gustos no hay nada escrito, pero difícilmente alguien cuestione que Niebla es uno de los puntos más hermosos del Chile que nos queda cerca, cuando las fronteras están abiertas. Además de las bellezas paisajísticas, la localidad que se erige a unos pocos kilómetros de Valdivia siempre implica una cita con la historia: sobre sus alturas se levanta el fuerte que recibe el pomposo nombre de Castillo de la Pura y Limpia Concepción de Monfort de Lemus. El enclave es atractivo turístico y, en tiempos de normalidad, debió recibir la visita de miles de barilochenses. ¿Quién no apuntó imaginariamente a los bajeles holandeses o ingleses con los cañones que todavía permanecen en su sitio? Pero por diversas razones que se explican por la formación que recibimos en las aulas e inclusive en los claustros, pocos son los que saben que Valdivia y todo su dispositivo de fuertes permaneció en manos realistas hasta bastante después de la Batalla de Maipú y que, a la hora de la verdad, tamaña concentración de cañones no sirvió para evitar su caída.

Las cosas no eran tan fáciles para los patriotas 201 años atrás. Argentinas y argentinos tendemos a suponer que después de la victoria que se lograra el 5 de abril de 1818, el asunto en Chile quedó resuelto y solo quedaba terminar con la faena libertadora en Perú. ¡Pamplinas! Por ejemplo, los realistas batieron estrepitosamente a los patriotas en la Batalla de Pangal (22 de septiembre de 1820) y, en esa coyuntura, el camino a Santiago desde el sur quedó prácticamente expedito. Dos semanas antes, la expedición al norte había desembarcado en las costas peruanas y la capital chilena estaba casi inerme.

Pero no nos adelantemos. A fines de 1819, regresaba a los puertos de Chile el polémico lord Cochrane, después de probar suerte frente al puerto peruano del Callao, con pobrísimos resultados. Ya se encontraba a la altura de Valparaíso cuando le espetó al por entonces mayor Miller: “¿Qué dirían en Santiago, si yo con este solo buque, me hiciese dueño de Valdivia?” El segundo de los ingleses que forjaría amistad con San Martín había participado del Cruce de los Andes y, como tenía alguna experiencia marinera, comandaba a los “sesenta mulatos del batallón Infantes de la Patria que guarnecían la fragata”.

Guerra a muerte

La reproducción de la escena corrió por cuenta de Benjamín Vicuña Mackenna, autor de “La guerra a muerte”, voluminoso libro que, precisamente, ventila los sucesos que tuvieron lugar entre 1819 y 1832 en el actual sur de Chile, con repercusiones al este de la cordillera. La primera edición de su trabajo se publicó en 1868 y la que consultó El Cordillerano, data de 1972.

Obviamente, Cochrane no esperó respuesta alguna, aunque contó con el asentimiento de su paisano, aún herido de un combate en Pisco (Perú). El marino inglés comandaba la fragata “O’Higgins” y, mediante una estratagema, izó bandera realista en la bahía que hace de ingreso a Valdivia, de manera que pudo reconocer previamente el terreno. Luego, se dirigió a Concepción, en manos patriotas, donde solicitó al comandante Ramón Freire refuerzos y otras embarcaciones para llevar adelante su propósito. Freire sería más tarde presidente de Chile. El 22 de enero de 1820, puso a las órdenes del inglés otros 250 soldados, a pesar de que nada le sobraba en su posición. Al mando de las tropas quedó Jorge Beauchef, veterano de Waterloo que se sumó a la revolución americana desde Buenos Aires. Las Provincias Unidas también contribuyeron a la conquista de Valdivia con el bergantín “Intrépido”, que navegaba para sumarse a la flota expedicionaria al Perú.

En el Fuerte de Niebla, 100 cañones apuntaban hacia el mar. Demasiados para la flota de tres barcos que guiaba lord Cochrane. Entonces, los jefes patriotas optaron por desembarcar a sus hombres al sur de tan temible fortaleza. La cuestión no se dirimiría a cañonazos. El 3 de febrero de 1820, dos días después de que porteños, entrerrianos, santafesinos y correntinos se mataran en Cepeda, a 340 kilómetros del futuro emplazamiento de Bariloche comenzaba a librarse una batalla por la libertad de América. Tan poco conocida, como sorprendente su desenlace.

Adrián Moyano