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DÍA NACIONAL DEL MÚSICO

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22/01/2021

Carlitos Casalla, con la música en el ADN

Carlitos Casalla, con la música en el ADN
Carlitos Casalla, con la música en el ADN

Hijo del gran Chingolo –notable baterista de jazz– podría decirse que el percusionista llegó al mundo con su destino marcado. A comienzos de los 80 participó del boom del rock nacional como integrante de Pedro y Pablo.

Carlitos Casalla no tuvo otra: vino al mundo en la casa de un baterista de jazz y, a sus 9 o 10 años, el gran Chingolo le obsequió su primer bongó. Fue uno de los pocos músicos barilochenses que logró trascendencia en la gran escena del rock nacional sin necesidad de mudarse a Buenos Aires. A punto de cumplir 60 años, lleva casi 45 de profesionalismo y celebrará el 23 de enero de la mejor manera posible: tocando en la playa.

“Me tocó ser músico porque se ve que estaba en mis genes”, le dijo a El Cordillerano. “Venía de una familia de músicos por parte de mi padre y, también, por algunos integrantes de la familia de mi madre. De muy chico tuve la influencia de ver a mi padre, sus amigos y a mis tíos tocando en vivo”. Quizás haga falta recordar que, además de tremendo historietista, Chingolo Casalla fue uno de los pilares de la escena argentina del jazz.

En ese contexto, “siempre me llamó la atención el sonido. En la casa siempre había instrumentos, sobre todo batería y percusión. Eso fue lo primero que empecé a tocar y, más o menos a los 9 o 10 años, mi papá me regaló mi primer bongó. Tomé algunas clases con él y después otras particulares, pero soy mayormente autodidacta”, admitió Casalla. “Empecé a tocar en la escuela, me convocaban Rodrigo Dalziel y Alejando Acosta Fox, que fueron mis profesores de Música”.




Primero fue el bongó. (Foto: Guillermo Rapoport)

El camino se abrió con naturalidad. “Empecé a tocar profesionalmente a los 16 años, tuve la suerte de arrancar con grandes músicos, como el propio Alejando Acosta Fox, Chingolo en la batería, Diego Villanueva en la guitarra y, bueno, la influencia y gran inspiración que era tocar junto a Diego Rapoport en esa época”. Recordemos que el gran pianista, compañero de Luis Alberto en Spinetta Jade, vivió varias décadas en Bariloche.

De Patagonia al país

Transcurría 1977. “Arranqué ahí y no paré, como músico y con las sesiones. También hace más de 20 años empecé con las clases y talleres, sobre todo de percusión”, hilvanó Casalla. “A los 17 empecé a tocar el bajo. pero siempre me considero más percusionista que bajista. También canto y compongo cuando me llega la inspiración a la cabeza”, sumó el músico. “Tuve la suerte de vivir acá, en la Patagonia, y así y todo salir por el país”.

En efecto, “a fines del 81 me convocó el dúo Pedro y Pablo, así que fui a tocar a Buenos Aires, en los grandes momentos del regreso del dúo y el retorno de la democracia, una época fuertísima para la música nacional, muy intensa porque por el tema de la Guerra de Malvinas había que difundir música nacional. No sé si fue un despegue para el rock, pero sí una explosión de difusión”, recordó. “También para el folklore y el tango”.

Después del peor año de la historia reciente para las actividades artísticas y culturales, “por suerte, este Día del Músico vamos a estar tocando junto a Raúl Carrasco y Juanjo Miraglia en Dina Huapi, en la playa, a las 19”. De cara a 2021, “lo que deseo es que todos los músicos y toda la gente del planeta sea feliz, esté contenta con lo que es, con lo que hace y que tenga trabajo, comida y abrigo”, pidió Casalla. Que así sea.

Adrián Moyano