Publicidad
 

TODOS LE ECHAN LA CULPA AL CALOR PARA NO PONÉRSELO

|
05/01/2021

Cuando están en la calle los turistas usan el barbijo de "cuellito"

Cuando están en la calle los turistas usan el barbijo de "cuellito"
Cuando están en la calle los turistas usan el barbijo de "cuellito"

Centro Cívico al mediodía. El sol ilumina la postal clásica de Bariloche. En la actualidad, con el regreso del turismo, el factor común vuelve a ser la presencia de visitantes que buscan la foto típica en la ciudad (por estos días, con árbol de Navidad y demás arreglos por las fiestas incluidos). Lo raro es que otro elemento que tendría que estar incorporado en los tiempos que corren, como si fuera una extensión del cuerpo, no se observa tanto. El barbijo, de él se trata, aparece en ocasiones, pero brilla por su ausencia en gran parte de los que transitan.

Así, por ejemplo, un matrimonio que viene de Buenos Aires cruza desde la playa sin tapaboca, pero se lo coloca cuando observa al cronista. La pareja explica que, en el lago, y cuando no tienen gente cerca, no lo utilizan.

Lo mismo dice una madre que está sentada en uno de los bancos, junto a sus dos hijas. Vienen de Capital y, al aire libre, optan por no bloquear nariz y boca, aunque al entrar en contacto con otras personas, sí lo hacen.

Kevin, en tanto, de treinta años, arribó el lunes junto a su mujer e hija, y en Bariloche se reunió con el suegro y su pareja, que habían llegado antes de fin de año.

Si bien en este momento él usa barbijo, y la que no lo tiene puesto es su esposa, reconoce que no lo utiliza siempre.

“En invierno no molesta, porque es casi una bufanda, pero cuando hace calor me incomoda para respirar… Por otra parte, no creo que proteja tanto, porque la gente que siempre lo tiene puesto también se contagia”, sostiene.

“Me parece que hay modos más importantes de cuidarse: como sucede con cualquier enfermedad, el que hace una vida sana, está bien de la cabeza y el cuerpo, va a tener mucho menos probabilidad de contagiarse”, añade.

El muchacho advierte que, por lo que ha visto hasta ahora en Bariloche, la utilización del tapabocas en la localidad varía mucho según la edad, ya que la gente grande mayormente lo tiene puesto, pero los jóvenes no tanto.

En Buenos Aires, de donde viene, indica que, aunque también se aprecian esos factores de acuerdo al rango etario, se destaca una clara diferencia entre lo que hace a determinados barrios, como Belgrano, por ejemplo, donde se utiliza en gran cantidad, con lugares más humildes, alejados de la zona céntrica, en los que casi nadie lo tiene, y si lo lleva consigo, lo hace casi como un adorno más, colgando en el cuello, como si se tratara de un pañuelo.

Paola y sus hijos, Dylan y Ezequiel, llegaron de Puerto Madryn. Los tres llevan sus barbijos a “media asta”. Dicen que se los acomodan cuando ingresan en un local.

Afuera, por una cuestión de comodidad, “sobre todo en estos días de calor”, prefieren llevarlos como ahora, más allá de que reconocen que se trata de un buen método para evitar el contagio.

“Es difícil aguantar tenerlo puesto tanto tiempo… es ‘pesado’, te sofocás…”, considera Ezequiel, que tiene veintitrés años.

Su hermano, Dylan, de dieciséis, apunta que cuando está con los amigos tampoco suele colocárselo: “Si sabemos que todos estamos bien, no lo usamos. Lo que sí hacemos es lavarnos bien las manos, y ponernos alcohol en gel”.

Salvador y Cristian provienen de Mendoza. Uno lleva puesto barbijo; el otro, no. Integran un gran grupo familiar que vino a vacacionar a la zona. En total, son catorce. Paran en San Martín de los Andes, y vinieron a pasar el día a Bariloche.

Cristian dice que cree en el uso como medida de precaución, pero manifiesta que no lo utiliza en este momento “por el calor”.

“Justo me agarraste sin barbijo…”, suelta Rodrigo, que vino con su esposa e hija desde Bahía Blanca.

A su lado, la mujer ríe y lo excusa: “Se lo quitó para sacarse la foto”.

“En general, lo uso, sobre todo cuando ingreso a algún lugar, pero en los ambientes abiertos, si no estoy muy cerca de otra gente, no suelo llevarlo puesto, porque genera incomodidad y dificultad para respirar”, explica Rodrigo.

“En Bahía Blanca sucede como acá, en los comercios se los utiliza, pero en la calle se ve a personas que lo tienen y otras que no. Lo que sí me llamó la atención fue que en Bariloche no toman la temperatura en los locales. Allá, sí lo hacen, en todos los lugares”, agrega.

Un grupo de motociclistas se suma a la instantánea de mediodía del Cívico. Vienen de Trenque Lauquen y Pellegrini.

Uno de ellos, Fabio, aclara que no lo tiene puesto porque acaba de bajar de la moto y recién se sacó el casco, pero cree en el uso del barbijo y lo califica como “una medida importante”.

Explica que, al recorrer varias provincias argentinas, notó que, en todos lados, la exigencia de su utilización dentro de comercios es plena.

Los cinco amigos iniciaron el viaje el domingo a la madrugada. Pararon en El Chocón, ahora en Bariloche, y están por iniciar el Camino de los Siete Lagos. Luego, es probable que lleguen hasta Esquel. Cuentan que en todas las estaciones de servicio, cuando cargan combustible, les exigen que tengan el barbijo puesto.

Martina, de veinte años, y Luca, de veintidós, llegaron de Mendoza, y el miércoles parten a El Bolsón.

La pareja está sentada en un banco del Centro Cívico, trabajando con sus manos las artesanías que ofrecen en una manta, a sus pies.

Venden pulseritas y collares hechos en macramé, con piedras energéticas.

Tienen barbijos, aunque medio corridos: “Para poder respirar mejor, porque con el calor es incómodo”, dice ella.

Igualmente, apenas se acerca alguien interesado en lo que ofrecen, se los acomodan.

A Luca le llama la atención que en el skatepark no se exija su uso.

“En Mendoza, en el skatepark más grande de la ciudad, hay turnos de dos horas, en grupos de cinco personas por disciplina, patineta, rollers y bicicletas, y deben utilizar barbijo. Acá, nadie lo usa, están todos amontonados y toman del mismo surtidor de agua”, apunta.

A su vez, advierte que, allá, la policía amonesta a quien va por la calle sin tapabocas.

El joven no cree demasiado en su uso, o, en realidad, en el modo en que se lo suele utilizar: “Porque lo tocás a cada rato, y la mayoría de la gente no lo higieniza. La forma correcta sería no tocarlo mientras lo usás, y lavarlo cuando llegás a tu casa”, dice.

La pareja hace tres días que está en Bariloche.

Piensan partir el miércoles a El Bolsón, aunque están atentos a las noticias por posibles cierres de ruta relacionados con la pandemia, que los obliguen a volver de apuro.

No quieren quedar varados en el sur.

 

Christian Masello /Fotos: Fabio Hernández