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"ME DECÍAN QUE ESTABA LOCO, Y SOLO SE TRATABA DE UNA TAREA ALTRUISTA"

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26/12/2020

Biblioburro: la historia del profesor que reparte libros para cambiar la realidad de su sociedad

Biblioburro: la historia del profesor que reparte libros para cambiar la realidad de su sociedad
Biblioburro: la historia del profesor que reparte libros para cambiar la realidad de su sociedad

La temperatura ronda los 40 grados. Luis Soriano responde amable el llamado de El Cordillerano en su pueblo, La Gloria -en el Departamento de Magdalena, Colombia-. Su historia es tan reconocida en el mundo que permitió que la localidad de 500 habitantes y el imponente río que lo custodia se localizara con mayor frecuencia en los últimos años.

Todo comenzó en 1997, cuando tomó la decisión de distribuir libros con sus burros a los niños y niñas de la región. “Esta es una zona deprimida e históricamente abandonada de Colombia y la idea surgió porque teníamos que abandonar el pensamiento de que no tenemos, que somos pobres y eso se hace leyendo”, explicó.

El comienzo no fue fácil, sus vecinos creían que era una locura. La gente del lugar es alegre, jocosa y cuando se encontraron que Luis salía todos los mediodías con sus burros y el cargamento de libros, se sorprendieron. ¿Qué le pasó al profesor?, se preguntaron, ¿acaso se volvió loco? “Yo no estaba loco, se trataba de hacer un trabajo altruista, desinteresado”, responde, y hoy su tarea recibe el reconocimiento en el mundo, como es el caso de la CNN y la BBC que le dedicaron una especial atención en elaborados informes.

A las burlas de vecinos en el comienzo se sumó el rechazo de algunos padres y las amenazas del ejército paramilitar. “Era terrible”, recuerda. Luis está convencido que cuando acercás un libro se abre una ventana mágica,  “y las personas con armas empuñadas no querían que la gente estuviera instruida”.

Para Luis, la iniciativa iba a florecer de inmediato en los niños y niñas porque “somos una región con mucha imaginación, puro realismo mágico”. Admite que hay una historia entre miles que atesora. La de Ruby, una niña que se aprendía la lectura del día con mucha dedicación y cuando llegaba su papá por la tarde, le leía el cuento que había aprendido. Y su padre, amante de los radioteatros, quedaba fascinado. Sentía con orgullo que su hija iba a trabajar en la radio porque cuando la escuchaba, se trasladaba sin escala a ese mundo mágico.

Hoy el Biblioburro se mantiene tan activo como siempre. Luis visitó 300 personas durante la pandemia, los libros se presentan por 15 días o un mes y como no puede llegar hasta las casas, los deja en una jaula en el ingreso de las fincas. “Dejamos atrapada la lectura, es muy simbólico. Hay muchas personas que dejaron de tener pájaros en sus jaulas, entonces nosotros dejamos la lectura para que ellos la atrapen”, explica alegre. El circuito del Biblioburro contempla 3 000 habitantes, distribuidos en La Gloria y 30 kilómetros alrededor.

El tiempo de pandemia modificó algunos hábitos. Graba videos, envía lecturas por WhatsApp, sugiere libros. Dice que la situación de contagios está bastante controlada en el sector. “Pero el virus se llevó a cuatro personas muy cercanas”, y el tono de su voz se empalidece. El Gobierno definió medidas estrictas para las fiestas de este año.

“Yo soy solo el conductor del Biblioburro”, aclara convencido. Y destaca el trabajo de Alfa y Beto, los burros. Alfa, describe, es “la reina del asunto”. Tiene 35 años, estuvo en el inicio del proyecto y aún se mantiene muy activa. Beto, tiene diez años menos y, en cambio, “es más alborotado, desordenado”, admite Luis. Y luego sonríe.

 

Daniel Pardo