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CONTÓ CON EL AUXILIO DE CARLOS WIEDERHOLD

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26/12/2020

El futuro almirante Canaris se fugó por Bariloche

El futuro almirante Canaris se fugó por Bariloche
El futuro almirante Canaris se fugó por Bariloche

Cuando todavía era teniente de la Marina Imperial, el barco donde servía fue hundido en el sur de Chile. Después de un cautiverio un tanto laxo, escapó hacia Osorno primero y el Nahuel Huapi después.

Wilhelm Canaris todavía era teniente de la Marina Imperial cuando cruzó la cordillera a caballo por el Paso Puyehue y buscó ayuda en Bariloche. Transcurría el invierno de 1915 y no debió ser fácil la travesía porque la ruta que conocemos en la actualidad era apenas una huella. Pero el futuro almirante quería alejarse de los británicos, después de hundirse el barco donde servía. Aquí, contó con el respaldo del mismísimo Carlos Wiederhold Piwonka. Por entonces, quien pasa por fundador de la ciudad era cónsul alemán y se limitó a hacer su trabajo. Tres décadas más tarde, el marino moriría en la horca, acusado de conspirar contra Adolf Hitler.

El 8 de diciembre del año anterior, la flota alemana que integraba el crucero “Dresden” sufrió una grave derrota en las islas Malvinas, a mano de embarcaciones británicas.  El navío en el que se desempeñaba Canaris fue el único que quedó a flote y buscó refugio en los intrincados canales y fiordos que caracterizan el extremo sur de Chile. La evasión tuvo éxito durante varios meses, pero, finalmente, el barco quedó rodeado por el enemigo en la isla Juan Fernández y la derrota se consumó.

Junto con sus camaradas sobrevivientes, Canaris fue internado en Chile, en particular en la isla Quiriquina, frente al puerto de Talcahuano. Formalmente, eran prisioneros, pero, al parecer, la Armada chilena no fue muy estricta con las medidas de seguridad que adoptó y se supo que varios de los oficiales viajaron a la cercana Concepción en más de una ocasión. Quizás en esos viajes se urdió la fuga que involucraría a familias barilochenses.

En agosto de 1915, Canaris ya contaba con un pasaporte chileno que había gestionado la Embajada Alemana en Buenos Aires. Su nueva identidad: Reed Rosas. Su nuevo rol: un comerciante anglo-chileno. Su educación facilitó las cosas: hablaba correctamente inglés y español. El sexto día del octavo mes del año, Reed Rosas arribó a Osorno, después de un viaje de 500 kilómetros en tren.


El teniente Canaris en Quiriquina, el tercero desde la izquierda

No por nada Canaris se dirigió desde Concepción al sur. Como bien saben los conocedores de historia regional, desde mediados del siglo XIX la zona atrajo considerable colonización alemana, con fuerte presencia en Valdivia, Llanquihue, Puerto Montt y, precisamente, Osorno. Ese influjo influyó en los albores de Bariloche, una vez que finalizó la Campaña al Desierto. Los vínculos entre alemanes a una y otra vertiente de la cordillera eran más que fluidos.

En Nahuel Huapi

Mientras permaneció en la vecina localidad trasandina, se alojó en la mansión de la familia Von Geyso. Allí preparó su fuga, junto a otros marinos del “Dresden”. Por indicaciones de Von Geyso se dirigió al fundo de la familia Eggers, precisamente en Puyehue. El contingente no se valió de baqueano alguno para acometer el cruce, pero las comunicaciones eran aceitadas porque en uno de los extremos del Nahuel Huapi, otro de los Eggers recibió al fugitivo para concretar su traslado a Bariloche en una embarcación.

De este lado de las montañas, Canaris permaneció en la estancia de Luis von Bulow. Aparentemente, fue allí donde conoció a Carlos Wiederhold, por entonces, cónsul alemán en la región. El fundador del viejo San Carlos proporcionó ayuda y el marino siguió viaje hacia el litoral, donde finalmente logró embarcarse en un carguero holandés. Tiempo después, desembarcó en el puerto de Róterdam. En Alemania fue bien recibido y recibió las insignias de capitán.

La guerra continuaba, así que no encontró sosiego. Por órdenes superiores comenzó a desempeñarse en la Inteligencia de la Marina y, como hablaba muy bien español, fue a trabajar a la Embajada Alemana en Madrid. Se involucró en tareas de espionaje y logística, con la identidad que había logrado en la Argentina: Reed Rosas. De hecho, se presentaba como oriundo de Osorno, una pequeña y remota localidad del sur de Chile.

Más tarde, pasó a comandar un submarino en el Mediterráneo, que acreditó 18 hundimientos. Ese desempeño hizo que recibiera la Cruz de Hierro de Primera Clase, una trascendente distinción militar. Una vez finalizada la contienda, Canaris se consagró a organizar los Freikorps, cuerpos paramilitares que comenzaron a actuar durante la revolución de 1918. Se dice que Canaris urdió el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en enero del año siguiente. Que atentara contra Hitler en 1945 no debe desorientar sobre el sentido de sus convicciones.