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TRANSCURRÍA FEBRERO DE 1937

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20/12/2020

Cuando la prensa alemana inventó un “mártir nazi” en la Argentina

Cuando la prensa alemana inventó un “mártir nazi” en la Argentina
Cuando la prensa alemana inventó un “mártir nazi” en la Argentina

Los diarios berlineses intentaron equiparar la muerte de Josef Riedle en Villa Ballester, con el asesinato del fundador del partido nazi en Suiza. Férrea oposición del embajador argentino.

En febrero de 1937, la propaganda nazi consiguió indigestar al embajador argentino en Berlín, al informar sobre el asesinato de un militante nacionalsocialista en Buenos Aires, a manos de agentes “judíos y comunistas”. La prensa berlinesa llamó “nuevo mártir” a Josef Riedle, quien efectivamente había perdido la vida en Villa Ballester. Pero Eduardo Labougle, el diplomático argentino en la capital alemana, sabía con quién trataba y se opuso a la corriente.

Para ese año, el embajador ya “había desarrollado un claro aborrecimiento por la oficina de la Auslands-Organisation (AO), y especialmente por su líder Ernst Bohle, debido a su clara intervención en las vidas de los alemanes radicados en Argentina”, según consignó el historiador Julio Mutti, en su artículo “El equilibrista. Eduardo Labougle, embajador argentino en la Alemania nazi”. El texto se publicó en un dossier que tres años atrás, lanzó el Archivo General de la Nación en su revista electrónica “Legado”.

Según la reconstrucción de Mutti, “el diplomático argentino merendaba tranquilamente en su despacho la tarde del 16 de febrero de 1937, cuando los diarios vespertinos berlineses le dieron una noticia tan ingrata como insospechada. La prensa dirigida de la capital anunciaba, en grandes titulares y en un tono sensacionalista, el asesinato de un ‘nuevo mártir’ de la causa nazi”. Las crónicas emparentaban el acontecimiento bonaerense con otro que había sucedido en Suiza, con Wilhelm Gustloff como involuntario protagonista.

Gustloff había fundado la rama suiza del nacionalsocialismo en Davos, en 1932. Su mujer había trabajado como secretaria de Adolf Hitler y se dice que mantenía cierta amistad con el líder alemán. El año anterior al suceso de Buenos Aires, Gustloff cayó bajo las balas de un activista antinazi, de nacionalidad croata y efectivamente, judío. Su nombre, David Frankfurter. De ahí el parangón mediático.

Según leyó Labougle aquella tarde, Josef Riedle, súbdito del Reich, había muerto “como bravo alemán y nacionalsocialista” en la remota ciudad de Villa Ballester. “La misma prensa publicaba un comunicado del embajador del Tercer Reich en esa ciudad (Buenos Aires), el barón von Thermann, un hombre siempre atento a congraciarse con sus amos nazis por temor a no ser considerado lo suficientemente adicto a Hitler”, resalta la investigación de Mutti.

Aprovechamiento propagandístico

Según el especialista, “lo que más indignó a Labougle no fue el asesinato en sí, o cómo pudiera presentarlo la prensa local ante los alemanes. Lo que molestó profundamente al embajador fue que el mismo Ernst Bohle, jefe de la AO y ahora también funcionario oficial, emitiera un comunicado que colocaba el crimen de Riedle a la altura del caso Gustloff. La confusión aumentó al día siguiente, cuando Labougle comenzó a recibir llamados provenientes de agencias de noticias internacionales”.

Sucedía que “los periodistas habían sido informados de la visita del embajador a la sede del Ministerio de Negocios Extranjeros germano, creyendo que se dirigía a presentar condolencias oficiales por la muerte de Riedle”. Pero nada de eso era cierto. “Labougle presentaba apenas al nuevo agregado militar de su embajada en Berlín”. Ante la inexactitud, “el jefe de prensa del ministerio, alertado de la incómoda situación que se generaba para su gobierno, telefoneó a la Embajada de Argentina. Solicitó encarecidamente al embajador argentino que no se desmintiera la noticia, algo a lo que Labougle, por supuesto, se negó rotundamente”, según relata el artículo.

El diplomático argentino “se había negado también a discutir el asunto con el detestable Bohle. Pocos días después, mientras los diarios alemanes acusaban rabiosamente del crimen a judíos y comunistas de Villa Ballester, la Embajada de Argentina en Berlín recibió desde Buenos Aires la plena seguridad de que el asesinato de Riedle había sido un hecho ordinario”. En efecto, “el joven nazi había sido muerto por maleantes comunes y corrientes que habían pretendido asaltarlo”, según se esclareció.

Estimó Mutti que “la indignación de Labougle fue en aumento luego de conocerse esta novedad. Para consuelo del diplomático argentino, la campaña de prensa se detuvo, advertidos los propagandistas nazis de que Labougle era un hombre dispuesto a llevarles la contra sin ser timorato, algo a lo que no estaban tan acostumbrados”. Las actividades nazis en la Argentina continuarían pero el embajador había anotado un tanto a su favor en un partido que, a la larga, sería muy agotador.

Adrián Moyano