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CONMOVEDOR MENSAJE DE LA MADRE DEL KAYAKISTA

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14/12/2020

Confía en hallarlo con vida, pero si no "quisiera poder sepultarlo"

Confía en hallarlo con vida, pero si no "quisiera poder sepultarlo"
Confía en hallarlo con vida, pero si no "quisiera poder sepultarlo"

La Playa del Viento es testigo de la angustia de una pareja que mira el lago Moreno.Allí, en algún lugar, debe estar el hijo (tienen, además, dos hijas).

Andrés Quinteros, de treinta y siete años, se perdió en las aguas lacustres durante el atardecer del miércoles, cuando el kayak donde iba se dio vuelta.

 

La búsqueda, hasta ahora, ha sido infructuosa. Mirta Nicolás y Juan Quinteros, sus padres, observan más allá de lo que cualquier humano podría ver con la mirada. Porque no utilizan los ojos, sino el corazón.

Saben que es complicado, pero no renuncian a tener a su hijo de vuelta, como sea…

“Ojalá esté vivo… Sería un milagro de Dios…”, suspira la madre, pero no se queda solo en ese deseo entendible pero, a esta altura, difícil de que la realidad lo confirme. También cavila sobre la otra opción, la que nadie se anima a pronunciar, pero en la que todos piensan: “Y si no es así, quiero poderlo sacar, para darle sepultura cristiana, tenerlo con nosotros y, aunque sea, llevarle flores”.

Pero una parte de ella todavía insiste en apuntar a ese foquito de luz que la incertidumbre no apaga, por eso atina a nombrar las características que harían posible lo que sería, sin dudas, un portento: “Sabía nadar bien, tenía buen físico, no tomaba… de más joven fumó, pero después dejó…”.

La pareja es propietaria de Remises del Lago, empresa en la que también trabaja Andrés (en esta nota, se mantendrá el tiempo presente al hablar de él, por respeto a la esperanza de los padres). El joven, además, se recibió de enfermero y estudia medicina.

Así, la mamá cuenta que él solía traer pasajeros hasta las zonas aledañas donde ocurrió el accidente, por eso mucha gente que vive en las cercanías se han arrimado para dar una mano, en lo que se pueda.

“El sábado vinieron muchas personas, nos traían termos con agua caliente para tomar algo y aguantar el frío”, apunta.

No solo los vecinos se hicieron presentes.

Conocidos y desconocidos llegaban para preguntar en qué podían ayudar.

Mirta y Juan viven en el barrio San Francisco, pero tiempo atrás residían en otro sector de la ciudad, del que vinieron personas que no veían desde hacía años, siempre con la intención de brindar apoyo.

Mirta cuenta que conoce a la gobernadora desde hace mucho tiempo, y que nunca la llamó por ningún tema, ni siquiera por lo que sucedió con su hijo, pero destaca que fue ella misma la que se comunicó, para ponerse a disposición.

La familia habló con Arabela Carreras de distintas cuestiones, incluso algunas que parecen triviales dadas las circunstancias, pero que para ellos son importantes, sobre todo en vista de la gente que acude a ayudar.

Por eso solicitaron que, de ser posible, pusieran un baño químico en la playa, y algún tipo de carpa donde la gente se pudiera guarecer, porque comentan que el sábado hubo varias personas que, por el frío, tras la búsqueda, se sintieron mal y no tenían dónde acomodarse.

Claro que también conversaron de otras cuestiones, como de la posibilidad de traer un ROUV (siglas en inglés de Remotely Operated Underwater Vehicle), es decir un vehículo sumergible operado de manera remota. Se trata de un robot submarino, no tripulado, conectado con una embarcación en la superficie, a la que transmite imágenes que capta en las profundidades.

Según indica Juan, además de algunos en Buenos Aires, habría uno en el lago Musters, en Chubut, donde se utilizó para otro rescate, y que sería factible traer a Bariloche.

También le llegó información de la viabilidad de trasladar, desde Buenos Aires, un minisubmarino de rescate, para dos tripulantes.

En cualquier caso, más allá de lo que se pueda llegar a concretar o no, lo cierto es que el delegado del Ministerio de Seguridad y Justicia de la provincia de Río Negro para la zona Andina, Silvio Barriga, confirma estar en el lugar “a pedido de la gobernadora, y también de la ministra, para poner el Estado a disposición de la familia”.

Los padres de Andrés cuentan que también recibieron un llamado solidario de la senadora Silvina García Larraburu, y remarcan que el sábado se acercó el titular de la Secretaría de Desarrollo Humano Integral del municipio, Juan Pablo Ferrari, para ofrecer gomones para el rastreo.

Justamente, el domingo, Ferrari llegó al lugar y conversó con la familia.

Explicó que, además de las dos motos acuáticas (porque, a la que se utilizó ayer, se agregó otra) y las dos lanchas de Prefectura, se sumaron gomones que actuarán por separado, es decir uno por turno, porque tampoco quiere sobrecargar áreas donde trabajan los buzos.

Cuando se les consulta si tuvieron comunicación directa con el intendente, Mirta y Juan ponen gesto adusto. Se los ve contrariados por la mención del jefe comunal. “A mí me llamó, pero no quiero hablar por teléfono con él, no lo veo una persona seria, en el sentido humano del término… le resbala todo… es lo que siento como mamá y ciudadana de Bariloche”, sostiene Mirta.

Tampoco parecen sentir afinidad por la titular de Protección Civil de Bariloche, Patricia Díaz, quien, más allá de no contar con la simpatía de la pareja, apenas arriba, intenta ordenar, de la mejor manera, la exploración que realizan los voluntarios, con personal de la policía provincial (incluidos miembros del COER), el Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF) y Gendarmería, que se suman a los efectivos de Prefectura.

La intención de Díaz es que los voluntarios, por tratar de ayudar, no caigan ellos mismos en algún percance durante las caminatas por la extensa orilla, donde muchas veces no existe ni medio metro de playa. Así, son guiados por los integrantes de las citadas fuerzas.

“El pueblo de Bariloche es muy solidario”, expresa el papá de Andrés, aunque aclara que hay “terratenientes” que no lo son, en referencia a propietarios de terrenos y viviendas en la zona ubicada frente a Playa de los Vientos, que cuentan con botes y lanchas y, sin embargo, no ofrecieron las embarcaciones para acompañar el rastrillaje. “Eso es una falta de solidaridad”, opina Mirta.

Además, Juan se queja de que en esos sectores, al otro lado, cuando el sábado se arrimaron con muchas complicaciones, encontraron alambrados al borde del lago. “Parece un campo de concentración nazi”, manifiesta.

Otra persona cercana a la familia agrega que, en un futuro que pretenden cercano, cuando Andrés aparezca, habría que concentrarse en que se despejaran algunos terrenos para poder realizar un sendero, ya que, entre el alambre y los árboles talados que se observan en la orilla, es imposible caminar.

En ese sentido, cabe destacar que los voluntarios tuvieron que abrirse paso a machetazos.

Otros que ayudan en la búsqueda son los guardavidas. El sábado, alrededor de diez se lanzaron al agua, nadando a una distancia de dos metros el uno del otro, para efectivizar el rastrillaje.

El subsecretario de la Asociación de Guardavidas de Bariloche, Juan Giraldes, cuenta que la visibilidad, en las partes del lago donde buscan, “es de unos diez metros como máximo”.

Relata que se acercaron para colaborar con la familia, pero, enmarcado con el conflicto que mantienen con el gobierno municipal, se despega de la acción de Protección Civil.

Incluso afirma que el accidente “se podría haber evitado”, porque si bien el aviso fue a las 20.30, calcula que, dado el tiempo que tardó en salir Marcelo Vera, quien iba con Andrés en el kayak que dio la vuelta de campana, el hecho debe haber ocurrido aproximadamente a las 19.30, dentro del horario habitual para los guardavidas (cuando los había).

También advierte sobre lo que pueda llega a ocurrir en el verano, si la situación continúa como hasta ahora.

En tanto, Miguel Curual, prefecto a cargo del operativo de búsqueda, se acerca a los guardavidas y les solicita que se cuiden, por su propio bien y el de la familia del joven desaparecido, que se encuentra preocupada de que cualquiera tome un riesgo de más.

Los padres de Andrés, justamente, vuelven al día del accidente y señalan que no conocían al amigo que iba en el kayak con él; les resulta extraño que no se haya hecho presente durante más tiempo en el lugar (solo fue una vez para señalar dónde se produjo el hecho). “Creo que yo, si pasara algo así, no me movería de acá”, dice Juan.

Y, mientras las horas pasan, ya no saben bien qué más hacer. Mirta revela que el sábado, incluso, llamó a dos videntes, y que si bien hablaron de diferentes sectores del lago, ambas coincidieron en decir que Andrés se encontraba en un sitio de “muchas turbas”.

“Una mamá busca en todos lados…”, suelta.

A un lado, su marido mira el lago y murmura: “Tengo la esperanza de encontrar a mi hijo”.

Christian Masello / Fotos: Facundo Pardo