Publicidad
 

QUIÉNES FUERON LOS FALLECIDOS A LO LARGO DEL TIEMPO

|
12/12/2020

Cuando los lagos barilochenses se convirtieron en una trampa mortal

Cuando los lagos barilochenses se convirtieron en una trampa mortal
Cuando los lagos barilochenses se convirtieron en una trampa mortal

Bariloche tiene un amplio historial de accidentes lacustres, ocurridos en los distintos espejos de agua, tanto ríos como lagos.

El episodio más reciente ocurrió a principios de este año, el 20 de enero, cuando una pareja de turistas ingleses intentó cruzar en kayak inflable desde la isla Victoria hasta Península San Pedro. A mitad de camino, las malas condiciones climáticas provocaron que ambos cayeran al agua y solo la chica logró llegar a tierra. Su novio, en cambio, desapareció rápidamente de la superficie y su cuerpo apareció a 30 kilómetros del sitio del accidente, en Costa del Sol, producto del fuerte oleaje.

Thomas David McKendrick, de 34 años, tenía un chaleco salvavidas inflable, que es desaconsejado por las autoridades náuticas de la zona.

El lago Moreno fue escenario de una de las tragedias más resonantes, ocurrida en octubre de 1999, cuando cuatro egresados y un coordinador murieron ahogados en la desembocadura de un arroyo.

La caída de una camiseta al Casa de Piedra habría desencadenado la tragedia, cuando uno de los jóvenes se arrojó al agua tratando de recuperarla. Luego, uno tras otro cayeron los demás, en el vano intento por salvar a sus compañeros, y fueron arrastrados hacia el lago.

Los fallecidos fueron Claudio Villafañe, Matías Flores, César Rodríguez y Pablo Maidana, de la Escuela de Enseñanza Media Nº 7 República de Portugal, de la localidad bonaerense de Isidro Casanova; el coordinador era Gustavo Guzmán, de 24 años, quien estaba en etapa de aprendizaje de su oficio.

En enero de 2008, un chico de 15 años, identificado como Jonathan Torres, murió ahogado en el río Manso, cuando navegaba con una cámara de auto en una zona de rápidos. Y ese mismo día un hombre de 28 años murió ahogado en la costa sur del lago Gutiérrez al arrojarse al agua con la intención de alcanzar una cámara de auto, que utilizaba como elemento de flotación, que había sido arrastrada por el viento hacia la parte profunda.

Un mes más tarde, el 9 de febrero, Alejandro La Placa, un joven bahiense de 30 años, murió ahogado en un tramo del río Manso. El cuerpo fue arrastrado por la corriente y apareció días más tarde en la parte baja de la cascada Los Alerces.

En enero de 2014, un hombre que navegaba en el lago Gutiérrez a bordo de un kayak sit on top, junto a su hija de seis años, murió ahogado al darse vuelta campana la inestable embarcación. El cuerpo de Adrián Peralta de 30 años apareció poco después. Su hija, por fortuna, fue rescatada por un familiar que se arrojó al agua y logró salvarle la vida. El episodio ocurrió frente al complejo Arelauquen.

En noviembre de 2012, Maximiliano Colantonio Pintacuda, de 28 años, pescaba en el lago Moreno cuando cayó al agua, luego de sufrir un golpe en la cabeza en circunstancias que no se esclarecieron. La embarcación dio vuelta campana y allí habría resultado herido. No llevaba chaleco salvavidas.

Para encontrar el cuerpo utilizaron un robot especial traído de Chile, ideal para búsquedas de profundidad. Durante la búsqueda no solo encontraron el cuerpo de Colantonio, ocho meses después del accidente, sino también hallaron el cuerpo de Nicolás Klaus Hardt, quien había desaparecido en octubre de 2007.

Las bajas temperaturas de los espejos de agua de la región inciden para que los cuerpos desciendan rápidamente. En los casos anteriores, las búsquedas fueron infructíferas debido a que los buzos tienen una capacidad de descenso de unos 25 metros.

“Hubo hallazgos, varios meses más tarde, de personas que estaban hasta 60 metros de profundidad. No cabe la posibilidad humana para bajar tantos metros”, explicaron fuentes confiables.