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LA PSICÓLOGA CIBEL DE ANDREIS HABLÓ DE QUIENES DAÑAN CARTELES Y FACHADAS

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11/12/2020

“El que comete actos de vandalismo no acepta vivir en sociedad”

“El que comete actos de vandalismo no acepta vivir en sociedad”
“El que comete actos de vandalismo no acepta vivir en sociedad”

La psicóloga Cibel De Andreis, ante la gran cantidad de pintadas en letreros y fachadas, así como la presencia de otros daños en propiedades públicas y privadas, consideró que “el acto vandálico siempre se relaciona con una cuestión subliminal que tiene que ver con no sentirse escuchado, valorado, lo cual se expresa de esa manera”. En ese punto, aclaró: “Eso, de ninguna manera, implica una justificación, porque lo que está mal está mal”.

Así, explicó que quien realiza un acto destructivo de ese tipo es “una persona que no se sintió escuchada, y, por otro lado, no recibió los límites de manera sana o buena, porque no acepta el compromiso de vivir en sociedad”.

“Si sabés que eso no se permite, no debés hacerlo. Pero las personas, a veces, quieren los beneficios de vivir en sociedad, sin asumir las responsabilidades”, apuntó.

“Más allá de si el Estado es o no responsable de ciertas cosas, hablamos del compromiso individual de escoger vivir en una sociedad”, añadió.

Además, sumó que, en este tema, es clave que existe una “falta de reglas claras”, ya que no todos reciben los mismos castigos por hechos similares.

De Andreis describió vandalismo como “llevar a cabo conductas destructivas sin respetar lo que es la propiedad ajena, o pública, que vendría a ser de todos”.

Dijo que, para quienes llevan adelante esta actividad dañina, una motivación “puede ser expresar una queja o una insatisfacción hacia el medio en el que viven”.

“Aunque a veces parecen ser sin intención alguna, en general tienen que ver con una sensación de disgusto hacia el afuera, el entorno, o también hacia ellos mismos, como, para decirlo de algún modo, una forma de autolesión. La manifestación evidente son los daños o la destrucción de monumentos, de contenedores de basura, y también sobre autos o fachadas de casas…”, relató.

Al profundizar en eso de sentir una incomodidad con el propio ser, la psicóloga habló del vandalismo como “una forma de proyección”, donde lo que se tiene en el interior se expresa en el afuera que se agrede, como si se estuviese actuando sobre sí mismo.

Remarcó, además, que “la mayoría de los actos de vandalismo suele hacerse en grupo”, porque “se tiende a compartir el descontento, o hay una forma de pensamiento que los une”.

En tal sentido, sostuvo que “es muy interesante ver que, generalmente, en grupo se adquiere mayor ‘valentía’ para hacer estas acciones, porque el ser humano necesita de la mirada y la aprobación del otro”.

Así, quien se mueve con amigos con conductas antisociales, y le proponen hacer un daño de ese tipo, es como si apreciara tener la obligación de llevarlo a cabo por una cuestión de sentido de pertenencia.

En lo que respecta a actos vandálicos en manifestaciones, Cibel De Andreis reflexionó: “Ahí hay que tener un poco más de cuidado, porque, si bien hacer una marcha, en contra de lo que uno considera que en el Estado está funcionando mal, es un acto legítimo, existen personas que se infiltran. También se ven grupos reducidos, que adhieren a lo que la protesta intenta poner en evidencia, pero lo hacen desde un lado violento, y violencia siempre es violencia, y el vandalismo lo es, por lo que no se trata de un canal de diálogo, ni que fomente mejoras”.

Por otra parte, la profesional se refirió a cuestiones que tienen que ver con el funcionamiento cerebral. De esa forma, citó las áreas 9, 10 y 11, en la corteza prefrontal. “En nuestro cerebro, cuando manifestamos la ira, hay una serie de neurohormonas que se liberan, entre ellas la adrenalina y la noradrenalina, que nos predisponen para la lucha o la huida, dos mecanismos que utilizamos para protegernos. Estas dos neurohormonas también bloquean un poco el cerebro prefrontal, que es el que nos permite pensar y formular una opinión sobre las cosas. Entonces, cuando estoy en un momento de rabia, se hace muy complicado pensar y racionalizar las cosas, y es más fácil actuar por impulso o con la manada. Al estar el cerebro un poco inhibido, me permito llevar a cabo ciertos actos sin considerar las consecuencias. Además, muchas veces hay una sensación bastante pobre de cargo de conciencia, y se tiende a delegar la responsabilidad en el otro”, desarrolló.

En cuanto a los orígenes sociales, afirmó: “El contexto socioeconómico en el que nacimos no necesariamente va a indicar una mayor o menor relación con conductas vandálicas, pero existen factores en común relacionados con ese tipo de acciones, como puede ser un entorno familiar violento, con falta de afecto, donde no media la palabra”.

También remitió a la infancia, cuando un pequeño está enojado y los padres no se acercan a hablar sobre el porqué, y se permite el berrinche, con una acción que puede incluir, por ejemplo, patadas a muebles o cosas similares. “De esa forma se le enseña a poner en actos lo que debería ser transmitido por una frase, y eso es lo que generalmente ocurre en los actos vandálicos, aquello que no se puede decir se actúa, golpeando, destruyendo propiedad pública o privada. Se trata de algo frecuente de ver ya desde la niñez: si no media la palabra, es probable que tengan este tipo de conductas en la adolescencia”.

Añadió que, además, está el tema de los modelos familiares directos: “Si en la familia hay personas que se manejan de esa manera, y hasta parece que, de ese modo, obtienen lo que quieren, eso se imprime en la mente del niño, y en la vida adulta lo repite. Se llama aprendizaje vicario, es decir cuando aprendemos por imitación”.

En cuanto a las edades y los géneros, expuso: “En la adolescencia suelen aparecer trastornos de conducta social, lo que tiene que ver con empezar a infringir todas las normas implantadas, tanto en la casa, como en la escuela y otros lugares. Realizar pintadas en letreros está castigado por la ley, se sabe, y sin embargo lo hacen. No es por desconocimiento, sino por una elección personal. Se observa mucho en adolescentes varones, aunque últimamente se ha notado un incremento en el género femenino, y se relaciona con una falta de motivación, de no tener una perspectiva de futuro, un plan, un proyecto”.

Christian Masello