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PANDEMIA: ¿UN RESPIRO PARA LA TIERRA?

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24/11/2020

“Pudimos ver animales por Circuito Chico pero también tuvimos un récord de emisión de gases con efecto invernadero”

“Pudimos ver animales por Circuito Chico pero también tuvimos un récord de emisión de gases con efecto invernadero”
“Pudimos ver animales por Circuito Chico pero también tuvimos un récord de emisión de gases con efecto invernadero”

Los primeros tiempos de la cuarentena de este año, en el futuro, serán recordados como aquellos momentos donde el canto de los pájaros fue el acompañamiento sonoro de un aislamiento provocado por la pandemia de COVID-19.

Casi sin vehículos que deambularan por las calles de la ciudad, todo era silencio y el rumor de la naturaleza, con mayor presencia animal que la habitual.

Así, era normal oír a las aves que, en sus vuelos, atravesaban la localidad.

Se dice que la Tierra, durante ese lapso, volvió a respirar con normalidad. ¿Fue así? La quietud humana obligada, ¿ayudó a la naturaleza? ¿O solo se trató de un espejismo vago?

“Seguramente, hay algo real, por la disminución de la actividad”, considera Alejandro Yanniello, integrante de la organización ecologista Piuke.

Pero señala que lo que prevaleció, más que el “sanar” del ambiente, fue una sensación de que la “cura” se producía. Es decir que era mayor la impresión que quedaba que el hecho en sí.

“La percepción fue como si se hubiera terminado el abuso de la utilización de los ecosistemas”, expresa. Y dice que esto pasó porque, justamente, la gente observó, ante la disminución de la actividad, que la fauna silvestre se asomaba más allá de lo habitual. “Muchas personas vieron que, al bajar la circulación, y el impacto de los seres humanos en su medio, el ámbito natural estaba menos perturbado”, manifiesta.

Se empezó a apreciar, en zonas que no solían frecuentar, animales diversos, lo que generó la idea de una cicatrización en la madre Tierra.

“Pero, cuando el mundo pensaba que se había frenado el impacto humano, en el punto más alto de su desaceleración, de un cien por ciento de actividad previa (en cuanto al consumo de energía, la producción y el deterioro de los ecosistemas), solo bajamos a un ochenta”, expone.

“Al principio de la pandemia, hubo un bajón de demanda de petróleo, lo que implicó una disminución del uso de energía para la producción”, asevera, y recuerda la desvalorización del oro negro de aquel momento. Así, certifica que se redujo “la emisión de gases con efecto invernadero”, que son los responsables del incremento de la temperatura superficial media.

Pero, de acuerdo al ecologista, lo que se vivió en aquellos meses “fue solo una pequeña ilusión”.

“Al poco tiempo, volvimos al nivel de consumo de energía histórico, e incluso se llegó a un récord”, aprecia. “Lo que el planeta sufre es producto de cómo nos comportamos”, afirma. Y, en ese sentido, completa: “Nadie cambió de manera relevante los patrones de consumo”.

Entonces, lo que pareció una cura de la Tierra estuvo más bien relacionado con “una sensación vinculada a la fauna silvestre, que se hizo presente en los bordes de los asentamientos humanos. Se observaron canguritos cruzando una calle en Australia. Eso pasó, es verdad, pero no significativo”.

“Podemos ver dos veces un zorrito en el Circuito Chico, pero tenemos otra vez récord de emisión de gases con efecto invernadero… el impacto al planeta no cesa”, añade.

“Al principio, algo se modificó, no es que no sucedió nada, pero…”, suspira Yanniello, sin terminar la frase.

“Estamos con un modelo de producción y de consumo que es dañino. Es por eso que los ecosistemas están en retroceso”, reflexiona.

Así, menciona el “día de sobregiro de la Tierra”, que es la fecha en que se agotan los recursos naturales disponibles para cada año, es decir los renovables, por lo cual se entra en una franja de números rojos, porque siempre queda más en el debe que en el haber. En general, se utiliza un sesenta por ciento por sobre lo que se debería.

En 2020, la fecha fue el 22 de agosto. Lo que significa que, en estos momentos, ya estamos sacando de más, y sin pedir permiso. Agotamos rápidamente el presupuesto natural.

Y, de acuerdo a Yanniello, en Argentina se alcanza el límite antes de la jornada que, en promedio, se fija cada año, debido, sobre todo, a la gran deforestación.

Cuando se le consulta si cree que el COVID-19, que, de alguna manera, por las medidas dispuestas ante su arribo, propició un retroceso humano sobre la naturaleza, que derivó en un par de meses de leve mejoría en los distintos ecosistemas, a su vez no fue impulsado por las propias acciones del hombre, contesta: “Creo que sí; hay literatura científica que avala esa idea. Son virus que existen, que estaban en un lugar, hasta que llegamos nosotros, con nuestro modelo de producción y de consumo, y perturbamos esos sitios. Las pestes porcinas anteriores, o las aviares, se multiplican en zonas de industria de alimentación masiva”.

“Estamos interviniendo en ecosistemas que antes no lo hacíamos. Como surgió esta enfermedad, pueden aparecer otras”, sostiene. Ante esto, puntualiza que uno de los mayores inconvenientes es “la deforestación motivada por la ampliación de la frontera agropecuaria”.

“El motivo principal es el sistema de producción y consumo que decide el mercado. De esa manera, si se avisa que la van a comprar a precio alto, se produce soja. Son patrones de producción que están en contraposición de los modelos diversos”, especifica. Y reflexiona: “Los ecosistemas son diversos, la humanidad también lo es, y debería serlo la producción, para no generar megaimpactos”.

“En Bariloche, por suerte, tenemos una ciudad rodeada de parques nacionales, así que hay áreas que, en comparación con otros lugares del mundo, minimizan el impacto”, explica.

“Si bien está la presencia del turismo, en general, va a áreas donde se presta atención al tema”, añade.

Sobre las principales problemáticas de la ciudad a nivel ambiental, se refiere, más allá de los límites administrativos, a la zona donde está ubicada: “Hay una comunidad enclavada en una región, y, en ese punto, en la actualidad hay una gran amenaza que es el extractivismo”.

El ecologista alude al modelo de desarrollo basado en la explotación masiva de los recursos naturales, como, por ejemplo, los minerales. Así, recordó, en relación a la megaminería, “la derogación, en 2011, de la Ley Anticianuro, con lo que corren peligro los cuerpos de agua”. Además, acerca de la contaminación ambiental, cita la que califica como “una gran deuda de Bariloche: la gestión de los residuos”.

Christian Masello