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BARILOCHE PERDIÓ A UNO DE SUS EMBLEMAS DE LA RADIOFONÍA

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29/10/2020

El recuerdo de Arnaldo Velázquez, el hombre de la voz inolvidable

El recuerdo de Arnaldo Velázquez, el hombre de la voz inolvidable
El recuerdo de Arnaldo Velázquez, el hombre de la voz inolvidable

Su voz quedará impregnada en las infinitas ranuras de la memoria de la ciudad. Eso es inevitable. La noticia de su muerte provocó un generoso repertorio de elogios, relatos e historias envueltas de mucha emoción y genuino aprecio y respeto.

Enrique Pino publicó “Sueños de pibe”, el libro que reconstruye la historia de LU8, Radio Bariloche. “Lo conocí cuando tenía 5 años y él ya era una persona de la radio”, recordó con un hilo de voz zamarreada por la emoción y eligió destacar su humildad, “siempre decía que su universidad había sido la Biblioteca Sarmiento. En ese tiempo no había otra forma y entonces pasaba todas las tardes ahí”.

Arnaldo era muy joven cuando ingresó a la radio, trabajaba en una casa de telas que se ubicaba en Mitre al 400. Francisco Caló, director de LU8 lo invitó a incorporarse en febrero de 1955 y aceptó. No como locutor, sino como operador. “Eso era la NASA”, recordó Arnaldo mucho tiempo después. Recién en 1961, Caló descubrió su voz y lo incorporó al plantel de locutores, contó Enrique.

“¿Qué te puedo contar?”, pregunta emocionado Juan Carlos Montoya, e inmediatamente los recuerdos lo abrazan y suspira. “Fue mi mejor compañero, mi mejor amigo dentro de la radiofonía de Bariloche”, respondió convencido. Compartieron tantas experiencias juntos. Recordó el exitoso programa Convivencia, de fines de 1988 en Radio Limay. Se emitía los sábados y se transformó rápidamente en el programa más escuchado de esa época. “Velázquez brillaba, siempre, en el micrófono y fuera del estudio”, repite Montoya.

Enrique recordó alguna de sus creaciones en la radio, como La Noche de YPF, un destacado programa nocturno de la década del 70. Su gran “nene mimado”, apuntó, fue El Altillo. “Yo siempre le decía que con cualquier cosa que le dabas, te armaba un programa de radio. Era increíble”, contó Montoya.

Cuando Julio César Maroa llegó de Olavarría a Bariloche e ingresó a Radio Nacional se encontró con Arnaldo. “Fue un gran compañero de trabajo, sin dudas una voz representativa de la radio de la ciudad, un maestro”, definió y destacó también su humildad. Aseguró que su aporte fue de gran ayuda en su llegada a la radio para entender su más noble significado, “lo importante que era para la gente y el servicio social”. Lo recordó como una buena persona, muy generosa.

Rubén Darío Lagras también compartió muchas horas de hermosa radio con Arnaldo. “Para quienes ingresamos a la radio a principio de la década del 80, era una figura importantísima de los medios barilochenses”, admitió. Era pasar a compartir trabajo con alguien a quien admiraban profundamente. Contó que asumió una actitud muy paternal y “rápidamente fue un gran profesor para nosotros”. Rubén lo recuerda como una persona de mucha humildad y grandeza que los fue guiando en la profesión, “en aquellos primeros pasos vacilantes”. “Un dotado indiscutible a través de esa voz que será inolvidable para la radiofonía de Bariloche y la región”, aseguró.

Eddie Alegría fue su operador en el programa “Vamos por más” de FM Horizonte, uno de los últimos ya de su carrera. “Con Arnaldo trabajabas de memoria, pensé que quizá podía ser difícil por tanta trayectoria, pero no, cada uno sabía lo que tenía que hacer. Y fue un placer trabajar con él, nunca tenía problemas. Un gran profesional”.

En una entrevista que Rubén Lagras le hizo hace un tiempo, le preguntó sobre el momento en el que pisó la radio por primera vez. Recordó en esa charla que era un joven muy solitario y no había comentado la propuesta. Cuando llegó, debía ser operador de la majestuosa mesa de RCA Víctor. Y contó que en ese momento de profunda incertidumbre y nervios pensó: “¿este burro de Arnaldo aprenderá algo de esto?”. El tiempo lo convirtió en el hombre de la voz inolvidable.

 

 

 

 

 

Daniel Pardo