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PREDIO DESTINADO A LA NUEVA TERMINAL

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23/10/2020

En el corazón de la toma

En el corazón de la toma
En el corazón de la toma

En el asentamiento del predio destinado a construir la nueva terminal de ómnibus, hubo varios cambios anímicos durante el paso de las horas del jueves.

Primero, a partir de ciertos temores (algunos propios, y otros inducidos por gente externa a la toma), los ocupantes decidieron no concurrir a un encuentro propuesto por el fiscal jefe Martín Lozada, planeado para las 12.30 en la fiscalía, donde también estaba previsto que participaran miembros del Instituto Municipal de Tierra y Vivienda para el Hábitat Social (IMTVHS), con el fin de tratar de buscar una solución al conflicto.

Además, en el terreno en cuestión, se vivieron situaciones confusas.

Por un lado, la policía indicó que nueve personas evadieron el control e ingresaron al lugar, sumándose a los que ya estaban.

Pero, por otra parte, los ocupantes hablaron de momentos tensos, donde un integrante del COER habría apuntado con su arma a uno de ellos, en los límites del terreno.

De acuerdo a la versión de la gente que realiza la toma, también se escucharon disparos al aire, realizados como forma de amedrentamiento, con el correspondiente susto de los abundantes niños ubicados en el sitio.

Además, mencionaron empujones de los efectivos, en la frontera del predio, a una mujer, madre de una joven ubicada en el asentamiento, con la hija de la chica en brazos. La abuela habría trastabillado y casi caído junto a su nieta.

Incluso expusieron dificultades para ingresar elementos como pañales, destinados a los bebés que están en el sitio.

Durante la jornada, a las dos banderas argentinas que flameaban desde el día anterior, se les sumó un pedazo de tela raído sobre el que habían escrito: “Empresario roba hectáreas en nombre del Estado, y el delincuente es el necesitado”.

Por la tarde se apreciaba cierta sensación de angustia: gestos y conversaciones internas que dejaban traslucir algo así como un sentimiento de “¿qué haremos frente al desalojo?”.

Porque la idea dominante era que, lo más probable, esa fuera la determinación que recaería sobre ellos al finalizar el día: el tener que irse sí o sí; “por las buenas o las malas”, se le escuchó decir a alguien.

El defensor oficial Marcos Cicciarello se había presentado en el lugar, pero, tras conversar con él, las ilusiones no encontraron resguardo, sino más bien decayeron.

Luego arribó la defensora adjunta Paola Del Río, quien acompañó a la gente durante la audiencia que se hizo vía Zoom.

Más allá de las idas y vueltas que se vivieron en los instantes en que hablaron los fiscales y el defensor oficial, lo que resaltó fue esa especie de confesionario de la necesidad que se apreció cuando algunos de los ocupantes se plantaron frente al celular de la defensora adjunta y soltaron, en pocas palabras, la problemática que los había llevado a avanzar sobre ese terreno.

Fue realmente conmovedor apreciar cómo los rostros de los que hablaban se transformaban en muestrarios de dolor.

Por momentos, el alma misma era la que escupía esa mezcla de bronca y desesperanza; un muestrario vivencial de la injusticia.

“Tengo una hija con discapacidad. Mi marido trabaja en el campo, pero lo que gana es para pagar el alquiler, y afrontar el tratamiento de mi hija, que es muy caro…”, dijo una mujer.

“No estoy acá porque me guste; no quisiera hacerlo, no me agrada pasar frío junto a mi hijo, me duele lo que le estoy haciendo, porque él no se lo merece… Sólo necesito que me entiendan, por favor, pónganse la mano en el corazón y compréndanme: no estoy acá porque quiera, sino porque lo necesito de verdad”, soltó otra madre.

Y, con su nene en brazos, agregó: “No saben el frío que pasamos anoche…”.

“No tengo quién me ayude… ni familia, ni nada… y necesito ayuda de alguien… No soy de hacer estas cosas…”, sollozó una muchacha que no llegaba a los veinte años.

“Tengo tres nenas, y ningún lugar dónde vivir. Estoy sin trabajo, por la pandemia. Mi historia es muy difícil, y me encuentro acá para pelear por un pedazo de tierra, por mis hijas… Porque, si fuera por mí, dormiría en la calle, como antes…”, se quebró otra mujer.

Una señora reveló: “La verdad que es muy triste y feo esto. Sabemos que lo que hacemos no es algo bueno, pero precisamos una solución…”.

Y los testimonios continuaron…. Una historia de padecimiento tras otra…

Cuando todo terminó, por más que no podían ingresar carpas, ni nada que sirviera para instalarse con algo de resguardo, saber que les permitirían traer abrigos y frazadas, en vista, sobre todo, de la situación de los muchos chicos presentes, mejoró en algo el humor.

Conocer que saldrían para actividades esenciales hizo sonreír a los varios que estaban entre la espada y la pared, porque no querían faltar al trabajo pero tampoco abandonar lo que ven como una posibilidad de conseguir su propio espacio.

Escuchar que, de momento, no serían desalojados, que todavía había un hilo de esperanza, hizo que renaciera algo parecido a lo que algunos llaman fe, un sentimiento que, por la experiencia de sus existencias, les es muy difícil tener.

Cristian Masello - Fotos Facundo Pardo