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"ÉL DECÍA QUE YO ERA SU PILAR, PERO ERA AL REVÉS"

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27/09/2020

A dos meses de la tragedia que se llevó la vida de Mario Ruiz, una charla con su hermano “Cachi”

A dos meses de la tragedia que se llevó la vida de Mario Ruiz, una charla con su hermano “Cachi”
A dos meses de la tragedia que se llevó la vida de Mario Ruiz, una charla con su hermano “Cachi”

El jefe de patrulla del cerro Catedral Mario Ruiz falleció el 27 de julio por una avalancha. Hacía poco había regresado de Aspen, a donde había ido a trabajar por un intercambio. Tenía cincuenta años, estaba casado, con tres hijas y dos nietas. También, tres medios hermanos mayores, y dos hermanos, uno un poco más grande (Néstor) y otro más chico (Cristian).

Néstor, a quien le dicen “Cachi”, vive en Lago Puelo. Cuenta que sus padres, Dalia y Beto, “hacen tripas corazón” para sobrellevar la pérdida. Habla de Mario como su “héroe”, aquel que solía compartir reuniones con un grupo de amigos inseparables (Fernando, Marcelo, Tony, More, José…).

A dos meses de la tragedia, una conversación con un hombre que extraña a su hermano/amigo/héroe:

El Cordillerano: – ¿Cómo era Mario?
Néstor Ruiz: – No alcanzan las palabras… Él siempre decía que yo era su pilar, pero en realidad era al revés. Se trataba de una muy buena persona. No es algo que opino sólo yo… Se puede ver por todo lo que se generó…

E.C.: – ¿Cómo definirías la relación que tenían?
N.R.: – Éramos muy compañeros. Venía siempre acá, a Lago Puelo, a descansar; era su lugar para despejarse.

E.C.: – Entonces, era normal que fuera a pasar algún tiempo allá…
N.R.: – Sí, venía con toda la familia. Muchas veces se quedaba los treinta días de licencia.

E.C.: – ¿Mario solía hablar de los riesgos que implicaba el trabajo que había escogido?
N.R.: – Sí, hacía catarsis conmigo. Decía que le tocaba tener una responsabilidad un poco mayor, pensaba siempre en todo su equipo… Él se hizo de abajo, desde limpiar baños y palear nieve, a patrullero; luego, jefe de patrulla…

De pequeños, siempre juntos.

E.C.: – Sabía que nunca dejaba de haber cierto peligro latente…
N.R.: – Sí. Era mi preocupación, también. Si bien se lo veía muy seguro, porque se tomaba todo muy en serio; no era un improvisado, para nada.

E.C.: – ¿Había pasado por alguna situación anterior en que hubiese estado en dificultades?
N.R.: – Sí, antes de irse a Estados Unidos, lo había llevado una avalancha y zafó… Él me explicaba qué hacer en esos casos, y esa vez eso le sirvió para que no pasara a mayores… Además, siempre recordaba el rescate en el cerro Ventana, con los chicos de la universidad… En ese momento, quedó un poco traumado por las cosas que había visto…

E.C.: – Ese 1° de septiembre, en 2002, fallecieron nueve alumnos de la Universidad Nacional del Comahue…
N.R.: – Sí, él me decía que fue su primer rescate de esa envergadura. Quedó impresionado. Con el paso de los años, fue haciéndose fuerte... Cada vez que sucedía algo grave, me lo contaba… Otra vez que estuvo muy afectado fue cuando falleció una chica que trató de salvar: la mantuvo, pero creo que después murió en un sanatorio; estaba muy dolido… Lo movía mucho el ayudar…

En las alturas.

E.C.: – ¿Qué te comentó acerca de la experiencia en Estados Unidos?
N.R.: – Hablamos por teléfono, porque no pude darle la bienvenida… Estaba muy contento. Siempre sugería quién debía realizar el intercambio, hasta que insistieron en que fuera él. Para una persona de montaña, ir a Aspen es como para un jugador de fútbol participar en un Mundial. Me contaba las cosas que veía, y dijo que había traído muchas ideas para implementar con su grupo.

E.C.: – ¿Cómo fue su regreso? Porque se produjo en época de pandemia…
N.R.: – Él tenía que volver en mayo, para empezar a trabajar en Catedral, pero se adelantó. En Estados Unidos, la situación estaba cada vez peor; se iban todos, él estaba casi solo. Llamó a un amigo de la infancia, para ver si lo podía ayudar con el cambio de pasaje. Hicieron de todo y lo consiguieron. Se fue justo antes de que allá cerraran los aeropuertos. Llegó a Panamá y, después de que embarcara en el otro vuelo, cerraron ahí también. Arribó a Ezeiza (que después también cerró) de noche. Al otro día, salió en colectivo para Bariloche. Vino en el micro con unas pocas personas. Me parece que casi todas bajaron en Cipolletti, y, cuando llegó, hizo la cuarentena en su casa.

E.C.: – ¿Cuándo fue la última vez que estuviste con él?
N.R.: – Quince días antes de que se fuera a Estados Unidos, el año pasado; no me acuerdo si era octubre o noviembre…

Mario y Néstor, la última foto que se tomaron juntos.

E.C.: – ¿Encontraron sus esquíes?
N.R.: – No. Calculo que se encuentran bajo la nieve. Estamos esperando que se derrita un poco, y apelamos a la honestidad y buena predisposición de la gente, para que, cuando los encuentren, los acerquen. Se los hicieron personalizados, tienen su nombre, y creo que la bandera de Aspen y la de Argentina, con sus datos…

E.C.: – Se los habían dado en Estados Unidos…
N.R.: – Sí, se los regalaron en Aspen. Estaba muy contento. La persona dueña de la empresa que los fabrica los mandó a hacer especialmente. Todo el ploteo es personalizado. Más allá de ser de última generación, son únicos.

E.C.: – ¿Qué significaba la nieve para él?
N.R.: – Le gustaba mucho la naturaleza, la montaña… La nieve, para él, era mucho más que generar un sueldo. Por ejemplo, cuando empezaba la temporada, era el primero en llegar y el último en irse. Cuando todos a las seis de la tarde ya estaban en sus casas, él llegaba a las ocho. También se fue a perfeccionar a Chile, en el tema de los explosivos, para prevenir avalanchas. Al principio, el único que había acá, preparado para ese tipo de labor, era él. Tenía un protocolo que respetaba a rajatabla; era muy cuidadoso.

En la última reunión con amigos.

E.C.: – ¿A vos también te gusta la nieve?
N.R.: – Sí, aunque no tanto como a él. Nací en Bariloche, y estuve diez años en Ushuaia… Me vine a Lago Puelo justamente por un proyecto que tenía con Mario, de hacer un camping.

E.C.: – ¿Y en qué quedó eso?
N.R.: – Lo único que pudimos hacer fue tirar muchos pinos. El terreno es grande, y hay una reforestación que realizó mi abuelo hace años... La labor de altura la hacía Mario, por supuesto, yo lo secundaba abajo, con sogas… Es algo que quedó pendiente. En algún momento, veré si lo puedo terminar, en su honor.

E.C.: – Era algo en lo que solían trabajar cuando él iba…
N.R.: – Siempre había algo para hacer… tirar un pino o cosas así. Además, con mi prima, él tenía bicicletas para alquilar, así que, cuando venía, también les hacía el service.

E.C.: – Si tuvieras que escoger un recuerdo vivido junto a Mario, ¿cuál sería?
N.R.: – Hay miles de anécdotas… Recuerdo andar en bicicleta con él –lo invaden las lágrimas–… A veces, salíamos muy temprano… En realidad, lo hacía por él, porque yo soy “cero ejercicio”, pero disfrutaba mucho de acompañarlo…

Christian Masello