Cultura |

A PROPÓSITO DE LA PUBLICACIÓN DE SUS OBRAS COMPLETAS

13/09/2020

Se extiende la pintura que Hebe Uhart hizo de Bariloche

Se extiende la pintura que Hebe Uhart hizo de Bariloche
En 2014 contaba con 81 años.
Por: Adrián Moyano

En su último viaje por aquí (2014), la escritora fue a la feria de la Onelli, ponderó la Catedral, entrevistó motoqueros y se quejó del hostal donde había parado. Atractivos que no destacan las habituales promociones.

La publicación de las “Crónicas completas” de Hebe Uhart pondrá a disposición de miles de lectores las impresiones que se llevó la escritora de Bariloche, durante el verano de 2014. La obra reunida incluye “Viajera crónica” (2011), “Visto y oído” (2012), “De la Patagonia a México” (2015), “De aquí para allá” (2016) y “Animales” (2017), además de 23 crónicas hasta ahora inéditas. En 2018, la autora falleció.

Un capítulo que corresponde a esta ciudad es el primero en el tercero de los libros. Queda implícito que la autora ya había estado por aquí, porque lo tituló “Volviendo a Bariloche”. En su primer párrafo tritura el servicio que le prestaron en una hostería que había modificado recientemente su nombre y que por entonces, comenzaba a conformar una cadena de hostales de evocación gaucha. Uhart cuestionaba: “ha cambiado de aspecto para peor y de precio, ya que es mucho más caro”. Irónica y mordaz, decía: “la escalera tiene un cartel en la pared que dice ‘Escalera’ por si alguien llega borracho a la noche y la confunde con un elefante”. La descripción es sencillamente hilarante: “El bidet era color verde nilo, el inodoro blanco y la repisa del baño estaba en plano inclinado, como las pistas de esquí. ¿Quién habrá concebido esa repisa? Ese hotel me empuja a la calle, además es oscuro como el alma de sus encargados, que parecen serenos mal dormidos”. Este cronista entrevistó a la escritora en un momento de su viaje y recuerda que era verano, coincidencia que también motivó que en sus escritos, se quejara de la falta de aire acondicionado en el establecimiento.

A fin de cuentas, Uhart no había viajado 1.700 kilómetros para quedarse encerrada. “El centro de Bariloche es internacional y rural al mismo tiempo. Se escucha hablar en todos los idiomas: hebreo, portugués, alemán, se escucha el acento chileno, y en la avenida Mitre, que es la Florida de ellos, hay lujosos negocios y galerías, pero si uno come en un local con mesas afuera, junto a cada mesa hay un perro esperando pacientemente su ración”. ¡Lamentable imagen! De todas formas, la gran escritora exageró un tanto: precisamente, el que firma la entrevistó en el exterior de un café, en Mitre y Beschtedt, y no recuerda la molestia de perro alguno.

Hasta de motoqueros en el Centro Cívico escribió.

Piedra y madera

Claro que la cronista viajera detuvo su mirada en aspectos más gratificantes de la ciudad. “Todo en piedra y madera. No sé de dónde vino la piedra, se ve de dónde vino la madera: de los bosques cercanos. Y ese cielo azul intenso y el clima inmenso, y los cerros que se ven desde cualquier bocacalle me dan una energía que me hace caminar sin parar; iría en todas direcciones para ver que hay más allá y más lejos, pero en el centro hay mucho para mirar”.

Por esos días, tronaba en el Centro Cívico un contingente de motoqueros que pretendía unir Ushuaia con La Quiaca y ahí fue Uhart a charlar con ellos. “En Comodoro Rivadavia el viento les torcía la moto; una de ellos se saca una foto con una pierna en avanzada: se cree un adelantado”. No muy lejos, “en un puesto de la feria un muchacho brasileño (de Bahía) charla con toda naturalidad con un feriante rubio como si lo conociera desde hace diez años, el brasileño también tiene su puesto. ¿Que cuándo llegó? Hace una semana”.

En efecto, no mediaba tanto tiempo con su viaje anterior. “Descanso en un banco de la plaza del centro cívico (sic), todo está como le dejé hace siete u ocho años, los enormes perros, los fotógrafos. Pero la gente se renueva y vienen a sentarse a mi lado varias personas. Primero Alejandra; intuyo que está esperando que le diga algo y lo hago. Es de Bariloche, vive ‘en los kilómetros’, así dicen”.

Seguramente, la vecina no supo con quién estaba hablando y jamás pudo calcular que fragmentos de su historia terminarían en un libro.

Probablemente, Luciana tampoco tomara precauciones: “es oriunda de Bariloche y guardabosque, fue a Córdoba a estudiar Psicología y le iba muy bien, pero en la ciudad no se hallaba porque ella nació en un bosque. Ella es guía de bosque en Cueva de las Manos, donde no hay luz. En el bosque de chica con un amiguito exploraban las plantas y se deslizaban en la nieve”, evocó la guía. Y su testimonio quedó en un libro que tiró miles de ejemplares.

Sobre la Catedral, escribió Uhart: “está junto al lago, hecha en piedra. El lago aminora la severidad de la piedra. Ya adentro, veo un enorme mapa de las corrientes colonizadoras de la Virgen María, que en 1672 fue llevada al lugar, y se la llama Nuestra Señora del Nahuel Huapi. En el mapa están situadas la de Itatí, la de Luján. En el mapa se ve Bariloche tan cerca de Chile que me dan ganas de pasar al otro lado. Es un mapa con ubicación de vírgenes”.

“La catedral es de piedra, los bancos de madera clara y el pesebre tiene un aire barilochense, la cabaña de Jesús es color madera clara también”, insistía la escritora. “Jesús está en una cuna cubierta de paja, y cerca, una inscripción con dichos de ese papa (Francisco), habla de los pañales de Jesús. ¿Tendría pañales?”, bromeó la viajera. “Detrás del pesebre, un mural con la vida de la gente de la calle, los perros, los cerros nevados”.

Uhart encontró que “el confesionario es como una casita con puerta que parece la casa de Heidi toda hecha de madera clara, a grandes listones. Es como si alguien se confesara en la casita de Heidi, sí, pero en un vitral está empotrado Roca”, contrastó la porteña. Al día siguiente de su paseo céntrico, la escritora se encontró con dos colegas barilochenses: Luisa Peluffo y Graciela Cros. Incluso, incorporó en su texto sendos párrafos de las escritoras locales.

A Uhart le gustaba el contraste entre las piedras de la Catedral y el lago.

Semblanza de la Onelli

Después del encuentro con las escritoras barilochenses, Hebe Uhart volvió al centro, cerca del anochecer. “Allí en la calle Mitre es donde desfilan todos. Me llamó la atención una parejita de veintipocos (sic) años; se pusieron a tocar música de Bach y Mozart detrás de mí. Hippies no eran, pero chicos comunes tampoco. Él de pantalón negro y camisa blanca, ella, con una sobrefalda violeta oscuro, como un delantal completo. Él peladito, ella con su pelo atado, parecían dos pulcros gorriones”. Resultaron uruguayos.

Curiosa infatigable, la escritora también dejó una semblanza de la calle Onelli, donde pocos turistas llegaban un lustro atrás. “Hay unos cuantos negocios de ropa tradicional, de paisano, con sombreros, boinas y ponchos. Hay otro atavío como para gaucho rubio, con bombachas pinzadas, camisa a cuadros, faja y sombrerito redondo encasquetado. ¿Y quiénes estaban vendiendo en ese mercado? Cuatro morenos, todos de Senegal”, destacó Uhart, lejos del espíritu de las guías turísticas.

Dejar un comentario
Ranking de noticias
Más Leidas