Publicidad
 

LA VIVIENDA SE INCENDIÓ ESTE DOMINGO

|
07/09/2020

Recuerdos de una casa histórica: tallarines de domingo, tardes de rummy y guindado

Recuerdos de una casa histórica: tallarines de domingo, tardes de rummy y guindado
Recuerdos de una casa histórica: tallarines de domingo, tardes de rummy y guindado

Fue construida en 1932 por Luigi D’Inca. Valeria Hernández pasó su infancia en esa vivienda de Anasagasti y Quaglia y recuerda momentos imborrables.

El aroma de las perfectas tostadas con dulce de mosqueta se impregna inevitablemente en la memoria de Valeria Hernández luego de conocer la noticia sobre el incendio de la histórica casa de Anasagasti y Quaglia. Con rapidez, empiezan a desfilar las postales de una infancia feliz en esa casa que se llevó el fuego.

Igualmente, las imágenes de las llamas sobre los pasillos y paredes de la vivienda no consiguieron deshacer el aprecio por lo vivido. “Es una tristeza muy grande, esa es una casa con muchas historias y sentimientos”, comentó y, además, se lamentó porque la pandemia no nos permite abrazarnos cuando lo necesitamos.

Valeria recuerda que la casa tenía una sala de costuras adelante en donde se hacían los vestidos de novia. Todo un acontecimiento. Y los domingos eran, simplemente, increíbles. El bullicio propio de una familia de italianos con carcajadas interminables y los deliciosos tallarines. Cuenta que el ruido se detenía con el programa televisivo de Grandes Valores del Tango. “Eran domingos de rummy, guindado y los cerros nevados”, dijo y suspiró.

La casa fue construida en 1932 por Luigi D’Inca, oriundo de la zona de Belluno, en Italia. Junto a Catalina Levis llegaron a Bariloche con su hija Josefina. En la ciudad tuvieron cuatro hijos más. Humberto, Bartolo, Luis y María Luisa. La mamá de Valeria, Palme (así la habían “bautizado”), ingresó en 1973 y era la responsable de cuidar a la “Nona”. Valeria nació tres años después y siempre la hicieron sentir parte de la familia. “Me crié entre los D’Inca, Arriagada, Garrafa, Calvo, gente muy honesta, aprendí mucho”, admitió con orgullo.

Valeria contó que después del domingo se encontró con mucha gente que pasó momentos lindos en la casa. Una colección de agradables anécdotas transitó por las redes sociales, los mensajes en el celular. “Eso te va mimando el corazón”, aseguró.

El terreno de la infancia era en un campito cercano. Y cuando el municipio avanzó en el asfalto, las montañas de arena se transformaron en el mejor parque de diversión.

Entre tantas imágenes que volaron con las cenizas del domingo, Valeria admitió que algunas llegaron primero. La pieza de abajo en la que ella dormía. Esa se quemó primero. Por supuesto también tiene grabado un recuerdo más reciente, cuando Palme recibió la noticia y lloró. El tío Pedro Garrafa golpeaba la pared y ella salía corriendo con su andador. “Estoy agradecida a la familia que me eligió con el corazón. Criarte en un entorno de amor no tiene precio”, dijo convencida y emocionada.

Daniel Pardo