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HISTORIA DE VIDA

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12/08/2020

Miguel Díaz, después de tantos golpes la vida le dio revancha

Miguel Díaz, después de tantos golpes la vida le dio revancha
Miguel Díaz, después de tantos golpes la vida le dio revancha

Hace algunos días fue noticia que el municipio de nuestra ciudad hizo entrega de licencias excepcionales de taxi, pero para estas tres personas representa mucho más: que la vida les devuelva algo de lo que han perdido.

Hace algunos años que Miguel Díaz y su compañera, en un barrio del Alto, abrieron las puertas de su hogar para dar una merienda a los más chiquitos de la zona. Luego viendo las necesidades, fueron ampliando la ayuda con más alimentos, ropa de abrigo y todo lo que no tenían, lo iban consiguiendo. Se trata de La Reserva, ubicado en la intersección de las calles Beschtedt y Miramar.

“Después de tantos sacrificios, esfuerzo y años de lucha finalmente tengo mi licencia” comenzó diciendo. Este miércoles, 12 de agosto, cumplió 37 años de una vida que no lo ha tratado muy bien. Tenía aproximadamente 22 cuando comenzó a manejar un taxi y siempre lo hizo como chofer.

Inesperado

El 31 de diciembre del 2007 es una fecha que Díaz jamás podrá olvidar. “Eran las seis y media de la mañana, había ido a la ASPRO de Las Victorias a cargar gas y lavar un poco el auto porque a las siete tenía que entregárselo a mi relevo en El Frutillar”. Fui hasta allí además porque había respondido a un viaje hacia el centro, sin saber que sería el último en muchos años.

“Salí a la ruta, habré hecho cien metros cuando se me apagó la película, después con las pericias dieron con la camioneta, el velocímetro quedó clavado en 180 kilómetros por hora, el chofer iba muy borracho y se cruzó hacia mi carril”.

Solo recuerda que intentó esquivarlo tirándose a la banquina “igual me chocó de frente y me pasó por arriba, me contaron que fueron muchos taxistas y estuvieron casi cuatro horas intentando sacarme de entre las chapas porque quedé atrapado”.


Con su compañera.

Como su auto perdía gas no podían utilizar la sierra eléctrica para evitar una explosión. “Se me bajó el techo y quede aplastado, inconsciente gracias a Dios porque si no, creo que me habría muerto de dolor” recordó.

Aún tiene algunos videos donde lo están sacando del auto, “con una cadena rompieron el parabrisas y los parantes, desde ese momento me di cuenta el cariño que me tenían muchos compañeros” dijo emocionado.

Tres meses después se despertó en el Hospital Zonal, “me pasé todo el verano durmiendo y en todo ese tiempo no recuerdo ni siquiera algún sueño”. Luego perdió la memoria “gracias a mi mamá fui sabiendo quién era yo y me fue contando quién era cada uno de mi familia”.

Le quedaron muchas secuelas “como venía con el cinturón de seguridad puesto al recibir el impacto, mi cabeza hizo un movimiento muy brusco hacia delante, eso me cortó nervios y tendones del brazo derecho”. Es por ello que no pudo volver a moverlo.

“Yo no lo sabía pero el taxi tenía soldado el asiento. Tuve quebradura expuesta de la pierna izquierda y se me salió de lugar la rodilla derecha, me tuvieron que volver a armar”, contó.

Desde que despertó del coma tuvo que esperar más de un mes para que pudieran comenzar con las cirugías “mientras tanto tenía la pierna en alto, atada con ladrillos para que no se me pegaran los huesos”.

Luego de pasar por el quirófano apoyaba la pierna y se le volvía a romper algún tornillo “yo lo único que quería era volver a caminar porque mi hijito tenía tres años y soñaba con salir a pasear con él de la mano”. Su hijo hoy tiene 17 años y será quien cuando cumpla la mayoría de edad, comenzará a manejar el taxi con licencia de su padre.


Colaborando con los vecinos del barrio. (Foto: gentileza)

Desde la última cirugía hasta que volvió a moverse por sus medios pasó más de un año “después viajé a Buenos Aires con mi mamá para que me hagan injertos y me reparen algunos músculos y tendones del brazo derecho en el Hospital de Clínicas”.

“Me sacaron de todos lados porque supuestamente se regeneran, pero en una de esas operaciones me tocaron algo de la columna que se me durmieron las dos piernas”, detalló.

Nuevamente tuvo que pasar dos meses en una cama “el dolor era insoportable, no podía mirar hacia los costados que lloraba y gritaba, un día un médico dijo que no podía ser que me pasara eso”.

Recuerda que le pidieron a su madre que saliera de la sala “entre cuatro médicos me hicieron parar, me dejaron sentado en un sillón, tenía las dos piernas vendadas hasta la rodilla”.

Los días posteriores ya de nuevo en el hotel le empezó a doler mucho la derecha “me había agarrado infección así que todos los días iba algún profesional a darme antibióticos y ver cómo iba evolucionando”. Todo ese proceso en Buenos Aires duró casi dos años sin poder regresar a ver a su familia.


Miguel Díaz.

Ya en Bariloche continuó con su tratamiento de kinesiología “la primera vez que pude caminar solo, decidí irme desde Albarracín hasta Brown, tardé alrededor de cinco horas pero lo logré” recordó muy conmovido.

El amor

Hace ocho años que está en pareja con Mariana Navarro “gracias a Dios tengo una compañera de fierro, hicimos nuestra casita y pudimos armar el merendero para ayudar a la gente que más necesita”. Esa ayuda la fueron ampliando a familias del Nahuel Hue y Nuestras Malvinas.

La licencia

Ya está averiguando si puede poner un auto con caja automática para poder manejarlo él “quiero tener todo en orden porque al principio voy a poner un chofer y no me gustaría dejarlo en banda si le pasa algo, como me sucedió a mí”.

Ahora está pidiendo presupuestos para ver si logra comprar el auto y pagarlo en cuotas “hice las pruebas y tengo mi carnet” dijo feliz.

“Tener a mi familia, amigos y compañeros de taxi apoyándome, dándome aliento para mí es increíble, son quienes me llenan de fuerzas todos los días”. El contar ahora con su licencia es poner en marcha un sueño que tiene desde hace mucho tiempo, hacerle una casa a su hijo y que además, sea su futuro laboral.

Solo se lamenta de una situación “el día que yo me muera, esa licencia que me dieron, vuelve al municipio, así que no me quiero morir nunca” dijo bromeando. Una historia de vida muy dura pero con final feliz.

Susana Alegría / Fotos: Fabio Hernández