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LA SOLIDARIDAD HECHA “FLOR”

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11/08/2020

Cosas dulces para los chicos y mucho más

Cosas dulces para los chicos y mucho más
Cosas dulces para los chicos y mucho más

Existen personas que nos recuerdan que “solidaridad” es mucho más que una palabra. Por ejemplo, Florencia Curugual. Para ella, el presente no resulta sencillo. Es repostera, se gana la vida con la venta de cosas dulces en el barrio San Francisco III, durante los fines de semana. El resto de los días colabora en el merendero Alun Ruca, ubicado en Quito y Calle 6.

De por sí, su nombre, en esa zona, es un sello de garantía gastronómica. Por eso, los vecinos suelen encargarle tortas u otras delicias. Ahora, con la imposibilidad de transitar los domingos, el trabajo bajó a la mitad. Por si eso fuera poco, su marido, que es albañil, quedó sin ingresos al cesar la labor en una obra de construcción en la que participaba.

Quizá otro bajaría la cabeza y optaría por dejar de lado el accionar benéfico. No es el caso de Flor. Ella no solo continúa con la tarea en el merendero, sino que, desde hace poco más de un mes, impulsa un emprendimiento que lleva el nombre de “Reposteros solidarios”.

La idea nació cuando el merendero Alun Ruca estaba por cumplir un año.

Más allá de que ella y sus compañeras entregan, en forma habitual, la cena, pensó en añadir algo para el festejo.

A través de las redes sociales, convocó a cocineros que se especializaran en cosas dulces. Veinte personas respondieron al llamado, cada una aportó lo suyo, y el domingo 19 de julio hubo muchas exquisiteces en el Alun Ruca.

Pero, desde un principio, la joven soñó con que el proyecto no se quedara solo en eso, ella pretendía que la ayuda continuara y se esparciera.

Así, prosiguió con la convocatoria de pasteleros y, en poco tiempo, ya eran treinta y ocho.

Ante la cercanía del Día de la Niñez, buscaron a quiénes podían respaldar con dulzura para esa ocasión.

No escogieron solo un lugar, sino tres.

La primera tanda de exquisiteces será destinada a Villa Llanquín, una pequeña localidad del Departamento de Pilcaniyeu, sitio donde vive una de las integrantes la agrupación solidaria. La joven trabaja en la escuela del lugar, y, a partir del contacto con los alumnos, planeó la entrega: cuarenta y nueve chicos recibirán bandejitas para endulzar el desayuno del domingo 16 de agosto, con juguitos, alfajores, galletitas…

El viernes 21, en tanto, será el turno del merendero Alihuen, en el barrio Barda Este (los encargados del lugar decidieron realizar el festejo ese día para no “chocarse” con lo que planean otros comedores). En ese caso, los “Reposteros solidarios” harán llegar tortas, pastafrolas y budines para setenta pequeños.

La tercera parada de este tour gastronómico fraternal no tiene una fecha cierta: la idea es llevar doscientas cincuenta bolsitas con alfajores, donas y muffins a Virgen Misionera, pero, debido a la situación actual en torno al COVID-19, los vecinos optaron por posponer el evento para, al menos, dentro de dos semanas.

Florencia tiene en claro que el servicio de “Reposteros solidarios” continuará. No importa si es para alguna fecha festiva o no, quiere que la acción prosiga. Por eso desea que otros cocineros de cosas dulces se sumen a este sueño hecho realidad, donde es posible generar sonrisas a través de una porción de pastel, y así evitar que el pensamiento caiga en la oscuridad a la que suele llevar la dureza que la actualidad acostumbra imponer.
Aquellos que deseen hablar con Flor, para anexarse a este accionar benéfico, pueden comunicarse al 154-602095, porque, como ella dice, “la idea es seguir ayudando”.

Merendero

Florencia, por más que dedica gran parte de su tiempo al proyecto de “Reposteros solidarios”, no olvida el merendero Alun Ruca. Allí, en este momento, se entrega la cena lunes, miércoles y viernes. Antes también se hacía la repartición el domingo, pero, debido a las últimas medidas de restricción, ese día, por el momento, dejó de realizarse.

Si bien, hasta hace poco más de una semana, la cantidad de gente que concurría a retirar la comida parecía haberse estacionado en un número más o menos fijo, con las nuevas limitaciones -y las complicaciones que acarrean desde lo laboral-, comenzaron a aparecer personas que antes no acudían.

Cabe recordar que el merendero nació como un lugar de contención para los niños: se les brindaba la merienda a la vez que realizaban diversos talleres y actividades deportivas.

Luego, comenzaron a dar la cena un par de días a la semana, y, ante la llegada del COVID-19, la entrega de comida se incrementó en forma notoria. Al principio, eran unas ochenta porciones. Luego fueron más y más… En uno de los momentos más álgidos, habían alcanzado la cifra de doscientos cincuenta; creían que esa cantidad sería insuperable, pero hay ocasiones en que se incrementa.

“El lunes, por ejemplo, apareció una familia nueva, que preguntó si podía retirar alimento, porque el muchacho se había quedado sin trabajo... Le dijimos que sí, claro”, contó Beatriz Antimil, una de las mujeres que crearon el merendero.

Ella es empleada doméstica, pero, desde que se desató la pandemia, no trabaja. Espera que llegue el momento en que el coronavirus sea solo un mal recuerdo, para que sus empleadores, que son personas mayores, vuelvan a convocarla.

Su marido se desempeña en el área de la construcción, y si bien en la actualidad puede cumplir con sus labores, estuvo dos meses parado.
Sin embargo, al igual que Florencia, Beatriz nunca pensó en abandonar el merendero, aunque a veces las donaciones no alcancen y la situación se torne aún más complicada.

“Cuando falta algo, tratamos de aportar, pero a veces no podemos… Atrás nuestro hay familias, y se nos hace difícil”, señaló.

Destacó, también, que la realidad de estos tiempos obligó a mucha gente, que no estaba acostumbrada a hacerlo, a acudir para solicitar comida.
“Algunos vecinos sienten mucha vergüenza de venir con una olla a pedir la cena. Nosotras tratamos de dales ánimo, para que no se pongan peor”, confió Beatriz.

La imagen de personas que hacen cola desde mucho antes que comience la distribución, bajo la nieve o la lluvia, con caras que lo reflejan todo, les parte el alma, así que se proponen, además de darles algo para comer, brindarles, siempre, una palabra de aliento.

Las mujeres contaron que, en el merendero, más allá de la actividad habitual, se encuentran en plena recolección de juguetes para el Día de la Niñez, aunque en realidad la entrega se efectuará el fin de semana posterior (aún no se sabe si el 22 o el 23 de agosto, ya que depende del estado de las restricciones por el COVID-19), porque desean llegar, al menos, a cien chicos, y por ahora tienen cosas solo para treinta.

Quienes quieran colaborar con alimentos o juguetes pueden llamar al 154-138708 o al 1161863648.

Texto: Christian Masello - Fotos: Fabio Hernández