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26/07/2020

Se nos fue el “Jaba”, falleció Edgardo Gingins

Se nos fue el “Jaba”, falleció Edgardo Gingins
Se nos fue el “Jaba”, falleció Edgardo Gingins

 

Lo conozco desde siempre, por el barrio. Vivía a la vuelta de mi casa en una de esas casas emblemáticas del barrio Lera, de las que quedan pocas ya; calle Don Bosco.

Tito, el hermano de Jaba, trabajaba en Canal Seis en la época de Caló y ahí empezamos a vernos muy seguido porque hicimos un equipo de fútbol con variadas formaciones, pero siempre con Edgardo presente. Amaba el fútbol. Aun en sus últimos tiempos no era difícil advertir que había sido un grande de verdad. Aguerrido, virtuoso, inteligente para jugar… vivo. Firme y áspero habrá sido en sus años mozos.

Si el Jaba te quería te dabas cuenta. Y si no, también. No había medias tintas en su vida en ningún aspecto. Compartimos el amor por la pelota más de 30 años, pero tengo con él tantas fotos de fútbol como de asados y vino. Creo que es un excelente balance.


Equipo de Canal Seis, de fines de los 80 principios de los 90. Están en la foto: los hermanos Fuentes, Jabalí, Guillermo Fabio, Luis Pena, César Rivero, Hugo Painemil, Pablo Toninato, Painemil (masajista); abajo: Murillo, Paulo Puelle, Caló, Curín, Roy Madsen, Ferrada y Zidar.

En su último cumpleaños no había nadie a quien Jaba no quisiera de verdad. Y tuve la suerte de formar parte de esa noche. Recitó unos versos, aquellos del payaso triste que cuando “la gente se ríe, oculta su pena…”.

Y recordé que una vez Jaba estaba muy mal de salud, con una crisis muy dura a causa de tener su capacidad pulmonar reducida casi al 25%, y me contó cómo eran sus días. Me contó de la guardia del hospital, siempre llena, de dormir sentado, muy de a ratos y muy de a poco. Me relató que su mujer le hacía masajes en la espalda horas enteras para que pudiera respirar, que sentía la muerte constantemente al lado. El humor ácido que lo caracterizaba lo utilizaba también para él, y me relató una pequeña anécdota: decía que se desvaneció en la calle, fuera de su casa, y que Mariano Egaña (otro grande que ya no está), reconocido intelectual, sociólogo y vecino, le hizo respiración boca a boca. “A mí… gringo… a mí, ¡que soy tan feo! qué capo el tipo…”, decía el Jaba riendo a carcajadas.


En un asado en el taller de Beto Azúa.

Magnífica belleza su alma, protegida por fingidas espinas. Áspero y virtuoso, en la cancha como en la vida. Muchos extrañarán hoy su pan, el pan que hacía todos los días. Su único miedo era dejar desamparadas a las que amaba, pero no lo hizo. Cumplió. Ellas estarán bien. Y nosotros también, sabiendo que estará en cada asado, cuando se pueda. Y que hoy lo llamó el DT universal porque le tocaba jugar en la mejor gramilla. En el cielo estará, detrás de la redonda, ordenando el juego. Y por una vez, en el partido celestial se permitirá, solamente porque se trata del Jaba, alguna que otra puteada.

Antonio Zidar