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ATRAVESÓ EL ATLÁNTICO EN BALSA

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19/07/2020

“El mar no se cruza con los brazos, se cruza con el conocimiento”

“El mar no se cruza con los brazos, se cruza con el conocimiento”
“El mar no se cruza con los brazos, se cruza con el conocimiento”

Alfredo Barragán, capitán de la expedición Atlantis, participó del programa “El Cordillerano entrena” y contó cómo fue la experiencia del cruce del océano Atlántico en balsa en 1984, además de otras expediciones.

“Crecí soñando con la naturaleza, las montañas y los mares, conocer expediciones; tengo un espíritu explorador nato. Esto se manifestó desde que yo era muy chiquito. Hice algunas cosas más chicas antes. Con veintipico, hicimos la primera navegación completa del río Colorado de Argentina, desde la cordillera hasta su final, cruzando todo el país”, relató. “Teníamos 23 años. Habíamos hecho el Aconcagua en el 78. O sea, éramos gente que de algún modo ya estábamos orientados a la naturaleza, el deporte, la aventura, la exploración, la expedición”.

“En ese marco, nace Atlantis. A mí, me inquietó siempre la posibilidad de que el africano hubiese llegado a América antes que Colón. En México, existen expresiones en la cultura olmeca que muestran imágenes de hombres de raza negra en América 3.000 años antes de la llegada de Colón. Esto me inquietó siempre”, contó Barragán.

“Y cuando revisando e investigando un poco la historia de la navegación encuentro que, en la costa noroeste de África, en la antigüedad, se navegaba en balsas de troncos -troncos unidos con cuerdas vegetales-, con una vela cuadra adelante solo para tomar vientos de atrás, una vela que no permite maniobrar pero que es llevada por los vientos, y que eso ocurrió más o menos en la misma época en que aparecen negros en América, yo me he convencido, y hasta hoy estoy convencido, de que el africano vino a América 3.000 años antes que Colón”, explicó. “Convencido de esto, y ante la negativa y el escepticismo que recibía esta teoría -de quienes decían ‘no, es imposible; sí, el africano tenía esa balsa, pero no era capaz de cruzar el Atlántico’-, decidí hacer una balsa y cruzarlo”.

“Por supuesto, tuvimos la preocupación de estudiar y prepararnos lo mejor posible, conscientes de que íbamos a hacer un desafío extremo.

Queríamos cruzar el mar arriba de nueve troncos unidos con sogas vegetales, sin timón -porque en aquella etapa de la navegación la balsa no tenía timón-, confiando en nuestros estudios sobre corrientes y vientos que nos llevarían a la costa norte de Venezuela o al golfo de México, en algún punto le íbamos a dar a América, y nos subimos en la balsa como testigos de que la balsa cruzaba. Así de convencidos estábamos”, compartió.

En esos 52 días de navegación “me encontré de todo. Pasó todo lo que tenía que pasar. Periodos de tormenta, periodos de calma. Lluvias torrenciales. La inquietud permanente de tener como referencia solamente mar y cielo, sin puntos reconocibles, de modo que la navegación era astronómica, como en la antigüedad; suponiendo que nuestros cálculos estaban bien, que la cosa iba bien, pero la duda estaba. No teníamos confirmación hasta que vieras tierra. De modo que esa inquietud nos acompañó, y fue una travesía azarosa importante”, contó Barragán, que estuvo acompañado por Jorge Iriberri, Horacio Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y Félix Arrieta. “Salimos de África con los ojos abiertos y los dientes apretados, concentrados y sabiendo que hasta América no cambiábamos la actitud, y así fue”.

“Éramos cinco y llevábamos comida de campamento. Envasados, enlatados, deshidratados, arroz, harinas. Frutas y verduras, que duraron las primeras tres semanas”, detalló. “Tenía un rancho arriba, pequeño y muy bajo, tenía solo un metro de altura. Era para estar adentro acostado o sentado para evitar que tomaran vientos que incidiesen en la navegación”.

La embarcación fue hecha por los cinco tripulantes con sus propias manos. “Buscamos todos materiales en la selva de Ecuador, en la selva de La Maná, los trajimos a la Argentina y en Mar del Plata conseguimos un galpón grande. Allí durante cinco meses, con nuestras manos, hicimos la balsa”.

También contó que no se encontraron con tiburones, pero sí con otras especies. “Estábamos preparados para eso, pero no tuvimos ningún inconveniente con tiburones. Por supuesto, estábamos muy atentos. Sí vimos delfines, ballenas, peces voladores, noctilucas, esas fosforescencias bajo el agua, ese relumbre de bichitos de luz subacuáticos, cosas muy interesantes. Tenemos mucha experiencia en buceo y estábamos muy atentos a lo que pasaba con la experiencia que nos dio el buceo”.

En cuanto al objetivo de la travesía, contó: “Cruzamos porque nos gusta la idea. Porque somos deportistas que nos gusta la naturaleza, tanto el mar como la montaña. En este caso, era el mar. Si me hablás del mar, prefiero cruzarlo más que mirarlo desde la orilla. Entonces, primero, fue por una cuestión de gusto personal”.

“En segundo lugar, esto estaba al servicio de una demostración científica de que la balsa africana era capaz de cruzar. Ahora, si te digo que hice todo el viaje exclusivamente para demostrar que el africano pudo llegar a América antes que Colón, es mentira. Lo hice porque me encantaba la idea de una balsa en el medio del mar”, detalló.

“Sin duda, introdujo una bisagra en la posición de los institutos científicos internacionales de historia y antropología. Hoy se acepta la factibilidad de que el africano haya venido en aquella balsa. Y eso, científicamente, es muy valioso”, señaló. “Estamos muy felices de lo hecho. En lo individual y además pensándolo como argentinos. Una expedición de ese tipo, que generalmente se la concibe como fruto de una entidad grande que está en París, Londres o Nueva York, y sin embargo, la hizo un puñado de argentinos sin un mango, pero preñados de sueños”, valoró.

En la actualidad, la balsa se encuentra en Dolores, a mitad de camino entre Buenos Aires y Mar del Plata. “Es una ruta turística muy importante. Por aquí pasan 18 millones de personas por año. Y la idea es crear el Museo de la Exploración aquí en Dolores. No solo con la balsa. La balsa es el elemento fundacional, pero están nuestras otras 29 expediciones”, señaló. “En 45 años, hemos hecho treinta expediciones en cinco continentes”, destacó. “Hemos subido el Aconcagua, el Everest, el Kilimanjaro, el Mont Blanc, hemos cruzado la cordillera en globo, por arriba de las altas cumbres, hemos cruzado el mar de las Antillas en kayak, desde Venezuela hasta Puerto Rico, sin ningún apoyo externo”.

“Todo a pulmón y a cerebro. El mar no se cruza con los brazos, se cruza con el conocimiento. Con la información que vos manejás para tomar decisiones. Rumbo, distancia, velocidad, tiempos, circunstancias. Nosotros estudiamos muchísimo cada expedición. No somos aventureros, somos expedicionarios”, dijo.

El Kilimanjaro

Con respecto a la expedición al Kilimanjaro, relató: “Toda la vida soñé con África y, de muy chico, leía las crónicas de las expediciones de Livingstone, de Stanley, ingleses que descubrieron el corazón del África, a mediados del siglo diecinueve. Y soñaba con esos personajes, con hacer algo en África.

Después la vida me llevó a hacer montaña. Estuve siete veces en el Aconcagua, he hecho cumbre. Y comencé a pensar en África y en la montaña, y en el Kilimanjaro, la más alta de África, que tiene 5.965 metros. Así que armé un grupo de gente de nuestro grupo, el CADEI, Centro de Actividades Deportivas, Exploración e Investigación”, contó.

“Armamos un grupo y subimos a la montaña más alta de África, entre Kenia y Tanzania, en el corazón del África negra”, expresó. “No es una montaña técnicamente difícil, es simplemente alta y la prueba física es muy grande, pero técnicamente no requiere demasiado. De modo que nos preparamos muy bien, entrenamos muy bien. Hicimos un plan propio. Porque cuando llegás a África, te encontrás con que los guías y los supuestamente entendidos te plantean una subida muy rápida que está pensada para ellos en términos económicos, y no en tu beneficio, o sea, sacarte de encima cuanto antes, y eso hace que fracasen muchas expediciones”.

“Mientras ellos aconsejaban una noche en cada campamento, yo establecí tres noches en cada campamento con dos días completos en ese lugar a media altura en la montaña”, explicó. “Esto nos permitió una adaptación que nos puso en condiciones de hacer la cumbre en muy buena forma, muy buena condición física”.

El mar de las Antillas en kayak

“En kayak, cruzamos el mar de las Antillas, que está entre el océano Atlántico y el Mar Caribe. El mar que rodea todo el arco de las Antillas, que sube hasta Puerto Rico, donde terminan las Antillas Menores. Cristóbal Colón después de su tercer viaje, en sus crónicas, afirmaba que los habitantes del golfo de Paria que está entre Venezuela y Trinidad, habrían recorrido hacia arriba el arco de las Antillas en sus botes a remo y habrían atacado lo que hoy es Puerto Rico. Y dijeron que el almirante estaba tomando mucho, que estaba loco, que esto era absolutamente imposible porque las corrientes del viento vienen desde la derecha a la izquierda, del Atlántico hacia el Caribe, te sacan de la línea y es imposible hacerlo a remo”, contó.

“Yo no estaba tan convencido. Y después de mucho, mucho estudio, meses y años de estudio de corrientes, vientos y demás, consideré que era posible. Muy, muy al límite, era posible. Armé un equipo muy poderoso, con el ‘Vasco’ Iriberri y Horacio Giaccaglia, con quienes había estado en el Aconcagua, en la balsa y el Kilimanjaro, y en el 99, en 62 días, cruzamos el mar en kayak”.

Sobre preparación previa a estas aventuras, expresó: “Tengo muchas ganas y confío absolutamente en las cosas que emprendo. Tengo claro que el hombre puede hacer mucho más de lo que cree. Físicamente somos sanos, somos tipos con actividad deportiva frecuente, casi permanente. No soy un tipo de gimnasio o de rutinas. Simplemente, somos gente sana y que se cuida. Que hace actividad física y la disfruta, y que sabe que siempre puede dar más”.

Cruce de la cordillera en globo

“Fue en el año 93. Yo había leído que en 1916 dos argentinos, Bradley y Zuloaga, habían cruzado en globo la cordillera, aprovechando alguna quebrada, o sea alguna altura intermedia. Por supuesto, los vientos hacen que este cruce se haga desde Chile hacia Argentina. Y me encantaba la idea de repetirlo”, contó. “Y un amigo nuestro, Néstor Alcántara, se puso a avanzar en la idea y le dio forma”.

“En el año 92 viajé a España, por una regata del cruce del Atlántico y por la Expo Sevilla, para dar unas conferencias, y aproveché para contactar pilotos de globo españoles de primer nivel mundial, y la expedición tomó forma. Y el programa ‘Al filo de lo imposible’ de Televisión Española se interesó y nos dijo que, si le permitíamos poner un hombre con una cámara en cada globo, hacían un programa para su serie”, contó. “Y el 1° de abril de 1993 logramos el cruce”.

“Habían pasado dos años y pico de estudio, porque era casi imposible cruzar, como yo quería, por arriba de las altas cumbres. Pasamos por arriba de la vertical del Tupungato, 1.700 metros más arriba. Yo había hecho cumbre en el Aconcagua dos años antes y, ahora, dos años después, me encontraba en un balcón privilegiado, en un canasto de mimbre, asomándome y viendo pasar abajo las cumbres que tanto me había costado hacerlas a pie”.

“Fue fantástico, hermoso. Fue un vuelo muy atrevido. Volamos a 8.500 metros, a 110 kilómetros por hora, con vientos de altura. Un viaje de dos horas cuarenta y cinco, muy rápido porque había que llegar antes de que se acabara el gas que mantenía a los globos en vuelo. Eran dos globos”.

Gente que se atrevió a soñar

“Tengo varios referentes. Leí ‘Kon-Tiki’ cuando era muy chico”, expresó. “‘Kon-Tiki’ fue una balsa que cruzó el Pacífico en 1947, de Perú a la Polinesia. Su hacedor fue un noruego, Thor Heyerdahl, que quiso demostrar que los americanos pudieron haber cruzado el Pacífico, llevando nuestra cultura hacia la Polinesia, mucho antes de la llegada de Colón”.

“Lo leí de muy chico, a los seis años. Antes de entrar a la escuela primaria, ya había leído ‘Kon-Tiki’. Me inspiró, me sigue inspirando. La vida hizo que luego yo tomara contacto con este hombre, y cruzara correspondencia con él, me dedicara algunas cosas. En el libro que escribí hace poco, incluí la carta que me envió este hombre, Thor Heyerdahl, donde tiene la gentileza de hablar muy bien de nuestra balsa. Cuando, si quería, podía verla como una rival y no hablar de ella; sin embargo, fue muy generoso y habla maravillas de nuestra Atlantis, y de la legitimidad científica de nuestra experiencia”, resaltó.

“Después, por supuesto, admiro a Ernest Shackleton, un expedicionario inglés que, a principios del siglo veinte, tuviera expediciones memorables en la Antártida y un caso de liderazgo insuperable”, destacó. “Podría seguir nombrando gente, toda ligada a este tipo de cosas. Gente que se atrevió a soñar, a encarar los sueños, a pelear por los sueños, a arriesgarse por los sueños, y que tuvo la suficiente convicción para perseverar hasta la meta. Es el tipo de personas que admiro.”

“Siempre estamos pensando en hacer cosas, tanto en el mar como en la montaña, y las haremos. Pero estoy ocupado, en este momento, con un proyecto que es crear el Museo Nacional de la Exploración, que rescate la historia de los descubrimientos geográficos, el espíritu de los pioneros. No el nuestro. El de los pioneros que descubrieron los mares, los ríos, las cumbres, los polos. En ese museo, estarían nuestras expediciones, pero como elemento fundacional nada más. Está abierto a otras expresiones de otros que hicieron cosas importantes”, dijo.

El grupo está conformado por 27 personas que participaron de todas las expediciones. “De esos 27, algunos estuvieron en tres o cuatro; otros solo en una. Otros estuvimos en todas”.

“He escrito el libro de Atlantis. Es una joya que tenemos el orgullo de haber hecho. Un libro bellísimo. También está hecha la película”. Además, se hizo una película del río Colorado y del cruce de la cordillera en globo. “Estamos trabajando porque hay gente interesada en hacer un libro sobre cada expedición”, contó. “Pero yo también quiero subir montañas y seguir remando”, aseguró. “Expedición Atlantis. Que el hombre sepa que el hombre puede” es el título del libro. “Ese es mi lema”.

Se puede acceder a la información sobre el libro de Atlantis en www.expedicionatlantis.com.

Verónica Lohrmann

“El mar no se cruza con los brazos, se cruza con el conocimiento”
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