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15/07/2020

Instructores presentaron su reclamo en el Centro Cívico

Instructores presentaron su  reclamo en el Centro Cívico
Instructores presentaron su reclamo en el Centro Cívico

La llegada de la nieve, que cubre el cerro Catedral hasta conformar un blanco casi uniforme, puso sobre el tapete la realidad de los instructores de esquí y snowboard, quienes conforman uno de los grupos laborales más golpeados por la situación actual.

Durante el resto de las estaciones, rezan para que el invierno les traiga el oro níveo.

Este año, que las nevadas hicieron su parte, desconocen si podrán enseñar, aunque sea en clases destinadas a pobladores locales.
Más allá de que el Catedral abriera sus puertas, perciben que el trabajo sería mínimo, además de que quizá, de no tomarse medidas drásticas, los gastos superarían a los beneficios.

Las cuentas, claramente, quedarían en rojo, un manchón carmesí en la nieve.

A partir de contactos por internet y WhatsApp, los esquiadores comenzaron a compartir estas inquietudes.

Entre los que se comunicaron (la cifra supera ampliamente las cien personas), establecieron un documento donde expresan su preocupación.

Si bien hicieron llegar el texto al gobierno municipal en forma virtual, ayer martes se apersonaron al Centro Cívico para, frente a frente (aunque con el mantenimiento de las distancias pautadas por la cuarentena), conversar entre ellos sobre este presente difuso, y recordar, de cara a la población, la problemática del sector.

“Antes que nada, queremos tener información acerca de si el cerro abrirá o no, y, en cualquiera de los dos casos, saber en qué situación vamos a estar los instructores de esquí, tanto los que están en escuelas y clubes como los independientes”, explicó Rodrigo Merino, uno de los esquiadores que se acercó al Palacio Municipal.

Aunque muchos de los trabajadores, fuera de la época invernal, permanecen en la ciudad y realizan otras actividades, es de conocimiento público que, cuando aquí cierran las pistas, varios viajan al exterior para continuar sus tareas como instructores en otros países.

En el caso de los primeros, se topan con una realidad complicada: no pueden dar clases de esquí, pero tampoco tienen posibilidad de desarrollar sus otros emprendimientos, ya que la mayoría se dedica también a otras labores vinculadas al turismo, que igualmente están con las persianas bajas.

Los que solían emigrar, en tanto, estaban acostumbrados a sacar el monotributo para ser contratados en el Catedral, y luego darlo de baja y así no abonar cuando partían. En este caso, quedaron afuera de las posibilidades de subsidios que requerían el cumplimiento de aportes anuales.

Además, existe un porcentaje que se mueve en la informalidad, por lo que automáticamente queda marginado de cualquier opción, a excepción del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE).

En la carta que dirigieron al intendente Gustavo Gennuso y a la presidenta del Concejo Deliberante, Natalia Almonacid, solicitan: “Un subsidio económico en el marco de la emergencia pública en lo que refiere a nuestra actividad laboral”.

Asimismo, formulan su deseo de que los centros de esquí abran, destacando “la importancia de la reactivación turística invernal, tomando las medidas de prevención y el uso de protocolos de seguridad”.

En caso de apertura, hablan de su preocupación por los costos que tendría la profesión, que, claramente, tendría un ingreso reducido: “Vemos muy limitada nuestra situación económica para poder realizar el pago del pase temporada de instructor, que históricamente es muy elevado, como así también el canon de la habilitación municipal, que implica abono de seguros de accidentes personales y de responsabilidad civil, entre otros gastos”.

Justamente, en el Centro Cívico, el instructor Merino habló de que la suma que deberían desembolsar, si el Catedral funcionara y no hubiera alguna indulgencia monetaria, rondaría los sesenta mil pesos.

“Muchos de los compañeros no tienen para comer. El contexto es muy complicado. Queremos trabajar para poder subsistir, aunque sea solo con los residentes”, afirmó el esquiador, quien en temporada veraniega se dedica a realizar travesías en kayaks, caminatas y recorridos en bicicleta, todas labores relacionadas con el turismo.

Nicolás

Nicolás Trigo trabaja desde hace quince años en la montaña. Su mujer también es instructora. Durante siete años, en los veranos, marchaba a Andorra, pero desde hace cinco permanece en Bariloche, donde en invierno da clases de esquí a niños de entre tres y doce años. La actualidad lo encuentra, junto a su compañera, en la incursión en labores de costura para tener algún tipo de ingreso.

Al referirse al momento por el que atraviesan los profesionales del esquí, indicó: “La situación es crítica. Al no tener temporada, no generamos entradas monetarias.

Detrás nuestro hay familias, proyectos que se caen, alquileres que pagar… Decidimos autoconvocarnos porque notamos que ni los medios de comunicación ni los políticos citaban nuestra profesión como parte de la problemática vinculada al turismo. Hay mucha incertidumbre. Aunque se abra el cerro, quizá la mitad de los instructores, o más, no pueda trabajar; y los que lo hagan no tendrán la remuneración de una temporada normal”.

Víctor

Víctor Katz posee gran experiencia como instructor independiente. Comenzó en la actividad hace cuarenta años. Y, cuando no es época de nieve, también trabaja en el sector turístico, ya que es guía de pesca embarcada.

Sobre el presente de los esquiadores, señaló: “Al no abrir el centro de esquí, y con la incertidumbre reinante, ante la probabilidad de que esto siga como hasta ahora, lo cierto es que no habrá ninguna entrada para los instructores, y se debe tener en cuenta que estamos hablando de que detrás de ellos hay unas setecientas familias. Gran parte vive de que lo que se gana en invierno, mientras que los que han ido a Europa, aunque la gente piense que vinieron llenos de plata, estuvieron mucho tiempo sin trabajar, prácticamente perdieron la temporada, y acá les pasa lo mismo”.

“Mientras no se libere Buenos Aires, y se permita circular, Bariloche, para los que trabajamos del turismo, no va a tener ningún ingreso”, concluyó.

Héctor

Héctor Rocha, más allá de ser instructor, trabaja en excursiones de rafting, actividad que también se vio interrumpida por la pandemia.

Manifestó estar molesto por el silencio reinante en cuanto a la labor de los profesores de esquí. En ese sentido, dijo: “Nos convocó la incertidumbre, queremos tener información”.

“Entendemos que la situación es difícil, pero necesitamos saber qué va a suceder”, apuntó.

Y, para que no quedaran dudas sobre la gravedad que envuelve al sector, declaró: “Estamos con la soga al cuello”.

 

 

Texto: Christian Masello Foto: Fabio Hernández