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LA CÁMARA LLORA EN UN RINCÓN

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06/07/2020

Fotógrafos de Bariloche reclaman ayuda

Fotógrafos de Bariloche reclaman ayuda
Fotógrafos de Bariloche reclaman ayuda

Hablar de Bariloche implica citar las chocolaterías, el cerro Catedral, el Otto, las pistas de esquí, los entretenimientos invernales, las cervecerías y un largo etcétera; una lista que sin lugar a dudas incluye a los fotógrafos, ya que el oficio de retratar turistas es una labor característica de la ciudad, que debe tener uno de los mayores promedios del país de trabajadores del ramo por metro cuadrado.

Hoy, que se habla de apertura, y se atraviesa una fase de distanciamiento social, preventivo y obligatorio, varias actividades se reanudan.

Aunque todo está sujeto a lo que suceda con el avance (o retroceso) del COVID-19, ya se mencionan restaurantes, cafeterías, disciplinas culturales individuales, gimnasios… y los fotógrafos no tendrían inconveniente en tomar imágenes (al igual que los camarógrafos vinculados al sector turístico)… si tuvieran a quién sacarle fotos.

Sin visitantes, la profesión está huérfana de ingresos; y en esa situación se encuentra desde el 20 de marzo, fecha de inicio de la cuarentena.

Aunque muchos nacieron en la localidad, la mayoría de trabajadores del sector está conformada por personas que cayeron rendidas ante los encantos de la ciudad y se instalaron en esta parte del sur argentino. Aquí planificaron una existencia en la que podrían combinar su pasión por el arte de capturar instantáneas vivenciales con un marco natural idílico.

Y así lo hacían. Hasta que llegó el coronavirus.

En la actualidad, la cámara descansa en un rincón, y, por más que de vez en cuando la toman entre las manos para que esa dama mecánica se sienta querida, extraña los recorridos donde paseaba sin cesar desde el centro al cerro, con diferentes paradas en miradores que traían imágenes de ensueño para inmortalizar.

Los fotógrafos, ante el panorama desolador, decidieron juntarse para llevar adelante un pedido de auxilio. Estos días los encuentran en la confección de un registro donde figuren todos aquellos que llevan a cabo la actividad.

Un grupo importante de ellos elevó un reclamo a autoridades municipales, provinciales y nacionales.

Facundo

Facundo Villalba tiene veintinueve años. Nació en el porteño barrio de Flores, aquel sitio donde Alejandro Dolina situó sus “Crónicas del Ángel Gris”.

Pero, más allá de esas narraciones aladas, la intención de Facundo, ya en su adolescencia, fue volar en otra dirección. A los diecisiete puso rumbo a la Patagonia, donde había estado en un par de ocasiones, y aterrizó en Bariloche.

“Me enamoré del lugar, y aquí desarrollé mi vida de adulto”, contó. Al poco tiempo de llegar, vio que con la cámara podía fusionar su amor por la fotografía con el encanto de la belleza natural.

Las fotos de egresados en el cerro Catedral se hicieron cosa habitual durante la temporada invernal. “Nos acostumbramos a trabajar al máximo en ese momento, para aprovechar”, explicó.

El muchacho, que, aunque no ejerce como tal, también es biólogo (se recibió en la Universidad Nacional del Comahue), afirmó: “Todo lo que construí en esta ciudad fue gracias a la fotografía”.

Sobre la situación actual, consideró: “Por más que pasemos, de la cuarentena estricta, a una fase más relajada, no va a haber temporada turística, por lo cual las oportunidades de trabajo que podemos llegar a tener, fotógrafos y camarógrafos, son nulas… y los ingresos siguen en cero”.

“La gran mayoría de nosotros tiene autorización y credencial otorgada por la Municipalidad. Somos autónomos, estamos al día, pero al caerse el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que gran parte cobraba, ya no queda nada… No tenemos entradas monetarias”, aseveró.

“Lo primero que hicimos fue intentar el vínculo con el gobierno nacional, que es el que creemos que tiene más recursos para resolver esto. Nos comunicamos con la senadora Silvina García Larraburu, que tomó el reclamo y rápidamente presentó nuestra solicitud al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero”, expresó. Señaló que, a nivel provincial, hablaron “directamente con la gobernadora”.

En lo referido al municipio, manifestó: “El intendente ya nos ha contestado. Dijo que el tema le parece importante y que nos dará una mano en lo que pueda. Contó que está hablando con las autoridades provinciales, acerca de nuestro pedido, el de guías, instructores y otros autónomos. Además nos explicó que, en conjunto con otros municipios turísticos, trabaja en el pedido de extensión del IFE ante el gobierno nacional”.

Facundo le solicitó al jefe comunal “la renovación automática de las credenciales que vencen este año, y la rebaja o erogación del pago durante un tiempo”. Y, “más allá de que no es responsabilidad suya”, el fotógrafo señaló que conversaron de la situación relacionada con Parques Nacionales, ya que “el canon que se maneja es muy alto”.

Sobre la cantidad de gente afectada en el rubro, Villalba sostuvo: “Somos más de doscientas cincuenta personas con credencial, lo que no quita que haya otros fotógrafos que seguramente no cuenten con una, porque se dedican a otro tipo de tareas, diferentes a las nuestras: fotoperiodistas, algunos que trabajan en eventos cerrados, sesiones de fotos… Ellos también vieron mermados sus ingresos. Todos, desde marzo, no generamos ni un peso”.

“Lo que solicitamos es que nos otorguen una respuesta. Queremos entablar un diálogo y que se nos dé alguna solución”, dijo. Y aseguró: “Necesitamos una ayuda para el sector, porque la situación es desesperante”.

Luciano

Luciano Bardella tiene cuarenta y dos años y nació en Mar del Plata. Desde los dieciocho viene a la ciudad por cuestiones laborales, siempre relacionadas al turismo estudiantil.

Una docena de años atrás, decidió que se ganaría la vida con la cámara fotográfica. Y, desde ese momento, resolvió quedarse en la localidad de manera estable. “Este es mi lugar, y aquí encontré mi oficio”, expresó.

“Además, acá no solo formé mi vínculo de amistades, también armé una familia”, indicó. Su compañera de vida es colombiana. La conoció en un viaje a Brasil (ambos son trotamundos), y tienen un hijo barilochense.

Ella es artesana, y Luciano, de alguna manera, adoptó el oficio. “Trabajo con alambres y piedras”, explicó. Desarrolla esa actividad fuera de temporada, cuando la fotografía turística no resulta una fuente de ingresos segura.

El contacto con otros artesanos lo hizo advertir diversas realidades. “Si yo, que soy alguien que siempre cae parado, porque tengo diferentes herramientas para poder generar un mango, estoy con problemas económicos, ¿cómo no voy a entender a esa gente que está mucho peor?”, preguntó en forma retórica.

“Tengo computadora e internet, y aun así me es difícil realizar muchas gestiones, así que, a esas personas que están prácticamente aisladas, les resulta imposible”, agregó.

Luciano colabora con algunos comedores, “dando una mano, realizando vínculos”, mientras intenta mantener su propio presente en pie: “Hago malabares, como cualquier autónomo. Me la paso tratando de ver de dónde rasguñar algo… Ajusto los gastos para reducirlos al mínimo”, concluyó, a la espera de que su cámara vuelva a hacer “click”.

Christian Masello / Foto: Facundo Pardo