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LA RESPUESTA NO ES TAN OBVIA COMO PARECE

26/06/2020

¿Bariloche es una ciudad turística?

¿Bariloche es una ciudad turística?
Bariloche y su faceta turística más definida.
Por: Adrián Moyano

Las representaciones que se ponen a circular para captar turistas privilegian ciertos perfiles y soslayan otros. Así, continúa un proceso que enfatiza al turismo como actividad excluyente, que se originó a mediados del siglo XX.

¿Es realmente San Carlos de Bariloche una ciudad turística? Aunque la respuesta parezca obvia, es el interrogante que se plantea Gonzalo Barrios García en el trabajo que tituló “La primera mitad del siglo XX, los cimientos de la construcción turística de San Carlos de Bariloche”. Su contribución es de reciente publicación y puede leerse en el libro “Tierras secuenciadas. Cordillera persistente. Territorio, cultura, producción y paisaje en la Patagonia argentina”, que se lanzó en línea unas dos semanas atrás. El volumen, de autoría conjunta, tiene como compiladores a Guido Galafassi y al propio Barrios.

El autor es licenciado en Ciencia Política por la UBA y becario doctoral del CONICET con lugar de trabajo en el CITECDE (Centro de Estudios en Ciencia, Tecnología, Cultura y Desarrollo) de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), aquí en Bariloche, aunque integra otros espacios académicos. En primera instancia, concede Barrios García: “podemos encontrar una gran cantidad de producciones académicas y estatales en los cuales se analiza la matriz productiva de la ciudad, entre la que podemos mencionar las de Madariaga (2007); Behnisch (2018); Kozulj, Costa y Ordo (2016); Monasterio et al. (2009), entre otros. Sin embargo, todas coinciden en que el turismo se mantiene como una de las actividades productivas preponderante”.

Según la descripción del investigador, la “actividad cuenta con una gran infraestructura que va desde hospedajes y hoteles cinco estrellas hasta campings para alcanzar una capacidad de 26.346 plazas según el Anuario Estadístico del Ministerio de Turismo de la Nación (2015), un aeropuerto de categoría internacional, dos centros de esquí y tres puertos lacustres, una amplia oferta de actividades al aire libre como por ejemplo: pesca, escalada, trekking, cabalgata, rafting, parapente, golf, canopy, kayak, mountain bike, navegación, kitesurf, buceo, stand up paddle, entre otros, e igualmente variada oferta de servicios en espacios cerrados”.

Para los últimos casos, la investigación hace referencia a “la oferta gastronómica de chocolaterías, confiterías, restaurantes, o las actividades nocturnas de bares, cervecerías artesanales, pubs y discotecas, para albergar a los cerca de 700.000 turistas en promedio que concurren año a año”. Está claro que el trabajo refiere a épocas de normalidad previas a la pandemia actualmente en curso. En la misma sintonía, Bariloche “es uno de los principales nodos de comunicación para la región gracias a las rutas que la vinculan hacia el sur con el resto de la Patagonia y hacia el oeste con Chile según el Atlas ID, de la Subsecretaría de Planificación Territorial de la Inversión Pública de la Nación (2010)”, cita Barrios García.

Tres sectores predominantes

Claro que no todas son rosas. “Como contraposición, la misma actividad junto con la construcción, se caracterizan por mantener niveles salariales bajos, y los puestos de mayor calificación ocupados por personal foráneo. El sector de servicios, el hotelero-gastronómico y el comercio, por su parte, son los que más empleo producen, los tres concentran alrededor del 60 por ciento de las fuentes de empleo. Sin embargo, los mismos se caracterizan por un alto nivel de rotación, y como el resto de las actividades conformadas alrededor del turismo, son muy vulnerables a la balanza de cambios, cuestiones climáticas, y sucesos ambientales imposibles de controlar localmente”. El análisis menciona la erupción del volcán Chaitén de 2008, que provocó caída de cenizas en Bariloche; la más cercana del Caulle-Puyehue en 2011, o las epidemias de hanta virus de 1996-1997, además de la más reciente, de 2010-2011.

Según el examen, la “centralidad de la actividad turística se ve reflejada en una múltiple oferta de servicios y productos gestionada tanto local como por inversores externos. Para analizar la forma en que la Municipalidad presenta y describe dicha actividad debemos hacer foco en la Secretaría de Turismo y Producción y señalar una convergencia en los contenidos y los mensajes a través de varios canales digitales (redes sociales Facebook, Twitter, Instagram, Flickr, YouTube) y físicos (folletería impresa, etc.)”, explica el investigador.

Su análisis propone detenerse en “los paisajes publicados en la página web oficial de la Municipalidad, así como el contenido de sus diversas redes sociales” para advertir que “el conjunto de imágenes y textos evocan principalmente dos conceptos”. Por un lado, “una amplia gama de actividades y oferta gastronómica ya mencionadas; y por el otro, espacios naturales en estados de conservación buenos, es decir, imágenes de paisajes donde se ve la naturaleza sin intervención humana, siendo meramente ‘transitada’”.

Para Barrios García, así se muestra “sólo una porción de la realidad, no se ve la ciudad, ni sus calles, ni sus plazas, ni sus habitantes, ni su historia; no se muestran otras actividades productivas que no estén ligadas directamente con turismo, como puede ser las vinculadas a la agricultura, la ganadería, la industria tecnológica, entre otras”. Con tono crítico, menciona el texto que “posibilitar el proceso de ‘turistificación’ de la Patagonia Andina en general, y de la ciudad en particular, significó declarar a los lugares en su totalidad como mercancías y por lo tanto privatizar su acceso, como así también explotar sin límites los recursos naturales”.

En esa dinámica también cayeron “las personas y organizaciones, las calles, plazas, puestos de mercados artesanales, los centros comerciales, refugios de montaña, senderos, pistas de esquí, ríos, lagos, playas, volcanes, costas, las representaciones e imaginarios colectivos, historias y tradiciones orales, en definitiva, la cultura”. Según el politólogo, “todos son incorporados al flujo del capital, aunque no todos visibilizados en igual medida”. Realidad insoslayable.

Presiones para hacerse turística

El avance hacia la “turistificación” (sic) de Bariloche y la región “fue un proceso que se consolidó con el devenir de los años y requirió la ‘mejora y el aumento’ de su oferta hotelera, gastronómica y de bienes y servicios en espacios cerrados y al aire libre, para constituirse como el primer centro invernal de América Latina y generalmente ser considerada entre las principales preferencias turísticas del país, tanto a nivel nacional como internacional para realizar actividades de verano o de invierno”, indica Gonzalo Barrios García en su estudio sobre la construcción turística de San Carlos de Bariloche.

A título de contexto, apunta la investigación que “las presiones para que la Argentina post dictadura se inserte competitivamente en el mercado global aumentaron a costa del deterioro de las condiciones laborales, del uso cada día más depredador de los recursos naturales de una estructura de subsidios, beneficios fiscales y políticas de sostén desigualmente asignadas y de una brecha creciente de distribución de ganancias o de uso y acceso a la naturaleza”.

En ese marco, “los Parques Nacionales, las reservas de lo ‘salvaje’ y la naturaleza en general, fueron readecuando su labor en función de la demanda cambiante de cada dirección de la Administración de Parques Nacionales y según los contextos económicos nacionales, pasaron de ser en sus comienzos descubridores y colonizadores, a ‘enriquecedores’ de la variedad de fauna y flora; luego, a conservadores de la biodiversidad local; y a guías para los visitantes”, según el repaso.

En ese recorrido, “su razón de ser, el entorno natural, fue redescubierto como recurso, como mercancía y como espectáculo ya no buscado en lugares distantes sino producido, reformado y vendido a través de interpretaciones simbólicas que focalizan cuidadosamente los horizontes deseables de sus visitantes”. En los párrafos que siguen de su trabajo, Barrios García procede a “reconstruir la conformación de Bariloche como ciudad eminentemente turística” a través de un pormenorizado análisis de sus fuentes, trabajo que se extiende por unas 20 páginas. Si fue “necesaria” la dicha “turistificación”, es porque la ciudad no era (¿no es?), “naturalmente” turística.

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