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18/06/2020

La santería ofrece un oasis espiritual para aquellos que encuentran resguardo en la fe

La santería ofrece un oasis espiritual para  aquellos que encuentran resguardo en la fe
La santería ofrece un oasis espiritual para aquellos que encuentran resguardo en la fe

Al principio de la reapertura comercial, durante la pandemia, cuando la modalidad a utilizar fue la de delivery, varios establecimientos reanudaron sus labores, sobre todo los gastronómicos. También locales de venta de indumentaria, con el mismo método, volvieron al ruedo.

Que alguien pidiera media docena de empanadas y una botella de gaseosa resultaba lo más normal del mundo. Que hubiera quien solicitara que le llevaran determinado modelo de zapatos en “x” número, en principio, podía llegar a sonar extraño, pero uno se acostumbra con rapidez a las nuevas realidades impuestas por la propagación del coronavirus. Ahora bien, que mediante el teléfono se procuraran tres estampitas, dos velas y la imagen de un santo… es algo más difícil de imaginar, pero, en cuestiones de fe, todo es válido.

La santería El Ángel, una postal característica de Bariloche, frente a la Catedral, comenzó a funcionar de esa manera cuando la cuarentena se aflojó un poco la corbata. Su propietario, Ricardo Riccio, explicó que en ese momento, las ventas fueron de un quince por ciento de lo que, hasta la llegada del coronavirus, era habitual.

Con el permiso de abrir las puertas comerciales durante cinco horas, el porcentaje se duplicó, y, con el actual horario, la situación mejoró bastante, aunque los números todavía estén lejanos a los previos.

La esposa de Ricardo, Norma Cángaro, estaba siempre en el establecimiento, junto a las empleadas, mientras que el hombre se dedicaba a la parte administrativa.

Hoy ninguno de los dos pasa por el local; cumplen con la recomendación de no hacerlo por ser mayores de sesenta años.

Riccio hizo una excepción para conversar con El Cordillerano. Así, comentó las medidas de seguridad incorporadas: alcohol en gel apenas se ingresa, una mampara que protege a la empleada, desinfección completa con lavandina a cada hora, y se atiende de acuerdo al número de documento, es decir a pares los martes, jueves y sábados, e impares lunes, miércoles y viernes.

Además, se sugiere a los clientes que realicen sus pedidos por teléfono, con anterioridad, para, al llegar, no tener que aguardar afuera si hay más gente en el negocio.

El sitio es pequeño y variopinto, repleto de todo tipo de objetos. Están las clásicas velas, cadenitas, biblias, pero también CDs, cartas de tarot, elefantitos “llama dinero” y un largo etcétera.

Ante tal variedad, los valores son muy diversos. Están las estampitas de unos pocos pesos hasta figuras importadas de resina que cuestan alrededor de seis mil.

Y, justamente, en la adquisición de productos está uno de los inconvenientes que trajo a nivel comercial el COVID-19. “Los mayoristas estuvieron dos meses cerrados, y cuando ellos abrieron las fábricas no lo hicieron”, contó Ricardo.

Sucede que la mayor parte de los sitios de manufactura se encuentra en el Gran Buenos Aires, una de las zonas bajo la lupa en estos tiempos.

“Además, los importadores están con dificultades serias”, agregó el propietario, lo que obstaculiza el arribo desde el exterior. En este punto, cabe mencionar que varias de las figuras a la venta son italianas, y que también se ofrecen artículos chinos.

“Si no se puede comprar, resulta imposible vender”, aseguró el hombre, con la vista en lo que puede suceder si la situación sigue como hasta ahora.
La problemática alcanza a los libros, que también forman parte de la oferta del lugar. “Hay editoriales católicas que están con grandes inconvenientes”, indicó Ricardo, y citó como ejemplo a la emblemática San Pablo, especializada en literatura cristiana.

Riccio, al opinar del presente económico del centro barilochense, expresó: “Toda esta zona depende del turismo; el futuro es negro. Nosotros somos agradecidos porque tenemos mucha clientela local, pero este invierno va a ser muy complicado”.

“Cada vez que tenemos una crisis, de cualquier tipo, nos aferramos a lo espiritual, en busca de una respuesta”, señaló, con respecto a la razón por la que las personas buscan cierta esperanza a través de objetos religiosos.

“Si estás enfermo, vas al médico; pero también le pedís a Dios que te ayude”, ejemplificó.

Y, justamente, el presente hace que San Pantaleón sea uno de los santos más requeridos, ya que es considerado el patrono de los médicos y enfermos.

Claro que, si bien las crisis provocan el despertar de la fe, también es cierto que, cuando son causadas por problemas monetarios, o están relacionadas con ellos (como sucede en la actualidad), por más deseos de acompañar con compras ese sentir religioso, la cosa se complica. “En forma paralela a la espiritualidad, corre la parte económica, que hace que la gente tenga menos dinero para gastar”, afirmó Ricardo.

El hombre explicó que la clientela del negocio conforma un abanico amplio, ya que hay mujeres y hombres, grandes y jóvenes, por más que los preconceptos tiendan a imaginar que solo los miembros de la tercera edad, en especial mujeres, son los que compran en este tipo de establecimientos.

En cuanto a la importancia que tiene, para la gente que acude al local, aquello que adquiere, Riccio resaltó: “La persona que viene aquí no compra una vela por el objeto en sí, se trata de un símbolo, de algo que utiliza para pedir y agradecer”.

En busca de la luz

El origen de la santería encierra una historia peculiar. Norma y Ricardo eran porteños, aunque vivían en Lincoln, Provincia de Buenos Aires.

En determinado momento, posaron sus ojos en el sur. Tenían familiares en Bariloche y decidieron mudarse a la ciudad.

A los pocos meses, la madre de Norma falleció, lo que la llevó a volcarse a lecturas espirituales como salvavidas en el dolor.

Y, de la nada, tuvo una especie de revelación: “Me desperté, me senté en la cama y dije: ‘Tengo que poner una santería’”, contó por teléfono desde su casa. Luego vio el local en alquiler, frente a la Catedral, y notó que todo cerraba.

Aunque reconoció que la religión siempre estuvo presente en su vida (ella y su marido son católicos), sentenció: “Jamás había imaginado abrir una santería; no tenía idea en qué me metía, este es un negocio muy amplio”.

A medida que la gente le solicitaba cosas, ella las incorporaba. Así, reconoce que en la actualidad la demanda lleva a vender productos otrora inimaginables: “Vivimos una época de mucha apertura, y soy respetuosa de otras creencias, porque en definitiva Dios es el mismo, y hay muchos caminos que nos llevan a Él, siempre a través del bien; no importa de qué credo se trate. Por eso nos abrimos a ofrecer otro tipo de objetos para conectar con lo espiritual”, dijo.

Sobre qué es lo que más se vende, la mujer no dudó: “Las velas, que representan la luz, el Espíritu Santo, la llama de Dios. La gente prende una, reza frente a ella y siente que hace algo concreto; representa la fe de la persona”.

Si en un primer momento, el dolor por el duelo que trajo la pérdida de su mamá la llevó a una espiritualidad que derivó en la apertura del local (el 11 de febrero se cumplieron veinticinco años de la inauguración), hoy se siente útil y agradecida, a partir del granito de arena que significa su aporte para la vivencia de aquellos que acuden a la santería: “Sin olvidar que vivimos de esto, porque es un negocio, lo mejor es darle una esperanza a la gente, poder ayudarla a tener fe durante un momento difícil, guiarla en lo que puede hacerle bien. Más allá de vender, hay que escuchar, brindar una palabra de aliento”, completó.

Christian Masello / Fotos: Facundo Pardo

La santería ofrece un oasis espiritual para  aquellos que encuentran resguardo en la fe
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