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“TODOS LOS DÍAS HAY QUE SUPERARSE”

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14/06/2020

Edgardo, un hombre de orden: suboficial del Ejército, músico y taekwondista

Edgardo, un hombre de orden: suboficial del Ejército, músico y taekwondista
Edgardo, un hombre de orden: suboficial del Ejército, músico y taekwondista

Edgardo Vera es suboficial principal, músico y profesor de taekwondo. No es que tenga un problema de multiplicidad de personalidades, sino que en esas tres actividades encontró un modo de transitar la vida.

A los dieciséis años resolvió inscribirse en la Escuela Militar. Suele suceder que el camino castrense se tome por una tradición familiar, pero, en su caso, la decisión llegó a partir de una promoción televisiva que convocaba al registro en la institución. “Vi la propaganda y tuve la suerte de ingresar como voluntario/músico, que era un sistema por el cual, a los chicos que querían aprender, les enseñaban también música”, contó Edgardo.

Oriundo de Bariloche, Vera estudió en la Escuela de Suboficiales General Lemos, de Campo de Mayo, Buenos Aires, de donde egresó en 1994. Estuvo en diferentes destinos, entre ellos el Batallón de Ingenieros de Montaña N°6 de Neuquén, localidad donde conoció a la mujer que se transformó en su esposa, Roxana, con quien tiene tres hijos. Ticiano, el mayor de ellos, que ahora cuenta con quince años, cuando tenía seis comenzó a practicar taekwondo. A los pocos meses, una de las hermanas (Ariadna, la del medio; la más pequeña se llama Luana) se unió al aprendizaje, y la actividad cautivó también al padre, quien hoy es segundo dan y, como parte de la Escuela Integral de Taekwondo Bariloche, dirigida por Solange Borasio, pasó a dar clases en el Club Nahuel Huapi.


Foto cedida por Edgardo Vera.

En cuanto a su faceta musical, Edgardo, de cuarenta y siete años, es encargado de la Banda de Música de la Escuela Militar de Montaña, donde toca el fliscorno contralto en mi bemol.

El Cordillerano: - En su vida se combina el militar, el músico y el profesor de taekwondo. Suena extraño…

Edgardo Vera: - Parece raro, pero no lo es tanto. Las tres actividades se rigen por un orden. La música es como las matemáticas, hay que saber ciertas pautas para avanzar. Sucede lo mismo con el taekwondo, donde uno arranca de no saber nada aunque en realidad nunca llegás a saber mucho, porque siempre se aprende-, y es bastante vertical, como lo militar, que comienza con una ilusión, un sueño, y lleva todo un método, tiene una graduación… al igual que el taekwondo, que nació en Corea desde una línea castrense (su creador fue el general Choi Hong Hi), como un arte de defensa, no de ataque.

E.C.: - ¿Qué encontró en el taekwondo?

E.V.: - Posee algo mágico, no hay límites de edad para practicarlo, tampoco impedimentos por la contextura física ni nada de eso, porque no se tiene una lucha con el que está enfrente, sino con uno mismo. Se aprende a vencer a los propios miedos, a expresar con el cuerpo cosas que con la boca quizá no pueda decir. Todos los días hay que superarse. Posee cinco principios: cortesía, integridad, perseverancia, autocontrol y espíritu indomable. Si no sale una técnica, hay que trabajar hasta conseguir realizarla, y eso lleva a saber que, en todos los órdenes de la vida, con práctica, se puede lograr lo que tenemos que hacer.

E.C.: - Es un arte marcial con un marcado factor espiritual, ¿verdad?

E.V.: - Sí, nuestro objetivo no está puesto en crear competidores, sino buenas personas, para que la sociedad sea cada vez mejor.

E.C.: - ¿Qué edad tienen sus alumnos?

E.V.: - En el Club Nahuel Huapi comencé con adultos, pero este año empecé a dar clases a niños.

E.C.: - ¿Cómo es enseñarles a los chicos?

E.V.: - Pensé que iba a ser complicado, pero es más fácil que dar clases a los adultos. Los nenes son fantásticos, hacen más cosas de las que podemos realizar nosotros; y te dan mucho cariño. Para poder enseñar, hacemos un curso de formación integral, donde tenemos psicología, educación física infantil, filosofía, primeros auxilios… son doce materias divididas en seis cuatrimestres. Con la preparación militar, uno tal vez es medio frío, pero viene un nene que te da un abrazo y te desarma. Esas cositas son las que te llenan; dan ganas de ir siempre.

E.C.: -¿Qué pasó cuando se inició la cuarentena?

E.V.: - Tuvimos un impase de un par de semanas hasta que la directora de la escuela activó las clases online.

E.C.: - ¿Usted forma parte de los encuentros virtuales?

E.V.: - Trabajo con la Sabonim (en coreano, “profesor honorable”) en algunos aspectos de armado, pero mi trabajo militar me ha restado tiempo para estar tanto en el taekwondo.

E.C.: - ¿La idea es volver a las clases presenciales?

E.V.: - Sí, con los cuidados que hay que tener, con todos los protocolos, porque primero está la salud, más que nada de los niños. Hay muchos ejercicios que al principio no se podrán hacer, claro.

E.C.: -¿Ya se habla de alguna fecha de reinicio?

E.V.: - No, porque no depende de nosotros. Hay que esperar que los clubes puedan abrir sus salones; en mi caso particular, el Nahuel Huapi.

E.C.: -¿Y el Ejército? Más allá de las actividades habituales del cuerpo castrense, usted estaba acostumbrado a ir a diferentes actos cívicos con el resto de la banda, pero, con la pandemia, ¿qué pasó?

E.V.: - El trabajo pasó a ser netamente de asistencia a la comunidad. Estamos enfocados en lo que es ayuda humanitaria. Por ejemplo, en la semana llegó un camión con víveres, bajamos la mercadería y se redistribuyó en la Línea Sur. Todas las mañanas salen nuestros vehículos, buscan los alimentos y se reparten por intermedio de la Municipalidad y el COE (Centro de Operaciones de Emergencia). En los primeros tiempos de reapertura de los bancos, por la mañana, acompañábamos con mate cocido y chocolate caliente a la gente que esperaba. También ayudamos en el armado de algún hotel destinado a la gente que tiene quepasar allí un tiempo preventivo. Ya no hay horarios estructurados, que era a lo que estábamos acostumbrados.

E.C.: - Cuando acercan los alimentos, la gente, al verlos, ¿cómo los recibe?

E.V.: - Muy bien, tenemos buena relación con la población. Nosotros somos nacidos de la misma sociedad, comprendemos lo que les pasa a todos.

E.C.: - ¿Cómo era un día habitual en el Ejército antes del coronavirus?

E.V.: - Por la mañana ejecutábamos la canción Aurora, el resto la cantaba y se subía la bandera. Ahí teníamos contacto con el director de la Escuela, que daba los lineamientos. En el caso de los integrantes de la banda, nos dirigíamos a la sala de ensayo y hacíamos la “cocina” de la música. Siempre, en lo que hacemos, tratamos de buscar la excelencia.

E.C.: - Lo que se vive excede cualquier comparación, ¿pero esta situación le recuerda algún momento en que haya tenido que colaborar por alguna cuestión particular?

E.V.: - Hace muchos años, en Buenos Aires me tocó estar en la repartición de elementos en zonas afectadas por inundaciones, y, en 2011, cuando fue lo de las cenizas (la erupción del volcán Puyehue), con la Escuela Militar trabajamos en todo lo que es la Línea Sur.

E.C.: - Al iniciar esta conversación habló del orden como factor común entre la música, el ejército y el taekwondo, ¿usted es muy esquematizado?

E.V.: - Uno arma un esquema donde se siente cómodo. Llevo un orden en lo que es el horario, las pautas de convivencia, en el respeto a los demás.

E.C.: - En su casa ¿se quejan de que es muy estructurado?

E.V.: - Hasta ahora no –rió-. El mío es un orden lógico.

E.C.: - Tras completar la carrera militar, cuando llegue el retiro, ¿se imagina que su vida seguirá unida al taekwondo?

E.V.: - Sí, porque, fuera de lo que es el Ejército, encontré un lugar donde poder desenvolverme, me siento contenido, y puedo enseñar… Sé que, con el paso de los años, vendrán limitaciones, pero creo que todavía voy a conseguir plasmar muchas cosas. Será una etapa diferente de la vida.

Christian Masello / Fotos: Facundo Pardo

Edgardo, un hombre de orden: suboficial del Ejército, músico y taekwondista
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