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“LA BEBIDA ES COMO UN IMÁN, TE ATRAE”

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09/06/2020

Walter contó su experiencia y destacó la importancia de las reuniones virtuales de Alcohólicos Anónimos

Walter contó su experiencia y destacó la importancia de las reuniones virtuales de Alcohólicos Anónimos
Walter contó su experiencia y destacó la importancia de las reuniones virtuales de Alcohólicos Anónimos

Un brasilero (llamémosle “X”), antes de la pandemia, vino a la ciudad en su viaje de Luna de miel. Pero quien imagine que todo fue excursiones, disfrute gastronómico, noches de placer en celebración por el casamiento, se equivoca.

A la tardecita, “X” se hacía un tiempito para acudir a la reunión de Alcohólicos Anónimos en el colegio Don Bosco, lugar que, junto a algunas parroquias, servía de sitio de encuentro para quienes padecen la enfermedad que los ata a la bebida.

A “X” le cayeron bien sus compañeros argentinos, así que, durante la pandemia, escogió el grupo virtual barilochense para intercambiar la experiencia de aguantar “la sed” durante la cuarentena.

Walter, un integrante del grupo local, explicó: “Nosotros todos los días tenemos que tener un encuentro, y si viajás, en la ciudad a la que vas, debés consultar si está Alcohólicos Anónimos. Esta es una enfermedad, y nuestra pastillita, nuestro remedio, es la reunión”.

En la redacción del diario El Cordillerano, Walter, de treinta y nueve años, pidió que no saliera su rostro en las fotografías, ni que apareciera su apellido en el artículo, para resguardar el anonimato que ofrece la agrupación a la que acude desde hace tiempo. En la intimidad apoyada por el silencio matinal, habló como si estuviera en un confesionario, pero con la idea clara de que su testimonio se haría público, en pos de que otros enfermos supieran que en la ciudad hay un lugar donde pueden encontrar ayuda.


Se pueden comunicar con Alcohólicos Anónimos las 24 horas.

“A los doce empecé a probar, y a los catorce fue mi primera borrachera”, comenzó. “Por experiencia propia, cuando vas a ser alcohólico, de chico ya sos medio revoltoso. Hablo incluso de la primaria. Para juntarte a jugar, siempre buscás a los desacatados, los que no estudian y tienen problemas con los maestros, los que fuman… Ese sería un síntoma de lo que podés llegar a ser. Ya cuando llegás a la adolescencia se ve que venías mal, que desde niño no eras sociable, y cuando empezás a salir, a ir a bailar, te agarrás del alcohol o de la droga”.

“Gracias a Dios terminé la primaria, pero en el secundario no llegué al final ni de primer año”, rememoró. “Ya me juntaba con gente más grande y más jodida; buscaba a los que se habían mandado algunas macanas”.

Walter buceó en su pasado para contar la trayectoria de su ruta alcohólica: “Una vez convencí a mi hermano mayor de que me llevara a bailar. Yo tendría dieciocho años. En ese momento, los boliches se abrían miércoles, viernes y sábados. A partir de esa ocasión, ya fui por mi cuenta todos los días que los locales bailables funcionaban, y me empecé a rodear de otros borrachos. También estaban los ‘cruzados’, como llamamos a quienes tienen problemas con la bebida y las drogas”.

“Cuando llegaban las seis o siete de la tarde, mientras otros volvían a sus casas a descansar, yo recién salía; como nadie te veía, ninguno imaginaba la vida que llevaba”, siguió.

El muchacho tocó fondo, y tuvo un año encerrado en su casa, depresivo. Para colmo, si bien no iba en busca de la bebida, el alcohol acudía a él.

Llegaba en forma de un supuesto amigo que arribaba los fines de semana con alguna que otra botella de vino, lo que solo servía para que el problema de Walter fuera in crescendo.

Un día, con veintiocho años, tras la insistencia de un primo que quería que lo acompañara, fue a Alcohólicos Anónimos.

“Me atraen las juntas, el ambiente de la bebida… tengo que tener cuidado. Cuando dejás de tomar tenés que dejar de ir a los lugares donde ibas; debés evitar a los conocidos de otras épocas, esas supuestas ‘amistades’. No eran amigos, solo gente con quien te ibas de copas”, señaló.

El disco de Fito Páez titulado “Tercer mundo”, de 1990, incluye un tema en el que el rosarino suelta una frase que a cualquiera que haya tenido problemas con el alcohol puede sonarle cercana. La canción se llama “Carabelas nada”, y reza: “Hoy paré con la botella, / todos saben lo difícil que es zafarse de ella, / ella tiene el par de piernas más largas que vieras / y hace que tu corazón parezca que aún siguiera”. Walter, a su manera, dijo lo mismo: “La bebida es como un imán, te atrae; un fantasma que por donde pueda se va a meter y te va a tentar”.

“El alcohol es bravo”, sentenció, para luego completar: “Yo agarré la bebida; ahora está la droga. Pero para drogarte tenés que tener plata, en cambio para mi problema estaban las cajitas baratas de vino en cartón. Yo tomaba cualquier cosa, aunque no llegué al alcohol fino, que es donde la mayoría suele terminar, porque cuando ya no queda plata para comprar recurrís a lo que tenés a mano, y en cualquier casa suele haber eso”.

Más allá de reconocer su personalidad adictiva, Walter puntualizó que su inconveniente fue, es y será el alcohol, no la droga, aunque reconoció que de joven fumó algún que otro porro, pero que eso no iba con él. En cuanto a lo de expresar su problema en pasado, presente y futuro, la razón es que él mismo aseveró: “La tentación es permanente. Alcohólico sos siempre, nunca te curás. Ojalá se pudiera… sería un alivio. Hasta el último día de la vida se puede llegar a morder el anzuelo”.

Cayó en la trampa hace dos años, con una recaída un fin de semana que empezó con bebidas energizantes. Pero el lunes posterior a esa salida de pista, contó lo sucedido en la reunión de Alcohólicos Anónimos y se metió de nuevo en carrera para no reincidir.

Vive con sus padres, y el papá también es un alcohólico en recuperación, pero Walter se encargó de desligar a la figura paterna de su problemática personal: “Eso no tiene nada que ver. Conozco muchos que tienen dificultades con la bebida y provienen de casas donde nadie tomaba. Yo tenía algo adentro, en mi personalidad, que me llevó a la enfermedad”.

En cuanto a la madre, indicó que antes también bebía, pero una vez ella le contó que, al analizar cómo estaba planteada la situación, decidió dejar de hacerlo: “Al ver que mi papá tenía un problema, observó que si los dos tomaban iba a ser un desastre, así que no lo hizo más”, expresó.

“Yo estuve en pareja, pero era una relación tóxica”, confió. “Si bien ella tomaba, no tenía dificultades con el alcohol, pero la cosa no funcionaba. En un momento quedó embarazada, y ya estábamos mal… Me dijo que si nos separábamos no me iba a dejar ver nunca al nene. Al final, perdió a la criatura”.

Todo ese anclaje, Walter no podría haberlo soportado si no fuera por las reuniones de Alcohólicos Anónimos: “Cada encuentro es un salvavidas”, afirmó. Y destacó la importancia de las reuniones virtuales en épocas de coronavirus: “Te salvan; si no fuera por eso no tendría dónde volcar lo que siento. Para un alcohólico no hay nada mejor que otro, porque siempre va a poder entenderte”.

“Otras personas me podrán tener piedad, compasión, pero eso a mí no me sirve; preciso que me escuche alguien que sufrió lo mismo que yo, porque me va a saber ayudar”, manifestó.

Quizá por eso, “X”, en Brasil, cada tarde busca conectarse a la reunión virtual por Zoom de Alcohólicos Anónimos Bariloche. Necesita hablar con estos argentinos que, más allá de las diferencias en el idioma, lo entienden mejor que nadie.

Contacto

Aquellos que deseen comunicarse con Alcohólicos Anónimos Bariloche pueden hacerlo por WhatsApp al 2944-410845, en cualquier momento, ya que la línea permanece disponible las veinticuatro horas.

Monos, pumas y chanchos

Walter presentó tres etapas “zoológicas” para retratar los grados del problema del alcoholismo:
1) Fase del mono: “Te hacés el payaso para divertir a los demás, para no caer mal por estar borracho”.
2) Fase del puma: “Te peleás con todos, te volvés agresivo. Ahí ya no te invitan a ningún lado porque saben que vas a armar lío… Andás solo, siempre enojado”.
3) Fase del chancho: “Estás en la calle, sentado en Onelli, tomando… Te ven tus conocidos y ya no te importa nada… O bien te intentás esconder inútilmente… Si tuviste trabajo y familia, ya los perdiste”.

Christian Masello / Fotos: Fabio Hernández