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4 DE JUNIO DE 2011

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05/06/2020

La caída de cenizas desde el refugio Frey: el recuerdo del temor, la aventura y la incertidumbre

La caída de cenizas desde el refugio Frey: el recuerdo del temor, la aventura y la incertidumbre
La caída de cenizas desde el refugio Frey: el recuerdo del temor, la aventura y la incertidumbre

Una joven de por entonces 14 años, rememoró su experiencia de la erupción del volcán Puyehue en 2011, cuando había subido con una escuela de montaña a esa ladera del cerro Catedral. Las sensaciones de quienes estaban allí y cómo pasaron la noche. La preocupación de los padres y la alegría de quienes disfrutaban la novedad.

El pasado 4 de junio se cumplieron 9 años de la – por ahora – última erupción del volcán Puyehue. Con anterioridad a ese inolvidable 4 de junio, había explotado otras cinco veces (1914, 1921, 1929, 1934 y 1960), pero en ninguna de ellas había demostrado semejante potencia, generando numerosas consecuencias.

Fueron muchas las vivencias de aquel sábado de junio. Todas desde diferentes perspectivas y con sensaciones encontradas. A Huilen Bandaccari Rebagliati le tocó vivir su propia experiencia desde el refugio Frey, hasta donde había llegado con tan solo 14 años desde Villa Los Coihues, junto a un grupo de chicos de la escuela de montaña de ese barrio. En esa oportunidad, ascendieron por la picada del estacionamiento del Catedral, para variar a la que ya tenían más conocida junto a la Cascada de los Duendes.

“Ese día subimos normalmente y justo cuando llegamos, empezamos a ver cómo una nube negra, muy rara, se iba acercando y el cielo se iba oscureciendo paulatinamente, hasta que empezó a anochecer en plena tarde. Parecía una tormenta de arena, porque literalmente llovía arena”, relató Huilen a El Cordillerano.

Al grupo de chicos lo hicieron ingresar inmediatamente al refugio, donde había muchísimas personas. “Desde adentro se sentían truenos y la tierra temblaba. No podría decir si hubo un sismo, pero estaba temblando, la tierra se movía y los vidrios dobles que tiene el refugio se movían y rechinaban”, graficó la joven.

Y añadió: “no sabíamos bien qué era lo que estaba pasando, suponíamos que era un volcán, porque ya había pasado algo así un par de años antes (la erupción del volcán Chaitén). Pero no sabíamos con exactitud de qué se trataba. Nosotros hacíamos chistes de que se venía el fin del mundo”.

La laguna del Frey y el entorno gris. (Foto: Rocío Villalba)

Mucha de la gente que estaba en el Frey reaccionó con temor ante este escenario lúgubre. Para colmo, las comunicaciones se habían cortado y no tenían idea qué era lo que estaba sucediendo. “Muchos se asustaron, aunque para nosotros que éramos chicos era divertido, porque lo tomamos como una aventura, desconociendo qué sucedía y qué podía generar. Estábamos maravillados”, agregó la joven.

Naturalmente, no permitían salir a nadie, pero el desafío del alma de aquella niña pudo más, por lo que pidió ir al baño que estaba en el exterior y no quedó más remedio que acudir a su pedido. “Cuando salimos tuvimos que usar las linternas porque estaba muy oscuro y con la tormenta de arena no se veía nada. Las linternas casi no alumbraban, por lo que tuvimos que ingresar enseguida”, contó.

Esta contingencia rompió con la monotonía del refugio Frey, lo que generó que deban distribuir las literas entre los más pequeños, los adultos se quedaron en pie toda la noche y no pudieron dormir. Además, para la cena se hizo una olla popular para que todos pudieran comer.

“Cuando terminó la lluvia de arena, había quedado todo tapado, estaba todo gris. Incluso, la poca nieve que había arriba quedó cubierta, así como la laguna. Y como no había señal de teléfono ni de nada, el refugiero tuvo que subir la montaña, para comunicarse con los bomberos. Hasta que pudo hablar con los Bomberos de Los Coihues, y el jefe del destacamento era el papá de uno de mis compañeros, y él se encargó de avisar a todo el barrio que estábamos bien”, describió la actual joven de 23 años, estudiante de Abogacía.

Plena caída de cenizas en el refugio. (Foto: Rocío Villalba)

A la mañana siguiente, el panorama era tenue y oscuro. La escuela de montaña de Los Coihues bajó a primera hora con dirección a la Cascada de los Duendes, para desembocar directamente en el barrio.

“Lo primero que notamos fue el lago Gutiérrez tapado de arena, que parecía tener islas. Además, el color había cambiado de ese azul típico a un turquesa muy fuerte, algo que recién hace poco comenzó a normalizarse”, expresó Huilen.

Una vez arribados los pequeños a sus hogares, el abrazo de sus padres fue enorme, por la incertidumbre de saber en qué condiciones se encontraban sus hijos. Allí, pudieron conocer en detalle lo que había sucedido: un hecho histórico que hace 51 años no ocurría y que seguramente permanecerá en la memoria de cada uno de los que habían salido a disfrutar de la belleza de la naturaleza y se encontraron con su fuerza y magnitud.

Diego Llorente