Sociedad
29/05/2020

Un sitio emblemático para la ciudad en peligro: "Estamos solos”

Un sitio emblemático para la ciudad en peligro:
Por: Christian Masello/ Fotos: Facundo Pardo

Directivos del centro de jubilados más antiguo de Bariloche ofrecieron detalles de los problemas que los acorralan desde el inicio de la cuarentena.

“Si esto sigue así, en unos meses vamos a tener que cerrar”, aseveró el presidente del Centro de Jubilados y Pensionados San Carlos de Bariloche, Ricardo Kramm, ante la falta de ingresos originada por la situación que se vive a partir de la pandemia de coronavirus y que, en caso de continuar, impedirá a la institución tradicional de la ciudad, ubicada en John O’Connor 876, el pago de servicios y demás cuentas.

Kramm y la vicepresidenta de la asociación, Rosa María Maderholz (“Rosemarie”, como llaman sus conocidos a esta profesora de alemán), se acercaron a las instalaciones del Centro para dialogar con El Cordillerano, pero las puertas del lugar, en realidad, desde el 20 de marzo solo se abren cuando asisten dos médicos. “La colaboración que nos dan ellos es la única que tenemos; solo ofrecen recetas, no hay atención a pacientes con tratamiento y ese tipo de cosas”, explicó el directivo.

Estos tiempos de aislamiento impiden el contacto con aquellos ancianos que solían visitar el sitio. En ese sentido, el hombre señala: “Ahora no podemos ofrecerles nada, no puede haber contacto”.

La asociación, hasta el momento en que se declaró el aislamiento preventivo, contaba con aproximadamente cuatrocientos socios que abonaban una cuota de setenta pesos.

Con ese dinero, más la contribución de aquellos que utilizaban el lugar para brindar diferentes servicios, aseguraban el mantenimiento. Pero ahora el ingreso es nulo.

La institución, que acostumbrada a realizar actividades recreativas mensuales, como almuerzos y bailes que también servían para juntar fondos, ahora se halla inactiva.

“Ya no podemos hacer ningún encuentro”, se lamentó Kramm, al recorrer los salones vacíos.

“En el impuesto Inmobiliario tenemos un descuento del cincuenta por ciento, y en el de Rentas un poco más, pero los servicios los tenemos que pagar en su totalidad”, explicó. Hubo diferentes tentativas para obtener algún tipo de beneficio, pero, al menos hasta el momento, no dieron resultado. En ese sentido, el directivo señaló: “El año pasado solicitamos ante el Centro Nacional de Organizaciones de la Comunidad (CENOC) una tarifa social; terminamos los trámites en diciembre, pero no sucedió nada. También desde PAMI nos prometieron que colaborarían en realizar la gestión, pero tampoco ha habido un efecto positivo”. Kramm se lamentó: “Por ningún lado tuvimos respuesta y está todo parado. Estamos solos”.

El sitio, hasta la llegada del coronavirus, era un lugar de reunión, donde se ofrecían talleres, algunos de ellos gratis y otros por los que había que abonar una módica cantidad, y, en el caso de los socios, incluso con un descuento. Además, las personas consultaban diferentes cuestiones relacionadas con las problemáticas del sector de la tercera edad y siempre se trataba de darles una solución. “Hacíamos de puente para conectarlos con el sitio al que tienen que ir para arreglar su inconveniente”, indicó Maderholz.

El centro de jubilados, con personería jurídica desde 1982, es el más antiguo de la ciudad, y funciona en terrenos que, en su momento, donó la municipalidad. “Este año recién conseguimos la escritura definitiva”, observó Kramm.

Además, agregó: “La Municipalidad, desde Tierra y Vivienda, nos prometió ayuda para reparar ciertas cosas relacionadas con la construcción, pero hace un año y medio que estuvimos dando vueltas y no llegaron más novedades”.

“No tenemos plata para hacer nada”, observó con dolor. Hasta antes de que se desatara la pandemia, la idea de la comisión directiva era trabajar en la edificación lindera, que nunca se terminó, para agregar consultorios y salones para desarrollar nuevas actividades, pero todo quedó solo en el deseo.

En el presente, las cuentas a abonar por mes, en mantenimiento y servicios, superan los cincuenta mil pesos.

El presidente de la institución manifestó: “Con las actividades que hacíamos, habíamos obtenido una ganancia que pensábamos utilizar en comprar materiales para arreglar el frente del edificio, ya que los alumnos del Centro de Capacitación Técnica lo iban a hacer como parte de sus prácticas… Pero tuvimos que utilizar ese ahorro para abonar impuestos y demás cosas”.

“Gracias a esa plata es que sobrevivimos, pero no alcanzará para mucho tiempo”, añadió. Kramm adelantó que, más allá de haber achicado los gastos al máximo, pronto se verá obligado a dejar de pagar algunos impuestos. “Tocamos varios timbres, pero hasta ahora no encontramos respuesta,” informó.

Cabe resaltar que tanto Maderholz -que pronto cumplirá 70 años- como Kramm (de 71) y el resto de la sociedad directiva cumplen sus labores ad honorem. “Lo hacemos por vocación”, afirmó la vicepresidenta, para luego añadir: “Sentimos que hacemos algo positivo por el prójimo desde lo social; estar acá es difícil, pero es un trabajo que da gusto hacerlo”.

Aquellos que deseen aportar su ayuda para que este sitio que brinda cobijo a los adultos mayores subsista, pueden contactarse por mail a [email protected] o bien a [email protected]

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