Sociedad
28/05/2020

La pandemia puso de relieve la calidad humana de la gente del Antu Ruca

La pandemia puso de relieve la calidad humana de la gente del Antu Ruca
Fernando Della Corte dio detalles de la actividad para ayudar a los alumnos y sus familias.
Por: Christian Masello/ Foto: Facundo Pardo

Luego de conocida la noticia la semana pasada, el profesor de la escuela Antu Ruca, Fernando Della Corte, dio detalles de la ayuda que un grupo de miembros de la institución brinda a las familias de los alumnos en situación de vulnerabilidad social.

Antu Ruca, en voz mapuche, significa casa del sol, y, desde la escuela que tiene ese nombre, los docentes, justamente, tratan de acercar algo de luminosidad a los miembros de la comunidad escolar que sufren los vaivenes a los que obliga la cuarentena, dándoles alimentos, artículos de limpieza e incluso ropa a las familias que la necesitan.

El presidente de la Asociación Ayuda al Necesitado, del Antu Ruca, Fernando Della Corte, explicó: “Todo empezó a partir de las tareas que debían realizar los alumnos. Veíamos que muchos de nuestros chicos, que pertenecen a un sector vulnerable de la sociedad de Bariloche, no se comunicaban, no nos entregaban nada por internet, entonces nos pusimos a ver si podíamos ayudarles con eso, llevarles nosotros los deberes, porque sucedía que algunos ni siquiera tenían conexión. Y, claro, cuando te acercabas se sinceraban y decían que la pasaban mal, que las familias no tenían trabajo ni nada ahorrado que les permitiera subsistir… Los docentes decidimos, entonces, hacer una colecta entre nosotros, para ayudarlos”.

Della Corte, que, más allá de su función como titular de la Asociación del Antu Ruca, es profesor de secundario, puntualmente de Física, contó cómo siguió la asistencia: “Armamos todo entre un jueves y un domingo. Pedimos permiso al intendente, para poder acercarnos a entregarles cosas a aquellos pertenecientes a la colectividad escolar que veíamos que más lo precisaban. Nos dijo que sí, aunque aclaró que por favor restringiéramos la circulación lo máximo posible”.

“El primer domingo que salimos llegamos a cinco familias”, señaló el docente, para luego añadir: “A la semana siguiente ya ayudábamos a diez, y ahora aproximadamente a doce”.

El educador indicó que, al principio, limitaban la colaboración a comida, después agregaron productos de limpieza, como lavandina y jabón. Luego, una docente propuso: “Por qué no compramos verduras y ampliamos un poco la calidad de lo que les ofrecemos”. “Y eso hicimos”, contó Della Corte. Comenzaron a solicitar, a gente cercana, apoyo monetario, y con lo que juntaron compraron bolsones en el Mercado Comunitario.

“De esa forma, ayudándoles así, la poca platita que tienen la pueden utilizar en otras cosas esenciales, como, por ejemplo, en leña y pañales”, relató el profesor.

Más allá de la comida y los elementos de limpieza, en sus recorridos dominicales, los docentes no olvidan su función educativa y acercan las tareas a aquellos que no pueden recibir los ejercicios vía internet.

Della Corte explicó que los alumnos del Antu Ruca, incluyendo a aquellos que van a jardín, primaria y secundaria, superan los trescientos. “Nosotros ayudamos a una mínima cantidad, que es la que pidió auxilio y vimos que estaba en una situación más complicada; ojalá pudiéramos brindarles asistencia a muchos más. La idea es hacerlo. Continuamos hablando con las familias, pero tenemos una cantidad limitada de cosas, por eso es que le pedimos a los ciudadanos su colaboración”, manifestó. En ese sentido, destacó: “Siempre que le hemos pedido ayuda, la ciudad nos apoyó”.

Cabe recordar que la institución, ubicada en Anasagasti 758, a fines del año pasado sufrió actos de vandalismo, por lo que se pidió la cooperación de la comunidad, ya que intrusos habían ingresado al colegio y provocaron destrozos. Todavía se están terminando de pagar ciertos arreglos que se debieron llevar a cabo.

Pero ni ese, ni cualquier otro inconveniente, impide que los profesores se vuelquen a ayudar a las familias de los chicos que hasta antes de la cuarentena concurrían a la escuela.

“Algunos comenzaron a trabajar, pero lo que pueden hacer es mucho menos que antes; la mayoría cumple labores informales, y los ingresos son inferiores a lo habitual”, declaró Della Corte.

Antu Ruca es una institución que recibe a alumnos provenientes de sectores en situación de vulnerabilidad social de toda Bariloche, por eso, en estos recorridos que realizan los domingos, el grupo de docentes se traslada por distintos barrios, desde el Eva Perón al San Francisco, pasando por Villa Los Coihues y muchos otros.

En cada hogar al que llegan, se encuentran con distintas problemáticas, pero el factor común es la necesidad. Más allá de las carencias, la gente que recibe a los docentes que arriban para brindar algo de ayuda y mucho de apoyo, le ofrece lo poco que tiene.

Así lo comentó Della Corte: “A las personas que asistimos les encanta vernos llegar cada domingo. Es increíble, pero más de una vez nos han dado incluso algo para comer. Tienen poco pero lo comparten. Al principio reaccionaban con cautela, pero ahora charlan, nos cuentan su situación… Cada vez conocemos más a los miembros de todas las familias”.

Además, también está el reencuentro entre los docentes, que al emprender estas visitas han vuelto a verse tras mucho tiempo de estar distantes, lo que genera a su vez una corriente de alegría que los empuja a hacer con más ganas la labor que impulsan.

Della Corte especificó que aquellos que quieran brindar su ayuda, ya sea con comida, productos de limpieza o dinero (luego se especificará en el Facebook de la asociación a qué se destinó la plata recibida) pueden comunicarse al teléfono +54 9 294 482-2589.

“Cualquier mano viene bien. El Estado da el IFE y otras cosas, y nosotros, al igual que los merenderos, ayudamos en la grieta que queda, donde el Estado no puede hacer más”, apuntó. Y, a modo de conclusión, el profesor confió: “Hace cinco años que soy docente en esta escuela, que es hermosa, cálida. Para mí, Antu Ruca es una familia, por eso ocupo mi tiempo extra en hacer gestión para el colegio. Uno se siente cómodo, puede ayudar, y esa ayuda ves que vuelve. Los chicos son muy cariñosos, y sus familiares te hacen sentir que sos parte de los suyos. Por eso decidí colaborar, ahora y siempre. En este momento me toca hacer esto, dar una mano”.

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