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25 DE MAYO TRISTE

21/05/2020

Un año sin Ruth Viegener

Un año sin Ruth Viegener
Ruth y su legado más heroíco.
Por: Adrián Moyano

Es increíble cómo su ausencia todavía hace mella en la comunidad artística de Bariloche. Y no sólo en la vinculada a la plástica. Una mujer que hacía de esta ciudad un lugar mejor.

El que firma estaba circunstancialmente en Puerto Montt el 25 de mayo del año pasado. A media mañana, supo por un mensaje de WhatsApp que Ruth Viegener había fallecido. Como siempre en estos casos, la incredulidad se fue desvaneciendo a medida que dejaba paso al estupor y al dolor.

Por cuestiones no sólo periodísticas estaba al tanto de un proyecto que iría a instalar en el Museo Nacional de Bellas Artes - Neuquén, que incluiría una suerte de grandes quillangos más una instalación sonora, a cargo de Anahí Rayen Mariluan. Esa cercanía tornaba todavía más incomprensible la partida. ¡Si estaba proyectando!

En pocos días se cumplirá el primer aniversario de tamaña pérdida. Recordar a Ruth todavía genera lágrimas, como cuando se inauguró la muestra de la colectiva “Tres a la deriva” en enero último, en la sala Frey. Y este cronista no quiso que el aniversario pasara desapercibido, en una coyuntura en la que queda poco margen para hablar de otra cosa que no sean la pandemia, los confinamientos obligatorios y las debacles económicas.

Para hacerlo, convocó a artistas que habían compartido con Viegener diversas circunstancias o proyectos. La idea original era elaborar una suerte de crónica a partir de los testimonios que hicieran llegar las y los convocados por escrito, pero los que arribaron son tan íntimos y sentidos que el hombre de prensa se llama a silencio, para que mejor se escuchen o lean los pareceres de Patricia Piñero, José Martín Villalonga e Ingrid Roddick. Si alguien se aventuraba por senderos inesperados del arte en Bariloche, esa era Ruth Viegener. Que se me permita también evocarla de una manera inesperada, tratándose este de un medio periodístico.

Con parte del staff de "Leche de burra".

Patricia Piñero

Y me decís "hay que dejar que el arte haga lo suyo. ¡Qué obre!"

Extraños son los modos en que cada unx (sic) de nosotrxs percibe la expresión de la materia.

Aunque hace ya un año que nuestros diálogos cambiaron su forma, ya no estamos en la fortaleza del arte en movimiento, tu casa, toda vos y todo cosmos, refugio de tantos corazones exiliados de sus propios territorios. Añoro los encuentros cotidianos a veces fugaces, otros tantos de tiempos demorados. Son las 4 am y sigo pidiéndole a Morfeo que aclare tanto remolino de imágenes, sentires y palabras que pulsan, se sumergen y transcurren como vos por el Limay. En este devenir de la corriente, quizás para otrxs otras obras, para mí aparecen persistentes heroínas convocadas al conjuro de la imagen entre el rojo de tu blusa de salir y el negro del I Ching que voy a abrir... “Arriba Ch´ìen, Lo Creativo, el Cielo, abajo Ch´ìen, Lo Creativo, el Cielo”... Es en sí mismo de acuerdo con su cualidad intrínseca, la fuerza, la energía”. Están ahí, con su materia prístina, sutil, cálida e iluminada buscando su norte que es el sur o en todo caso trayendo un maternar muy propio tuyo, tan inmenso que refleja un continente.

Y te digo que la clave se hace necesaria, no en la obra que tiene todo en ella, sino en nosotrxs a lxs que nos falta muchas veces la confianza para animarnos a mirar en el espejo de nuestras dudas y comprensión. Al mirarte, me veo en el miedo y el dolor que se dejan traslucir en el azul del agua de tus ojos, junto con la fuerza encendida de tu obra.

José Martín Villalonga

Una noche, hace tiempo atrás, soñé que estaba en la casa de Ruth. Ella llegaba con dos niños que tendrían aproximadamente 6 años. El varón se acercaba al teléfono y escuchaba los mensajes guardados en un contestador automático (qué anacrónico). Era el día de su cumpleaños.

Ruth, mientras tanto, acomodaba cosas que acababa de comprar y, de repente, recordó que había olvidado de pasar por el cementerio. Después, siguiendo esa caprichosa trama del relato onírico, ella ya no estaba y sólo escuchaba su voz en las grabaciones que sonaban en el parlante del contestador. Los chicos jugaban con papeles y cartones mientras dos mujeres mayores, tal vez parientes de los niños, recordaban a Ruth en sus relatos.

A veces aparece Ruth en mis recuerdos como si estuviera llamándome, indicándome que preste atención a tal o cual cosa y siento que la tengo al alcance de mi mano, con un mate, esperándome para charlar sobre Bariloche, el arte, su trabajo, mi trabajo. Quedaron un montón de preguntas sin responder y no me alcanza ni un registro de su voz guardado en una cinta magnetofónica que suena en un sueño.

Ingrid Roddick

Hace unos pocos meses soñé con Ruth. Soñé que había un evento o algo en su casa e íbamos muchas personas y ella estaba ahí, medio escondida.

No le digan a nadie que estoy acá, me decía, pero todos estábamos allí y sabíamos que ella también. Creo que es lo que me sucede con Ruth.

Bariloche, es entre otras cosas, saber que ella existe en él, como persona, como artista y como gestora. Me cuesta creer que ya no está, me pregunto qué producción le hubiera generado esta pandemia.

Agradecer y reparar

Aquel proyecto desmesurado de las Heroínas que Ruth Viegener llegó a instalar en el Museo Histórico Nacional y en el anexo del Congreso de la Nación, tuvo continuidad en una serie de publicaciones que llevó como título “Leche de burra”. Cada fanzine –en realidad, auténticos libros de arte- se consagraría a una de las mujeres que según su impulsora, habían protagonizado el proceso revolucionario sudamericano con tanta vehemencia como los héroes varones. Sin embargo, a ellas nadie las recordaba.

Los textos que hacen las veces de editorial en los dos ejemplares que el cronista atesora no llevan la firma de Ruth, pero son las ideas que desgranó frente al grabador varias veces. “América Latina se emancipó en tiempos sincrónicos. La historia habla de gesta de varones, aunque la sociedad era, como hoy, mixta. ¿Y las mujeres? ¿Dónde quedaron? Leche de Burra las busca. Por eso recurrimos a documentos e imágenes de época, a hechos y ecos, a la astrología, a la música y a un amplio abanico perceptivo-expresivo que facilita sondear el misterio esencial de un ser”.

¿Por qué nombre tan llamativo? “La leche de burra […] es un alimento que tiene en su esencia el poder de la reparación. Sus propiedades han servido, desde el tiempo de los antiguos griegos hasta la época colonial, para curar tuberculosis, irritaciones abdominales y estados nerviosos. Actualmente se la reemplazó por la leche de vaca, que es más fácil de producir”.

En el último de los párrafos de la edición correspondiente a Javiera Carrera, dice la columna: “Leche de Burra […] es una estructura cuya configuración emerge de interacciones horizontales, simultáneas y dinámicas, que invita al agradecimiento y a cultivar el rescate amoroso de las mujeres de nuestra historia cuya entrega, ha dado vida y ha nutrido a la humanidad, de la que somos parte”. Como dice Roddick en su párrafo (ver aparte), “Bariloche, es entre otras cosas, saber que ella (Ruth Vieneger) existe en él”. Vaya si la artista que añoramos, dio vida y nutrió a la pequeña parte de la humanidad que aquí conformamos.

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