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ALEJANDRO MEERAPFEL DESDE FRANCIA

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27/04/2020

“Esta experiencia nos permite valorar cosas que con la vorágine se nos pasaban de largo”

“Esta experiencia nos permite valorar cosas que con la vorágine se nos pasaban de largo”
“Esta experiencia nos permite valorar cosas que con la vorágine se nos pasaban de largo”

El reconocido barítono barilochense vive en Dijon. Todos los días regala su voz a los vecinos. A veces, elige un tango y se asombra del impacto que provoca en la gente. Contó sus impresiones sobre este particular tiempo de pandemia. Y los detalles de una propuesta que lo sorprendió.

¿Y cómo lo haría?, se preguntó Alejandro Meerapfel. ¿Con barbijo?, continuó con un prolongado silencio. El talentoso barítono barilochense vive en Dijon, Francia y las preguntas surgieron luego de una llamada que recibió en su casa en donde cumple la cuarentena. Del otro lado, uno de los responsables del teatro le propuso formar parte de una ópera en junio. Para poder cumplir con esa fecha, deberían comenzar los ensayos en mayo. Pero eso es muy pronto, supuso Alejandro, teniendo en cuenta las medidas restrictivas asociadas a la pandemia. 

“Me dijo que el teatro iba a estar vacío, iban a poner cámaras y transmitirlo por streaming”, contó Alejandro, con nítido asombro. Incluso, la producción del evento le transmitió que el concierto también será reproducido para las personas que no tienen internet, a través del teléfono.

“Bueno, evidentemente el mundo está cambiando”, opinó Alejandro, que, por supuesto reconoce el valor del arte, aunque en estas circunstancias le otorga estricta prioridad a la faceta sanitaria.

La trayectoria de Alejandro Meerapfel es siempre aplaudida; se presentó como solita en salas como el Teatro Colón, Konzerthaus de Viena, Victoria Hall, Grand Theatre de Ginebra, Hebbel Theatre de Berlín. Reconoció siempre que Bariloche está en sus recuerdos y emociones. “Ahí está mi corazón, la casa, los amigos”, apuntó. Ahora, le toca experimentar la pandemia de COVID-19 en la capital de la histórica región de Borgoña, en el este de Francia.

Alejandro vive junto a Eliana D´amato y sus hijos en la planta baja de un edificio de 5 pisos y disfruta de una terraza que sale a un patio grande que permite caminar y que los chicos respiren aire fresco, jueguen y se distraigan. “Es una salvación”, aclaró con notable convicción. Todos los días, cerca de las 20, regala su voz a los vecinos. Incluso, se suman otros vecinos de edificios cercanos para disfrutar del momento musical. Por supuesto, mientras canta, mira atento que la gente guarde distancia. “No queremos tener problemas”, reconoció entre risas.

“Cantamos ya un par de tangos y no podemos creer lo que gusta. No digo algo nuevo, pero igual me resulta asombroso”, contó y reconoció que la iniciativa le hace bien. La gente espera ansiosa el momento todos los días.

Sobre la situación de aislamiento y la pandemia, Alejandro consideró que es un gran aprendizaje. Y que permite valorar un montón de cosas que quizá en la vorágine se nos pasaban de largo. “Me refiero a nivel humano, vinculares”, aclaró y reconoció que no sale de su asombro por la situación que vive el mundo.

Hay imágenes que permiten descubrir aspectos de la sociedad que comienza a conocer. Alejandro recordó una situación que vivió en un parque que está a un kilómetro de su casa. Fue justo antes de la puesta en vigencia de las medidas más restrictivas del gobierno francés pero los parques ya estaban cerrados. “Una señora traspasó el cierre para que su hija juegue en las hamacas. Ingresó un señor y le dijo que no debía estar ahí de un modo muy amable. Y no se movió de ahí hasta que la señora se retiró”, contó y resumió que, en líneas generales, cumplen las reglas.

“No hay que dudar cuando nos dicen que nos quedemos en casa”, dijo. Y también que, ojalá, esto pase rápido.

Daniel Pardo