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SAQUEARON EL BANCO Y ESCAPARON EN AVIÓN

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26/04/2020

El robo más planificado, millonario e impactante de la historia local

El robo más planificado, millonario e impactante de la historia local
El robo más planificado, millonario e impactante de la historia local

Ocurrió en febrero de 1971, en la sucursal local del Banco Provincia de Río Negro. Una peligrosa banda armada, tras reducir a una decena de personas, logró apoderarse de todo el dinero disponible en el tesoro de la entidad: unos 88 millones de pesos.

Se alejaron de la ciudad en varios vehículos y completaron la fuga en una avioneta. A pesar de que hubo una resonante detención, el caso quedó impune. Detrás del suculento atraco, actuó una banda con fuertes contactos con los servicios de inteligencia, la policía y los militares.

Fue probablemente el robo más planificado e impactante de la historia local. Por la cantidad de personas involucradas, por el jugoso botín que lograron los asaltantes y por la metodología netamente cinematográfica que utilizaron para perpetrarlo. Casi 50 años después, el robo permanece en la memoria de los antiguos vecinos de la localidad y sigue siendo en la actualidad, uno de los más importantes de la historia argentina. Aunque es difícil trazar una equivalencia a valores actuales del botín del robo, en ese entonces los 88 millones de pesos ley, equivalían a unos 21 millones de dólares.

Cronológicamente el caso puede empezar a describirse casi desde la medianoche del 25 de febrero de 1971. Aunque con seguridad, la planificación y organización de tamaña empresa, comenzó mucho tiempo antes.

Aquel día, cerca de las 23.30, tres delincuentes llegaron hasta la casa en la que vivía Héctor San Romerio, subcontador de la sucursal Bariloche del Banco Provincia de Río Negro. Comenzó a concretarse el tramo final del plan que habían urdido y planificado al detalle.

Mientras dos delincuentes se quedaron custodiando a la esposa de San Romerio, otro trasladó al empleado bancario hasta la casa del subtesorero, Ovidio Gaiza, en el kilómetro 12,500 de la Avenida Bustillo. En el lugar encontraron a Gaiza en compañía de su esposa y una pequeña hija de ambos, de apenas meses de vida.

El dueño de la propiedad en la que vivía Gaiza, Bruno Bertosi, que vivía en otra vivienda en el mismo predio, observó los movimientos sospechosos y se acercó a preguntar qué era lo que ocurría. También fue reducido y pasó a formar parte del grupo de rehenes.

A partir de entonces, un puñado de delincuentes se dirigió hasta el hotel Pilmayquen -en la actualidad es el edificio donde funciona una parte del Poder Judicial-, sobre 12 de Octubre y John O’Connor.

Allí se alojaba el subgerente del Banco, José María Pérez. Ante la reticencia del conserje para aportar los datos sobre la habitación de Pérez, también lo redujeron y lo tomaron de rehén e hicieron lo propio con un huésped del alojamiento que justo se encontró con el grupo de delincuentes. En apenas minutos, el grupo logró dar con la habitación de Pérez. Tomaron de rehén a su esposa y se llevaron las llaves del tesoro de la entidad bancaria.

Desde el centro de la ciudad, se dirigieron nuevamente a la propiedad del kilómetro 12,500 de Bustillo. Los delincuentes maniataron y amordazaron a todas las personas que habían reducido. Eso sí, nunca perdieron el trato correcto y respetuoso y hasta besaron a la pequeña hija de Gaiza. No obstante, amenazaron con firmeza a los prisioneros para que no intenten ningún movimiento por al menos dos horas. El tiempo que necesitaban para completar el plan.

Alrededor de las cuatro de la mañana del 26 de febrero de 1971, el grupo de delincuentes logró introducirse al tesoro del banco y se apoderó de una suma cercana a los 88 millones de pesos ley.

La investigación logró determinar que para fugarse de la ciudad, utilizaron dos de los vehículos más potentes que producía la industria automotriz nacional por esa época: un Torino y un Dodge Polara, además de una camioneta Ford F-100 en la que habrían trasladado el voluminoso botín, compuesto por fajos de 5.000 y 10.000 pesos.

Mientras tanto, en la propiedad del kilómetro 12 de la Avenida Bustillo, el huésped del hotel Pilmayquen que había sido retenido junto a las otras personas, logró soltarse las ataduras y ayudó a los demás. Poco después, pudieron dar aviso a las autoridades, que pusieron en marcha un espectacular operativo para dar con los integrantes del grupo de asaltantes.

A pesar de que la fluidez de las comunicaciones no era la que conocemos en la actualidad, en poco tiempo se había alertado a todas las policías camineras de la provincia de Río Negro y también de las provincias linderas: Neuquén y Chubut. Además, casi todo el personal policial disponible fue abocado a la búsqueda del grupo armado que perpetró el atraco, inclusive, por vía aérea.

Promediando la mañana de aquel 26 de febrero, uniformados lograron dar con dos de los automóviles en los que se desplazaban los delincuentes: el Torino y la F-100. Pero no había rastros de los involucrados ni del dinero. Fue a unos 30 kilómetros de Bariloche, en una planicie ubicada cerca de la Ruta Nº 231.

Ya sobre el fin de la jornada, en el paraje Sañico, ubicado sobre la Ruta Provincial Nº 50, en cercanías de Piedra del Águila, policías de Neuquén dieron con el Dodge Polara. Estaba cubierto por una lona y encima le habían colocado numerosas ramas que lo hacían imposible de detectar en una vista aérea. Los delincuentes no dejaron detalles librados al azar.

Inspeccionando el lugar, la policía detectó una serie de huellas que rápidamente bajó las expectativas de encontrar a los autores del hecho. En ese lugar había habido un aterrizaje y luego un despegue de una avioneta, en la que evidentemente habían escapado.

Según se reconstruyó después, la aeronave, pilotada presuntamente por Aníbal Gordon, había realizado varios aterrizajes e incluso recargó combustible en el límite entre Mendoza y Neuquén.

Banco Río Negro. (Imagen ilustrativa)

 

TRAS ATRACO A JOYERÍA PORTEÑA

La investigación, una detención y la nada

El caso nunca fue esclarecido y fue investigado en un Juzgado de Buenos Aires que investigaba varios hechos vinculados a la persona de Aníbal Gordon. Aunque tuvo algún avance circunstancial, quedó en la nada.

Las autoridades presumieron que los autores del robo habían contado con la ayuda de jefes policiales y empleados bancarios, pero además, especularon sobre la participación de Gordon, que por entonces se dedicaba a asaltar bancos, entre otros delitos complejos.

La causa fue caratulada como robo calificado y asociación ilícita. Y tras varios meses, se pidió la captura de Gordon.

Más adelante hubo otros hechos delictivos en los que habría participado la banda, hasta un intento fallido de asalto a una joyería céntrica de la Ciudad de Buenos Aires. Ahí fueron detenidos Pedro Jesús Acosta y Aníbal Gordon. Los diarios de la época informaban que se comprobó “su participación en más de 50 hechos delictuosos”.

Los investigadores lograron establecer una conexión entre los que perpetraron el espectacular asalto en Bariloche y los que ejecutaron el de Arroyo Dulce. Puntualmente, en el modus operandi de ambos casos: la huida en avión.

Las autoridades confirmaron que Gordon sabía pilotear aviones y con testimonios confirmaron que permanentemente viajaba en un avión y que se desplazaba directamente desde una propiedad que había adquirido en Colón, provincia de Buenos Aires. Ese lugar, funcionaba como el “aguantadero”, es decir, la base de las operaciones que realizaba la banda, que además integraban otros malvivientes y que tenía como pantalla legal, la compra y venta de metales y plásticos.

LA MISMA BANDA

Otro robo similar

En Arroyo Dulce, Provincia de Buenos Aires, la banda liderada por Gordon perpetró otro atraco a una entidad bancaria. Pero esa vez lo hizo a plena luz del día y con el banco en funcionamiento. Encañonaron a un cajero, dispararon a los custodios y se llevaron un millón y medio de pesos.
Escaparon en un Torino, un Ford Falcon y una camioneta Fiat Multicarga. Más adelante, abandonaron los vehículos y huyeron en avión.

Un identikit que elaboró la policía sobre uno de los sospechosos.

LA SIDE Y A LA TRIPLE A

Aníbal Gordon

Conocido también como “Coronel Federico”, “Comodoro Ezcurra”, “El Viejo”, “El Jovato”, “Ingeniero”, “Profesor”, “Exquisito” o “Silva”, Aníbal Gordon tenía un frondoso prontuario: defraudación, violación de correspondencia siendo empleado de correos, robos, robos calificados por uso de arma, atentado a la autoridad, lesiones, sabotaje en maquinarias con explosivos, asociación ilícita, tenencia de armas y explosivos, privación ilegítima de libertad, intimidación pública.

Fue señalado como el cabecilla del grupo que perpetró el robo al banco en Bariloche y luego cayó detenido en el intento de robo a una joyería porteña. Le dieron tres años y medio de prisión.

Abandonó la cárcel de Villa Devoto en mayo de 1973 de manera sorpresiva y poco transparente, junto a otros peligrosísimos malvivientes, aprovechando la confusión que reinó tras un listado de presos políticos indultados que se emitió en el amanecer del gobierno de Héctor Cámpora. Las crónicas indican que pagó su libertad ingresando a la “Triple A”, aunque algunos documentos aseguran que ya pertenecía a los Servicios de Inteligencia del Estado desde 1968.

Fue el único civil que comandó el funcionamiento de un centro clandestino de detención y tortura: Automotores Orletti, que funcionó en el barrio porteño de Floresta, en el último tramo de la dictadura argentina, y con profunda actividad vinculada, sobre todo, al Plan Cóndor.

Archivos periodísticos abundan sobre Aníbal Gordon.

Su ocaso comenzó el 24 de agosto de 1983, cuando junto a su banda secuestró por dieciséis horas a Guillermo Patricio Kelly. Poco después, el 10 de febrero de 1984, día de su cumpleaños, fue detenido en La Serranita, Córdoba. Tenía tres credenciales de identificación con nombres falsos: un carnet de Inteligencia del Ejército, una cédula militar de la Policía Federal y un pasaporte diplomático uruguayo. Además, portaba un fusil FAL, una ametralladora y una pistola 9 milímetros. Para proteger a su familia no ofreció resistencia y hasta convidó a los efectivos de la Policía Federal que lo detenían, las empanadas, sándwiches y torta que compartía con su familia en el marco del festejo.

En octubre de 1986 Aníbal Gordon fue condenado a 16 años de cárcel. Su hijo Marcelo también recibió una pena de 8 años por ese secuestro. Murió en la cárcel de Caseros, producto de un cáncer de pulmón, el 13 de septiembre de 1987. Pese a ello, aún por estos años, se investiga el destino de varios millones de dólares que cosechó junto a su banda, a lo largo de su carrera criminal.

Sus datos no están claros. Algunos documentos sitúan su nacimiento en Colón, provincia de Buenos Aires, el 10 de febrero de 1930 y que tendría 57 años al fallecer. En esa ciudad compró varias propiedades y se radicó al menos temporalmente, tras el robo en Bariloche. Otros registros señalan que nació en Capital Federal, el mismo día de febrero de 1933, y tenía 54 al fallecer en la prisión.

Automotores Orletti.

APENAS UN PUEBLO INCIPIENTE

Qué pasaba en la ciudad por entonces

Bariloche era apenas un poblado con cerca de 30 mil habitantes. En los años previos, por ejemplo, se había inaugurado la Aerosilla del cerro Campanario y Boris Furman había elegido el cerro Otto para construir un teleférico con fines benéficos. El mismo año 1971 se realizó la primera edición de la Fiesta Nacional de la Nieve, aunque ya llevaba 29 ediciones previas sin tener el alcance nacional. También ese año falleció Américo Panozzi, el pintor que divulgó las bellezas sureñas.

En 1972, por ejemplo, se inauguró el Bariloche Center y el Centro Regional Universitario Bariloche comenzó a andar su historia.
Cinco años después del robo, la empresa Robles inauguraba el complejo de su mismo nombre en el cerro Catedral y se creaba INVAP, la empresa orgullo de los barilochenses.

El caso en números

· 1. La avioneta Piper que sirvió para completar la fuga.
· 3. Los vehículos que utilizaron para desplazarse en la ciudad y luego alejarse.
· 5. Las horas que demoró el grupo en tomar todos los rehenes, saquear el banco y escapar.
· 6. Los delincuentes que se presume participaron del hecho, aunque los testigos únicamente observaron 3 o 4.
· 12. Las personas que el grupo de delincuentes tomó de rehenes en distintos domicilios de Bariloche, hasta obtener las llaves de acceso al tesoro de la sucursal del Banco Provincia de Río Negro.
· 5.000 y 10.000, eran los montos de los fajos de billetes que los asaltantes embolsaron y se llevaron del banco.
· 88 millones de pesos ley, el botín del robo, unos 21 millones de dólares al cambio en ese momento.
· 30.000 mil habitantes tenía aproximadamente Bariloche por entonces.

Mariano Colombo