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DANIELA MOREIRA

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23/04/2020

La exitosa chef enamorada de Bariloche que dona desayunos a los médicos en Washington

La exitosa chef enamorada de  Bariloche que dona desayunos a los médicos en Washington
La exitosa chef enamorada de Bariloche que dona desayunos a los médicos en Washington

La cordobesa es considerada una de las mejores emprendedoras jóvenes de Estados Unidos. Con su restaurante frenado por la pandemia, sintió junto a su pareja Andrew que era tiempo de estar cerca de las personas que “están al frente de la batalla con el virus”. Además, contó su especial vínculo con nuestra ciudad.

Daniela Moreira es cordobesa de Alta Gracia. Vive en Washington y en octubre tiene programado su casamiento en Bariloche con su pareja, Andrew, que nació en la capital de Estados Unidos. Por supuesto, espera con cierta ansiedad que la pandemia lo permita. ¿Por qué Bariloche? La cosa fue así.

Ella se enamoró primero de los paisajes, la naturaleza, la comida y después él, en un viaje que hizo en bicicleta con su familia. Y después de una obligada negociación, definieron que era el lugar correcto.

Daniela es chef y la prestigiosa revista Forbes la incluyó entre las 30 mejores emprendedoras de menos de 30 años de Estados Unidos. Hoy, con su empresa detenida por la pandemia, dedica su tiempo a “alegrar a los que están dando la batalla” con sus famosas “bagels”, recién horneadas, todos los días, a las 6 de la mañana.

Apenas terminó la secundaria decidió estudiar gastronomía. Estuvo siempre convencida, aunque viajar por el mundo era su primer deseo. Por eso a los 17 años viajó a Italia, aunque en poco tiempo se terminó su dinero y tuvo que volver.

Daniela reconoce que los secretos de la cocina surgieron de su madre y su abuela, envueltos en un aroma imborrable en el camping familiar que tienen en la Serranita, en Córdoba. Ahí vendían comida durante los veranos y ella ayudaba. “Aprendí el trabajo duro. Y también que el liderazgo se ejerce haciendo, como lo hacía mi mamá cuando armaba las empanadas conmigo. La mayor enseñanza que me dieron mis padres fue que persiguiera mis sueños y que en algún momento se cumplen. Y así fue”, cuenta Daniela desde su restaurante en Washington, Call Your Mother (Llamá a tu mamá).

Las cosas en Washington DC siempre salieron bien. Primero llegó para aprender inglés e integró un programa para cumplir el servicio de cuidado de niños y niñas. Al poco tiempo ingresó a una escuela de cocina para inmigrantes. Y ganó una beca de 50 mil dólares para estudiar en la mejor universidad de cocina del mundo, en Nueva York. Trabajó en Eleven Madison Park, el distinguido restaurante de tres estrellas Michelin en Manhattan.

Más allá de los lujos, Daniela no se sintió cómoda. Percibió que su camino en la gastronomía era distinto. Un día, caminando se encontró con una persona con un horno a leña que vendía pizzas. “Me encantó lo que estaba haciendo, me enamoré”, recuerda sonriente. El valiente cocinero era Andrew que luego se convertiría en su socio y novio. Justo, en ese momento, él buscaba alguien que lo ayudara. Le dijo con absoluta convicción que iban a abrir un restaurante. Parecía una idea absurda. Pero el tiempo le dio la razón. Abrieron 5 restaurantes y emplean hoy a 145 trabajadores.

A Daniela le gusta aclarar siempre que el restaurante es una pequeña empresa gastronómica que debe generar oportunidades. “Nuestra idea siempre fue que los trabajadores crezcan”, asegura.

La pandemia cambió los planes. Daniela y Andrew estaban en Bariloche cuando llegaron las primeras noticias sobre el cierre de aeropuertos por el coronavirus, así que cambiaron los pasajes y regresaron a Washington. “Llegamos y el restaurante estaba lleno de gente. Tomamos la decisión de cerrar para que la gente se concientizara y no viniera. La seguridad de los empleados, su salud, eso era prioridad”, señala.

La situación ahora es distinta. Con las nuevas normas, la gente responde con responsabilidad. Se respeta la distancia, el uso de barbijos. “Estoy orgullosa como argentina de cómo se manejó la situación en comparación con Estados Unidos, que fue un caos”, dijo.

Luego de cerrar su exitoso negocio, pensó que algo debían hacer. Primero donaron la comida. Y sintieron que tenían la responsabilidad de hacer algo más. Pensaron en las familias que atraviesan situaciones sociales difíciles, pero el Estado cubre esas necesidades. “Decidimos que queríamos alegrarle el día a las personas que están al frente de la batalla con el virus, mano a mano”, comentó y, entonces, a las 6 de la mañana, aparecieron en los hospitales con 800 bagels. El momento estuvo impregnado de emociones, porque “están todos cansados, no dan más. Y a nosotros nos encantó porque nos subió el ánimo”. La joven cordobesa está contenta, se percibe con nitidez en su voz. “Ojalá nos veamos en octubre”, se despidió entre risas.

 

Daniel Pardo