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¿QUÉ SERÁ DE…?

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20/04/2020

Carlos Enrique Montenegro, integrante de la selección de Bariloche más ganadora de la historia del vóley

Carlos Enrique Montenegro, integrante de la selección de Bariloche más ganadora de la historia del vóley
Carlos Enrique Montenegro, integrante de la selección de Bariloche más ganadora de la historia del vóley

Marcado por todas las generaciones como uno de los mejores exponentes que ha tenido el vóley en Bariloche, “Charly” Montenegro fue integrante de un equipo que ganó todo y que fue dirigido por Juan Carlos Bertino.

El apellido Montenegro en Bariloche siempre ha sido sinónimo de vóley. Charly fue integrante del seleccionado local que de 1976 a 1982 ganó todos los provinciales que se jugaron. Una marca histórica de un plantel que supo ganarse el respeto en toda la provincia. Era el plantel a vencer por las restantes localidades de la provincia.

Nació el 2 de octubre de 1957 en Bariloche, vivió hasta los 10 años en Río Villegas donde sus abuelos y padres tenían la hostería de ese lugar y el histórico aserradero. Hijo de Enrique Montenegro y Raquel Martínez, es el segundo de cuatro hermanos, la mayor es Ana María, y luego le siguieron Susana y Roberto.

Hoy en pareja con Karina Zilly, tiene cuatro hijos, Natalia, Gianina, Florencia y Belén. Su hija mayor tuvo a su primera nieta, Josefina. Cursó sus estudios primarios hasta quinto grado en Río Villegas y cuando arribó a Bariloche con su familia siguió en quinto grado en el John Fitzgerald Kennedy que funcionaba donde estaba el Obispado de Bariloche. “Tardé 14 meses en hacer quinto grado (risas), es que en Río Villegas las clases eran de septiembre a marzo y luego continué en el ciclo normal de marzo hasta diciembre en Bariloche”. Ese año fue el mejor promedio, porque en la escuela rural había un solo maestro y tenía compañeros de todas las edades. Luego en sexto y séptimo grado y todo el secundario lo hizo en el Don Bosco. Cursó los primeros tres años en la Universidad del Comahue y con esos tres años o podías estudiar profesorado de matemática, física y química, o ingresabas en el instituto Balseiro. Quiso irse a Buenos Aires, pero la UBA de 14 materias cursadas le reconocía solo una.

Montenegro cuenta que “estaba ya trabajando en INVAP, yo tenía 23 años y me agarra un jefe y me pregunta qué iba a ser cuando sea grande, que no podía estar así, con todas las posibilidades que tenía. Así que en 1984 me fui a Buenos Aires a estudiar Licenciatura en Administración de Empresas en la UADE y volví a principios de 1990 y en 1992 ya era subgerente de finanzas de INVAP y desde 1995 en adelante ya fui gerente. Hoy soy uno de los dos subgerentes generales de la empresa”.

Todos coinciden en que fue el mejor en el vóley.

 
El vóley e INVAP

Montenegro cuenta que “en la época de la selección de Bariloche entrenábamos lunes y miércoles en Bomberos y ahí había un grupo de adultos de vóley. En ese grupo había un señor que le decían Cacho, un día me llama, yo le llevaba 8 años y me dice que él trabajaba en una empresa que se llamaba INVAP y que necesitaba pibes que tuvieran rapidez con los números. Yo le conté que estaba estudiando Ingeniería y en esa época mis padres alquilaban hoteles en Bariloche y yo los ayudaba. Me dijo que vaya el lunes y que preguntara por él. Me presento en la empresa y había una señora con cara de pocos amigos y le pregunto por ‘Chacho’, ese era el nombre con el cuál yo conocía al hombre que jugaba al vóley. La señora me dijo que no había ningún Cacho y de golpe de una oficina sale Cacho y la señora dice ‘él no es Cacho, es el señor Héctor Otheguy, subgerente de la empresa’. Él tenía unos 30 años y yo 21, jugaba muy bien al vóley, era buen armador, había jugado en Buenos Aires”.

Integró equipos que quedaron en la historia.

Sus comienzos

Charly Montenegro dice, “yo jugué al fútbol, no era ni malo ni bueno, lo hacía en el colegio de Río Villegas, habíamos hecho un arco y siempre las finales eran con la escuela del Foyel, viajábamos en un camión a los partidos. Luego jugué al básquet en el colegio, creo que lo hice desde primero a segundo año. El vóley recién empezaba porque estaba recién llegado como profesor de Educación Física, Juan Carlos Bertino. En tercer año me invitan y no me picaba o no me llamaba la atención, no lo veía como atractivo. Tenía un par de compañeros que jugaban y jugué en 1973 y en 1974 en el colegio Don Bosco y en el CEF 8. En 1974 viajé con el Don Bosco a Córdoba y en 1975 también, pero con el CEF 8, nuestro entrenador era Pichín Cejas, estaba también Gabriela Magistrali”.


Tiempo de selección

El ex jugador de vóley de Bariloche recuerda: “en 1976 me llamaron para una preselección de vóley y quedé en el equipo, viajamos y jugué mi primer certamen provincial en Choele Choel y lo ganamos. El año anterior el equipo de Bariloche lo había ganado en Cinco Saltos. Y a partir de allí, ganamos todos los provinciales. El único que perdimos fue en Beltrán en 1982. Allí se rompió el equipo, creo que se desgastó. Recuerdo muy bien que de Bahía Blanca para abajo le ganábamos a todos, viajábamos a Chile a jugar a Osorno y siempre ganábamos. Valdivia que siempre fue ciudad universitaria tenía muy buenos equipos, pero también siempre ganábamos. Siempre digo que me tocó transitar una época de gloria del vóley, se había conformado la Asociación de Vóley de Bariloche, estaba Comunicaciones, Estudiantes, Alas Argentinas, yo era delegado y jugador de Comunicaciones, y siempre participé de la parte organizativa. Las reuniones se hacían en el CEF, Tito Oporto era tesorero, estaban Juan Carlos Bertino, Edgardo José Dal Bianco. Se había hecho una liguilla local y desde ahí se elegían a quienes iban a integrar las preselecciones. Jugamos dos patagónicos en 1977 y en 1981 y los ganamos. Uno fue en Neuquén, y contra el local que lo tenían como seguro, y lo ganamos”.

 

La familia siempre presente.

Épocas doradas

Montenegro indica que “fue una excelente época deportiva, además de sacarte de la calle era una gran posibilidad, por ejemplo de viajar. En esa época nuestros padres no viajaban, sus vacaciones eran en casa para desenchufarse y si viajaban era sin hijos, y las primeras oportunidades que teníamos de viajar los pibes en esa época era a través del deporte. Recuerdo que debajo de Juan Carlos todo funcionaba como un reloj, en 7 años estuvo un año que no fue nuestro entrenador, se tomó un descanso. Me acuerdo que en Bahía Blanca había un equipo que se llamaba Unión Vasca con el cual jugábamos dos veces al menos en el año. Una vez allá y otra vez ellos viajaban. Eso nos daba más partidos a nosotros porque si no entrenábamos todo el año solo para el provincial que se hacía en septiembre. Hemos viajado a jugar a River o con Náutico Hacoaj y todo eso estaba ideado y llevado a delante por Bertino y la Asociación. Eran viajes muy largos, pero dormíamos en hoteles, concentrábamos. Me acuerdo que a Bariloche vino Corea a jugar a Bomberos contra la selección argentina en la época que jugaba Raúl Osana y eso lo hizo Bertino”.

Lo bueno de los intercolegiales

Añorando esos torneos, Montenegro rememora “los intercolegiales llenaban Bomberos, no estaba la tribuna nueva y había un balcón, no entraba más gente. Bariloche siempre fue distinto a las demás localidades de la provincia, a nosotros siempre nos costó todo. Hoy lo que veo que pasa es que los pibes se van, los dirigentes no consiguen espacios o gimnasios, además los equipos de acá siempre tienen que poner más plata para viajar que todos, porque es muy distante. Hoy los provinciales son tres o cuatro viajes como mínimo y una final, en nuestra época era un solo viaje y salía el campeón. Además esta es una ciudad con mucha fusión de varias colectividades y nos cuesta tener idiosincrasia local, de gente que defienda el ser barilochense. Hoy se ve que el resto de las localidades provinciales ha progresado y es mérito del esfuerzo, esto es sacrificio. A Bariloche en cambio le cuesta. En la época de Juan Carlos Bertino como entrenador, nos decía algo y nosotros asentíamos. Hoy se discute todo, creo se perdió mucho el respeto y es muy difícil manejar a la gente joven en un deporte. Chicos que prefieren no ir porque el técnico no los pone. Muchas veces fuimos suplentes, el entrenador muchas veces para algún partido le tiene más confianza a Pepe que a Josecito. Hoy hay menos paciencia y tenemos menos voluntad de asumir responsabilidades”.

Protagonizó historias imborrables.

La pérdida de amigos

Montenegro muestra una foto y dice “es duro, en este equipo hay cuatro chicos que ya no están más, se fueron muy jóvenes, Claudio Gressani, Daniel Nahuesin, el Tano Dal Farra y Cali Selpa; Selpa era un extraordinario tipo, un excelente jugador. Ellos fueron cuatro muy buenos amigos. El vóley me ha dado amigos y tuve muchos rebotes en la vida con este deporte. Es que es un deporte muy puro, la gente que lo practica, no tiene mayores problemas. Hoy en mi trabajo me sigo cruzando con mucha gente que jugó en otros equipos. De la empresa RIVA, de El Valle, su dueño siempre jugó para Cipolletti. Un exintendente de Cipolletti, también jugaba en Cipolletti. Nosotros arrancamos a los 15 años, siendo muy rústicos, sin mucha técnica, pero teníamos algo que los chicos no tienen, teníamos la voluntad del sacrificio, de ir a todos los entrenamientos y si jugábamos de visitante, mucho mejor, nos agrandábamos, pero era por la garra. El ‘Chino’ Novak, o Dal Farra, no tenían gran técnica, pero el temple que tenían esos chicos es monumental, tenían mucha fortaleza mental. Yo siempre digo que tuve la suerte de jugar en un equipo de 6 donde nuestros errores pasaban desapercibidos porque había cinco que los corregían, porque en muchos deportes, es como decía Bonavena, te sacan el banquito y te quedás solo”.

Los grupos valen oro.

“Trazaría el mismo camino”

Montenegro reflexiona, piensa y dice “creo que soy un agradecido a la vida, haría exactamente lo mismo que hice. Yo le debo mucho a Juan Carlos Bertino. Soy exigente claramente producto de Juan Carlos, José Juncos que me dio una mano importante, fue capitán del equipo durante mucho tiempo, vos aprendías al lado de él. A Cacho Otheguy, estuve con él 40 años de mi vida. El deporte en sí me hizo ser ordenado, me hizo tener voluntad, esfuerzo, todo eso lo tomé del deporte. El vóley es una marca de vida, marca a las personas a que tengan una vida sana. Hoy la verdad cuando tengo tiempo, veo mucho deporte en la televisión. Un Boca - River, soy hincha de San Lorenzo, pero no sé quién es el arquero, obviamente los partidos de selección, la época de la generación dorada del básquet lo vi todo, los partidos de Manu Ginobili, el vóley, hockey, el tenis, miro golf, admiro esa fortaleza mental de los deportistas que practican disciplinas individuales”.

Anécdota

Charly, al igual que muchos de los deportistas de ese añorado Bariloche tiene muchas anécdotas, pero recuerda una, donde se combinó su trabajo con el deporte que le tocó transitar. “Con Unión Vasca de Bahía Blanca hicimos muchos amigos. En 1997 o 1998, viajé por INVAP a Egipto y la empresa había contratado a un traductor libanés que había vivido en Bahía Blanca y en su estadía en la Provincia de Buenos Aires había trabajado en la Aceitera Moreno y me lo cuenta y me dice que tenía relación con dos personas de Unión Vasca. Le pregunté si tenía comunicación con ellos y me dice que sí. Entonces le digo que les cuente que había ido a un partido de vóley y en el equipo del príncipe jugaba un tal Charly Montenegro, que estaba rebien y que le pagaban 200.000 dólares por mes y que le diga que les había mandado saludos. Pobres, los tuvimos como quince días así, hasta que les contamos la verdad (risas). Eso es lo que el deporte te deja, amigos y relaciones”.



Por Martín Leuful