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16/04/2020

Criado en Bariloche, trabaja en África con chicos que sobreviven a la extrema pobreza y violencia

Criado en Bariloche, trabaja en África con chicos que sobreviven a la extrema pobreza y violencia
Criado en Bariloche, trabaja en África con chicos que sobreviven a la extrema pobreza y violencia

El orfanato conducido por este barilochense, alberga, alimenta y educa a setenta niños huérfanos que llegaron a esa situación por las guerras y la puja armada de grupos rebeldes que operan para capitales belgas y norteamericanos. La República Democrática de El Congo, es uno de los países más ricos del África, en materia de minerales, como el oro, pero paradójicamente su población es una de las más castigadas por la pobreza, la delincuencia y la extrema violencia.

Patricio Villarroel, nació en Chile y a sus once años de edad llegó, junto a su familia, a Bariloche. Residieron en el barrio San Francisco III. En 1997 viajó al África para trabajar como voluntario en la ciudad de Goma. Allí conoció a Kavuo Kyeya quien se convirtió en su esposa y con quien tuvo tres hijos.

En el presente su lugar de residencia está en la Provincia de Buenos Aires.

Este matrimonio, que pertenece a la religión evangélica pasa la mayor parte de su vida en Goma, ciudad de la República Democrática de El Congo, donde trabajan como misioneros en el orfanato Happy children.

A sus 23 años, Patricio viajó al África para trabajar en Ruanda, en los campos de refugiados de lo que por aquel entonces se llamaba Zaire; corría el año 1997.

En el presente trabaja junto a Kavuo en la educación de niños desprotegidos. “Siempre con la ayuda de Argentina. Apoyamos a niños y escuelas vulnerables. Hemos favorecidos a unos quince mil niños. Vamos a las escuelas a las que apenas asisten con un cuaderno y un lápiz. Es una situación difícil de explicar”, contó Patricio en diálogo con Antonio Zidar, en el programa El Expreso Periodístico, que se emite por El Cordillerano Radio.

Al hablar de Goma contó que “es un lugar azotado por el hambre, la guerra, las matanzas. Abunda la orfandad, la pobreza y es muy difícil tratar con la gente en esos aspectos”.

Niños felices

“Abrimos nuestro orfanato, Happy children, hace poco más de dos años. En la ciudad de Goma hay más de un millón y medio de habitantes y cientos de orfanatos. Los hay de treinta hasta de cuatrocientos niños. En el nuestro tenemos setenta”, contó Patricio.

La orfandad en El Congo es una realidad que se debe a la guerra y la falta de asistencia sanitaria. “Allá todo es carísimo, la medicina es carísima”, pese a ser uno de los países más ricos del África, en materia de minerales como el oro, con importantes reservas. Sin embargo y paradójicamente, la gente vive inmersa en el peor de los abandonos y la más extrema de las pobrezas.

“Para salir de la ciudad, nos vemos obligados a formar caravanas de automóviles, para evitar ser atacados por los grupos rebeldes que operan en la zona de las grandes riquezas minerales”, comentó.

Según datos que aportó Patricio, los pobladores de El Congo sobreviven con un dólar al día, pese a estar rodeados de oro. “Hay lugares en los que el polvo de oro se pega en los calzados y en la rueda de los vehículos”, graficó.

“Estos grupos rebeldes responden, como en casi todos los países de África, a los gobernantes que están en el poder. En El Congo el gobierno permite todo esto. Ellos se enriquecen. Mayormente las corporaciones internacionales se apoderan de las riquezas. Los que matan no son los blancos sino los propios locales, que son financiados por capitales extranjeros. Pagan por los minerales con dinero y armas”, dijo Patricio.

“Hoy, los belgas no son colonizadores de forma legal, pero sí lo son de forma indirecta. El dinero que llega a El Congo debe de pasar por las manos de Bélgica; ellos deciden todo junto a los norteamericanos”, destacó el misionero.

Si bien el COVID-19 no llegó a esa zona del África, como al resto del mundo, hay brotes de ébola, que desembarca en las aldeas. “Esto al mundo no le importa tanto como el COVID-19. La situación es distinta”, analizó Patricio.

Según apuntó cada nación de Europa y los norteamericanos, tienen gente “trabajando” en El Congo.

Sanando corazones

“A los niños que tenemos en el orfanato los queremos y tratamos como a nuestros hijos; están desde una forma legal con nosotros. Pueden seguir la universidad, tener un oficio y una profesión, no solo aspiramos a darles de comer”, confió.

“Cuando llegan extranjeros y gente de Naciones Unidas se asombran de la forma en la que trabajamos. Tenemos una mente latina de cuidado”, subrayó.

“Tratamos de sanar sus corazones. Estos niños vivieron lo peor, la mayoría son huérfanos a causa de las guerras. Vieron asesinar o violar a sus madres y por eso no solo les damos de comer. Les mostramos el amor que nunca tuvieron”.

“Tenemos también chicos que sus madres murieron en el parto o tienen sida. Algunas deciden entregarlos a un orfanato, antes que dejarlos morir. Son casos muy duros con los que tenemos que lidiar todos los días”, confesó.

El Congo tiene más de ochenta y cuatro millones de habitantes. Su Producto Bruto Interno (PBI) lo convierte en una economía rica.

“No te permiten a hacer nada. Todo está controlado por EE.UU. o Bélgica. Tuvimos el caso de amigos que han querido desarrollar proyectos y no se lo permitieron”, declaró.

Varados en La Pampa

Patricio contó que debido a la cuarentena quedaron, con su mujer, varados en Colonia 25 de Mayo (La Pampa). Viajaban hacia Bariloche, pero debido a esta situación no pudieron cruzar el Río Colorado para ingresar a la provincia de Río Negro.

“Tengo allá –en Bariloche- a mi familia. Estamos en una recorrida para obtener fondos para desarrollar proyectos en El Congo”, contó. “Llegamos el 12 de marzo a la Argentina. En El Congo, en ese momento, no había ningún caso de coronavirus. Teníamos todo un programa, de cuatro meses de actividades, en distintos países para Happy children, pero no pudimos seguir”.

“Tenemos a uno de nuestros hijos en Bariloche y hace meses que no lo vemos. Tengo a mi madre y conocidos de toda la vida allá”, contó Patricio.

Maldito por su riqueza

El Congo es un país maldito por su riqueza, que ha sufrido desde la esclavitud, hasta la más profunda pobreza.

Cada uno de los siete empleados de Happy children, cobra mensualmente cien dólares, cuando un sueldo promedio en Goma es de 30 dólares.

“La gente nos pide, por favor, trabajo, aunque sea por veinte dólares al mes. Cuando se enteran lo que pagamos, lo ven como algo excelente”, dijo.

Entre otros datos contó que en Goma, un kilo de carne cuesta seis dólares, una gallina viva (de unos dos kilos) la pagan entre siete y ocho dólares.

“Quizá alguna vez en su vida puedan comer un bocado de carne”, analizó el misionero.

“Queremos que nuestros niños sean bien tratados, por eso pagamos cien dólares al mes y hasta ayudamos a otros orfanatos. Muchas mujeres se ofrecen para trabajar para de esa manera lograr que sus hijos al menos coman”, detalló.

En el orfanato enseñan danzas, canto y otras actividades culturales. “Esperamos que de esta manera haya un futuro diferente para estos chicos”, apuntó.

Quienes quieran conocer más de la tarea de este orfanato, pueden contactarse con ellos a través del Facebook: Orfanato Happy Children de República Democrática de El Congo o Patricio Villarroel, también en Facebook. O vía WhatsApp al número de Patricio +5492473450350.