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28/03/2020

¿Qué será de…? Rubén Ascenzi, el Coyote, dos veces campeón de la TN 1-100

¿Qué será de…? Rubén Ascenzi, el Coyote, dos veces campeón de la TN 1-100
¿Qué será de…? Rubén Ascenzi, el Coyote, dos veces campeón de la TN 1-100

Rodolfo Rubén “Coyote” Ascenzi se coronó dos veces campeón de la TN 1-100. La primera en 1998 y la segunda en el año 2000. Nacido en San Martín de los Andes, antes de cumplir su primer año se trasladó a Bariloche, donde transcurrió toda su vida.

El piloto fue campeón de la categoría TN 1-100 dos temporadas y luego se retiró. Su vida transcurrió siempre debajo de los autos, ayudando y colaborando con grandes del rally. Varios fueron los grupos que se armaron para colaborar con diferentes pilotos en una época dorada del automovilismo. Cuando uno habla de Ascenzi, indudablemente se lo relaciona con alineación, balanceo y tren delantero, entre otras cosas, llegó a ser de los más buscados por diferentes pilotos para estos temas en sus autos de carrera.

Ascenzi nació el 17 de mayo de 1956 en San Martín de los Andes, hijo de Rodolfo Alejandro y Amina Dhadha. Tiene una hermana, Ana María. Se casó con Susana Rouselot, tiene tres hijos, Javier, Pablo y Andrea, y ya es abuelo de Camila. Arribó a esta ciudad todavía sin haber cumplido un año y cursó sus estudios primarios en Don Bosco, en cuanto al secundario “tuve que ir a varios”, cuenta entre risas.

Rubén Ascenzi, a sus 62 años, comienza contando que “siempre estuve debajo de los autos de carrera, ayudando al equipo de Pedro Siza, estuve alguna vez en el grupo de colaboración de Aníbal Eggers (alguien que me ayudó mucho en mis conocimientos), con Carlos Bravo, pero recuerdo que mi cuñado Roberto Rouselot comenzó a correr en los Fiat 600 en pista e íbamos a competir a diferentes circuitos de la región, época en la cual el flaco Eggers ya está dejando para dedicarse de lleno al Rally. En esa época me vinculé con un ingeniero industrial que desarrollaba motores, Di Nezio, quien me enseñó mucho”.

Junto a su señora Susana Rouselot.

Mi primer auto

Ascenzi sigue narrando su historia diciendo que “recuerdo que mi padre fallece, y nos deja algo para mí y para mi hermana. Llego a mi casa, y le digo a mi familia que veamos que íbamos a hacer con esto para todos. Ellos me dijeron que sabían lo que yo quería, que era mío a pesar que era el abuelo de ellos, no fue que me lo rechazaron, fue que me dijeron que cumpliera mi sueño de tener mi auto de carrera. Lloré mucho, cumplí mi sueño y tuve el gran apoyo de mi mujer y mis hijos. Lo pensé unos días más y todos me decían que lo hiciera, así que me puse a buscar un auto de carrera, uno de calle. En esa época yo trabajaba con Oscar Valverde y en ese taller, en calle Los Colihues, estaba el auto de Carlos Paco Azpiri que lo guardaban ahí. Encontré un 128, lo desarmé entero, lo dejé pelado, le saqué todo y se lo llevé a Andrés Iglesias y a su papá Isidoro. De tantos años que estuve debajo de los autos y vi cómo se hacían las cosas, en uno de los tantos autos en los que ayudé, el de Eggers, conocí a Chiche Tapatá que me enseño de jaulas y daba siempre muchos consejos. Había aprendido que la jaula de seguridad, además de ser seguridad, había que hacerla muy bien porque de ello iba a depender como el auto frenaba, aceleraba y doblaba, entonces la hice como yo entendía que debía hacerse y ellos lo llevaron adelante muy bien. El auto quedó en el taller en el que estaba Oscar Valverde, allí me dieron lugar y lo fui armando durante varios meses. El motor lo cargué en el baúl de mi auto y viajé a Cipolletti, vi al ingeniero Di Nezio, le di el motor, le llevé el reglamento de Bariloche y me dijo que volviera en al mes”.

El debut

Rubén Ascenzi continúa con su relato diciendo que “al mes, volví a viajar y traje el motor, lo pusimos y comenzamos a trabajar en el auto. En el chasis, yo inauguré los tensores traseros que hoy están en el reglamento de Bariloche. Los puse porque me decían cómo funcionaba la alineación del auto cuando doblaba con la jaula. Con esos tensores, es diferente el manejo que sin ellos. En la primera época recibí mucha ayuda de Oscar Valverde y de Julio Cobos que fueron quienes me dieron una gran mano. Cacho Molina me enseñó a poner a punto el auto, Fernando Vargas era el custodio del auto y hacía parte de mecánica, era muy celoso del auto. La electricidad más adelante la hizo Guillermo Boock. Luego comencé a hacerlo yo y Fernando Vargas. Me acuerdo que la caja siempre se me rompía hasta que le encontré el secreto que todavía hoy lo guardo. La primera salida del taller salió manejando Oscar Valverde y yo estaba sentado en el asiento del acompañante. Salimos por calle Esandi y lo probamos, me dijo que estaba muy bien y a las semanas debuté. La primera carrera fue un super prime que organizaban Zohil y Lefemel. Me anoté, se largaba desde la Ruta 23 y se llegaba hasta la recta de AMEC. Eran tres pasadas, ahí aprendí que no era el mismo manejo en un auto de calle que en uno de carrera. Creo que llegué último”.

El Coyote Ascenzi, dueño de dos campeonatos de la TN 1-100.

 

 

Comenzaron a llegar los títulos

Ascenzi fue recto y sin vueltas en su vida. Su dedicación lo llevó a conseguir los títulos. “El primer campeonato fue en 1997, le puse al auto el número 30, fue un campeonato muy corto y creo que terminé quinto porque en 1998 largué con ese número. Ese año logré mi primer título y peleamos hasta la última fecha con Tito Avilés que hoy vive en El Foyel. En el ‘99 el título se lo lleva él y en el 2000 lo consigo yo nuevamente.

Fueron tres campeonatos muy lindos, peleados. Recuerdo que, en el 97, en el año que debuté yo tenía un gran motor y un buen chasis, el problema lo tenía entre el volante y la butaca (risas). Me costó muchos meses aprender a manejar. Las primeras carreras me pasaba de largo y me iba siempre contra el alambrado en El Rebenque, inclusive lo llamé a Di Nezio y le dije que algo andaba mal en el motor. Él me dijo que el problema era mío. Yo no sabía frenar y me costó aprender a frenar. Había muy buena relación en el autódromo, era todo camaradería. Con Avilés queríamos ganar, pero afuera nos prestábamos cosas para preparar los autos, hablábamos mucho, creo que es una de las cosas que falta hoy en día. Recuerdo que todavía me faltaban varios meses para correr, yo estaba preparando mi auto y un día viene Yoko Arriegada y me dice -hay que pagar la cuota porque vos vas a correr y a disfrutar lo que se está haciendo- habían comprado un camión regador, el que está ahora y lo pagamos entre todos sin chistar, nada se cuestionaba”.

Rubén guarda recortes del Suplemento Adrenalina de El Cordillerano.

Anécdotas

Rubén Ascenzi tiene varias anécdotas de su paso por el automovilismo local. “Me acuerdo que Coyote me bautizó Montoya, que transmitía las carreras y a Azpiri le puso Correcaminos, entonces en los relatos hablaba que el Coyote quería alcanzar al Correcaminos, por eso digo siempre que fue la primera vez que el Coyote lo alcanzó, fue el año que salí campeón. En el debut del super prime, me acuerdo que nos hicieron estar en la estación de trenes antes de ir todos hacia la zona de Ñirihuau. Ahí, no me acuerdo porqué, estuvimos dos horas, y yo estaba nervioso por mi debut y además por la espera. Ahí estaba Roberto ‘El Salvaje’ Zimmerman que me dijo ‘Vos tenés la hora oficial, tu acompañante tiene que tener la hora oficial’. Yo no sabía y ‘El Salvaje’ me señaló a un policía y me dijo que le preguntara al oficial la hora oficial, como no sabía nada, obviamente fui y le pregunté. Hasta el día de hoy se acuerdan de esa anécdota. Recuerdo que todos decían que yo cortaba las curvas, entonces decidieron enterrar gomas de camión. El sábado en las pruebas, le pego a una, vuelco y el domingo estaba en pista. Los chicos habían trabajado mucho, lo enderezaron, arreglaron todo y lo pintaron. Quedó impecable. El domingo gané. En el parabrisas nuevo, porque el sábado lo había roto en el vuelco, puse 'Gracias goma 1000' y me acuerdo que la comisión estaba muy enojada por eso”.

 

Carreras muy apretadas se vivían en el autódromo.

Enseñanzas

Ascenzi hoy trabaja con Quique Bavastro y Oscar Tagle. Indica que “el deporte me dejó amigos, muchos amigos, buenos amigos. Antes miraba todo desde afuera y lo pude probar desde arriba de los autos de carrera. Mirá lo que son las cosas. Después de haber dejado de correr, un día estaba en el taller que tenía en O’connor y Neuquén, estaciona un Duna, se baja un chico de unos veinte años y me dice -mi papá quiere saludarlo- me acerqué hasta el auto y el señor me dijo- soy fanático suyo, no puedo ir al autódromo por razones de salud, pero lo escucho por la radio siempre (transmitía Luis Montoya), me regaló un Coyote dibujado con lápiz negro que aún hoy conservo. Fue una época muy linda, grandes carreras con Tito Avilés, Pazo Azpiri, Adrián Zuber. Hoy tengo que agradecer a cada uno de los que me acompañó en las diferentes etapas. A mi familia, a mi señora, a mis hijos.

Los domingos yo me iba a las 8, porque a las 9 teníamos que estar en el autódromo por reglamento y luego venía Susana con mi almuerzo y lo que yo necesitaba”.

Martín Leuful