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25/03/2020

Claudia Briones: los nuevos modos de comunicación magnifican la pandemia

Claudia Briones: los nuevos modos de comunicación magnifican la pandemia
La antropóloga Claudia Briones.
Por: Adrián Moyano

Docente en la Sede Andina de la UNRN e investigadora del CONICET, la antropóloga identificó qué aspectos son novedosos en la crisis por el COVID 19 y deslizó que la acumulación de conocimientos permitirá superar el pánico.

Antropóloga de prestigio internacional e investigadora principal del CONICET, Claudia Briones reside en Bariloche desde que la UNRN abrió sus puertas. En diálogo electrónico con El Cordillerano aportó reflexiones sobre los ribetes inéditos que afronta la humanidad a partir del COVID 19 y su relación con los nuevos modos de comunicación; las posturas inicialmente negacionistas de algunos presidentes y las paranoias; el rol de las fuerzas de seguridad y la necesidad de sumar conocimientos para llevar a la práctica cotidiana, entre otras facetas del fenómeno en curso.

El Cordillerano: - ¿Era previsible una situación como la que se está viviendo globalmente? ¿Por qué?

Claudia Briones: - No sé cuál podría ser la perspectiva de los sanitaristas globales antes del COVID 19 pero lo cierto es que estamos atravesando una experiencia en verdad socialmente inédita. No porque no haya habido pandemias antes, sino porque hay transformaciones globales que cambian absolutamente las condiciones en que las experimentamos. Lo que últimamente se ha venido llamando el giro a la ultraderecha en ciertos países parecía haber puesto en crisis las teorías socioeconómicas, sociopolíticas y socioculturales de la globalización. Especialmente en los años 90, se había empezado a teorizar el aceleramiento de los flujos migratorios/poblacionales, de información y de imaginarios vía la masificación de los medios electrónicos que en esa época, aún eran incipientes en países como el nuestro. Pero ahora es claro que esos flujos no desaparecieron.

- Entonces, lo que potencia la capacidad de contacto del COVID 19 no solo es el tipo de virus en sí, sino la masividad de los desplazamientos de las personas y de la información al respecto, a la que accedemos de todos modos, aún recluidos en nuestros hogares, no solo con lo que nos llega por radio y televisión, sino por lo que comunican y multiplican las mismas personas. Una revolución en los modos en que veníamos pensando los medios de comunicación. Esto es lo que nos da la sensación de algo inédito y a su vez lo que magnifica sin duda la pandemia.

- Cuando pasamos meses conviviendo con las cenizas del Puyehue, una persona que había pasado en el 60 esa experiencia en el campo me explicó que estaba más angustiada. Si antes pensaban que eso era algo acotado que solo estaba pasando alrededor de su casa, ahora le llegaban tantos MSM y WhatsApp que tenía la sensación de un desastre a escala, aunque no lo fuera tanto. Creo que ahí ya teníamos un anticipo de cómo aconteceres externos van a ser vivenciados de modo diferente por los modos en que han ido cambiando nuestras condiciones de vida.

- Es un momento importante para hacernos conscientes de estas transformaciones, de sus aspectos positivos y de sus ribetes problemáticos. Así que esta vez no la vimos venir pero, de algún modo, podemos desempolvar algunas teorías de la globalización que nos ayudan a hacer análisis más interesantes, siempre y cuando las combinemos con otras como las que vienen debatiendo en torno al Antropoceno (el ser humano como fuerza geológica que está transformando el planeta de modos que muchos pensamos irreversibles y no buenos), teorías que también hablan de transformaciones en las últimas décadas que ponen a nuestra especie y a otras especies en posiciones cada vez más vulnerables.

- Veo aquí una oportunidad para advertir ciertas cosas que se venían formulando como hipótesis pero que ahora quedan muy claritas. Las Convenciones por el Cambio Climático hasta el momento solo podían modelizar cuánto podría crecer o decrecer la contaminación bajando ciertas actividades que, por ejemplo, disminuyeran la huella de carbono que producimos. Muchos países o mejor dicho sus gobiernos, minimizaban la importancia de reducir los índices. Por eso (Donald) Trump se retiró de los Acuerdos de París mostrando su gigantesca irresponsabilidad, como la vino demostrando ante el COVID 19 hasta que empezó a asustarse. Pero ahora, las cuarentenas forzosas están bajando los índices de polución de maneras muy impresionantes. O sea que sí se puede hacer y esperemos que las poblaciones exijan a sus gobiernos que actúen responsablemente, no solo ante el COVID 19 sino también ante las muy diferentes formas de contaminación ambiental.

EC: - ¿Hasta dónde llega la realidad de la emergencia y dónde empiezan las paranoias que ventilan los grandes medios?

Claudia Briones: - Como personas que sabemos normalmente poco de riesgos sanitarios, es muy difícil entender inicialmente de qué se nos está hablando cuando alguien da alertas acerca de una nueva enfermedad particularmente contagiosa. La incredulidad puede ser una respuesta y ahí la paranoia empieza a operar en dos sentidos muy diferentes. Por un lado, si entendemos por paranoia el estado mental que se caracteriza por la aparición de ideas fijas, obsesivas y absurdas, basadas en hechos falsos o infundados, algunas personas son susceptibles a dejarse influir por fake news que hablan de formas no comprobadas de contagio. Pero, por otro lado, la paranoia deviene un mecanismo de defensa de los incrédulos o de quienes por ejemplo, privilegian la economía a la salud pública (como Trump, Jair Bolsonaro o Andrés Manuel López Obrador) que acusan a otros de ser paranoicos y en verdad, son negadores que no saben leer a tiempo los indicadores de contagio, que van anticipando los riesgos y creando conciencia acerca de cuándo estamos en emergencia colectiva.

- Imagino que el personal de la Salud debe aprender con su oficio cómo transitar con sentido común esa delgada línea que separa la sensatez de las dos formas de paranoia. Ante este aprendizaje acelerado que todos debemos hacer y estamos haciendo, espero, la información veraz es lo único que ayuda. Cuando a fines de los 80 un amigo estaba internado en el hospital como HIV positivo, el personal de Salud no quería atenderlo porque aún no estaban claros los mecanismos de contagio. Ahora el HIV es tratable de modos muy diferentes y no solo ya por el personal de Salud sino por muchos de nosotros, porque simplemente sabemos más. En síntesis, lo que yo hago y propongo hacer es escuchar directamente a infectólogos y virólogos y, desde ahí, tomo decisiones cotidianas.

EC: - ¿Está tomando las medidas de aislamiento?

Claudia Briones: - Sí, empecé aislamiento antes de la cuarentena porque soy mayor de 60 y fumadora y es obvio que esto afecta más a ciertas personas. Sí, guardo la cuarentena que decretó el gobierno para atrasar lo más posible que aparezcan contagios comunitarios. Sí, predico el aislamiento a mis seres cercanos y queridos que viven en otros países que recién ahora están tomando conciencia de la dimensión geométrica de los contagios. Sí me preocupo porque todos puedan pasar el encierro con alimento suficiente y en condiciones lo más dignas y confortables posibles. Y sí, también, sigo con mi vida y temple en calma, porque sé que haciendo estas cosas la vamos a sacar mucho más barata colectivamente.

Ni buchones ni irresponsables

EC: - ¿Qué pasa con la faceta represiva del asunto? Detenidos por violar la cuarentena, excesos de las fuerzas de seguridad y demás…

Claudia Briones: - Lo peor que podemos hacer en este caso es caer en una postura polarizada. Si la cuarentena es una política de Estado cuyos fundamentos nos han sido explicados -creamos en que el COVID 19 nos puede hacer daño personalmente o no- debemos acatarla. Si no se puede circular y lo hacemos, debemos atenernos a las consecuencias, como cuando pasamos un semáforo en rojo. Por otro lado, hoy (por el martes) es 24 de marzo y no podemos creer ingenuamente que todos los aparatos de seguridad operan de modos institucionales. Debemos estar atentos a los excesos, denunciarlos, evitarlos. El caso de las cárceles es clave en esto. La opción no es ni liberar a todos los presos, ni reprimir violentamente sus demandas. Hay que proveer los penales de elementos de limpieza, buena alimentación y condiciones mínimas de habitabilidad. Y nos tenemos que hacer cargo de que somos un país donde mucha gente vive en condiciones terriblemente precarias y solo le prestamos atención en situaciones inéditas como las que estamos atravesando. Ahora queremos que los presos se queden tranquilos, que las fuerzas de seguridad operen con cortesía, que el personal de Salud nos salve el pellejo, que quienes viven hacinados respeten sin chistar la cuarentena, que quienes viven precariamente desde una economía informal antepongan el bienestar colectivo a su subsistencia. Espero que sepamos que solo podemos esperar eso si nos comprometemos, de ahora en más al menos, con que las cárceles sean para resocialización y no para castigo, que quienes cumplen tareas en Salud y seguridad cobren sueldos acordes a la labor desempeñada, con resolver el derecho a viviendas dignas para todos, y con pautar un mercado de trabajo que no precarice la existencia de los trabajadores. El COVID 19 nos hace particularmente patentes vulnerabilidades que en el día a día reprimimos nosotros como preocupaciones colectivas. Espero que de ahora en más nos hagamos conscientes de que, si nos desentendemos de estos violentamientos (sic) cotidianos, represores somos también nosotros como colectivo.

EC: - ¿Adónde puede conducir el asunto de las delaciones? Los gobiernos piden que vecinos denuncien a otros vecinos por supuestamente, no cumplir las cuarentenas.

Claudia Briones: - Esta es otra línea delgada. Desde que somos niños, sabemos que lo peor es ser buchón, porque desconfiamos de las figuras de autoridad y del respeto a los acuerdos colectivos. Entonces, dejamos pasar, dejamos hacer, como si el problema de quebrar acuerdos de convivencia no fuese nuestro. Están también quienes acusan rápidamente para desentenderse del problema. Cuando tenemos una disputa, es más fácil acusar al vecino ante la Policía que tratar de hablar y razonar juntos. Todo esto puede pasar y pasa en el día a día, por lo que no debiera sorprendernos que, ante el COVID 19, ciertos comportamientos se extremen. Los aburridos, espiarán por sus ventanas y delatarán a quienes consideren “sospechosos” aún sin pruebas. Hemos tenido episodios de xenofobia con los llamados “supermercadistas chinos” y, en nuestra ciudad turística, con algunos que nos parecen extranjeros, todos sospechados de ser portadores del virus. Pero, lo cierto es que, si estamos en cuarentena y algún vecino nos dice que se va de camping, lo responsable de nuestra parte es tratar de argumentar con él por qué no es lo que debe hacer. Y con aquéllos que no conocemos, indicarles que están violando normas de cuidado que nos afectan a todos. Lo que yo esperaría es que nos responsabilizásemos entre todos antes que denunciar nada. Hablar y convencer con buenos argumentos. De lo que nos excede, deberán ocuparse quienes son responsables de esa tarea.

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