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ACTUÓ EL DOMINGO EN MOMA

10/02/2020

En Camila Warner se impone su personalidad

En Camila Warner se impone su personalidad
Cantautora y guitarrista en un gran noche.
Por: Adrián Moyano

Junto con un guitarrista de lujo, la barilochense que reside en Buenos Aires revisitó varios clásicos del folklore y del tango, pero brilló con las composiciones de su autoría. Aspira a concretar un álbum en 2020.

Sin que mediaran saludo o introducción alguna, Camila Warner acometió a pura voz una zamba que dio comienzo a casi dos horas de show. La joven música barilochense se dio el gusto de reencontrarse con su gente y atraer nuevas escuchas en la noche del domingo, al finalizar una jornada climáticamente espectacular. A pesar de la supuesta contra, fue sustantiva la cantidad de espectadores que se despidió a tiempo de la playa para casi colmar las instalaciones del elegante MOMA.

Como anticipara la cantautora en El Cordillerano, su concierto sería “adaptación de un recital” que diera en Buenos Aires meses atrás, en formato banda. Bombo en mano, se confesó “feliz de cantar en su tierra” y alegre con la posibilidad de que José Torelli –inmenso guitarrista- tuviera la capacidad de “resumir” solo con la encordada, toda la música de aquella formación. Después de la zamba inaugural, siguió un gato movedizo.

La elección de los ritmos podría desorientar. Warner se pasea con comodidad por los más difundidos del folklore argentino y en ocasiones, revisita súper clásicos, pero con sus propias letras, añade una impronta patagónica al combo sonoro. De pronto, las reminiscencias norteñas abren paso a la descripción de geografías que son del sur, aunque la cantautora está lejos de contentarse con la mera pintura paisajística.

En efecto, varias de sus líneas se atreven con cuestiones sociales y ventilan injusticias, algunas de larga data y otras más bien recientes, siempre a través de poesía cuidada, decidora pero lejos del panfleto. Otras refieren a experiencias más bien íntimas, como el desarraigo que todo y toda joven barilochense experimenta cuando por cuestiones académicas o profesionales, tiene la necesidad de continuar con sus trayectorias lejos del lago y los bosques.

Para introducir “Diciembre”, explicó la cantautora que su letra surgió cuando “se me iban las patas”, al acercarse el momento del calendario en que preveía el retorno a Bariloche para el reencuentro con su gente y con su lugar de origen. Por las dudas, recordemos que es oriunda de esta ciudad y después de arrancar con la música en el Coro de Niños y Jóvenes Cantores, continuó estudios primero y desempeño profesional después en Rosario y Buenos Aires, sucesivamente. Pero siempre vuelve, especialmente en los veranos.

Conexión con las nevadas

Con el origen de “Huella blanca”, quedó clarísimo el vínculo que mantiene la música con estas latitudes, a pesar de su permanencia en la segunda de las ciudades. Confió que un invierno en Almagro –donde reside en la actualidad–, la tonalidad del cielo, la textura del aire y cierto silencio seguramente momentáneo, le insuflaron un “pálpito de nieve”, imposible de concretarse en esa urbanidad. Pero minutos después, al comunicarse con el hogar familiar, supo que en Bariloche caían los primeros copos de la temporada. Aunque parezca un oxímoron, el resultado es la cálida descripción de una nevada a la distancia, en formato precisamente de huella.

Camila Warner es directora de coros y aunque en el presente ponga énfasis en su carrera solista, en “A voz” destaca su “sentido colectivo, como herramienta de lucha” y como necesidad de sumar “fuerza en un solo grito que no sea reprimido en ningún lugar del mundo”, pidió. Luego, hizo una pausa en la sucesión de temas de propia autoría para intercalar un clásico del repertorio folklórico y acto seguido, presentar a su primera invitada de la noche, Anahí Rayen Mariluan, a quien definió como “persona que va abriendo camino y echando luz”. La cantora mapuche interpretó dos de sus temas y de paso, digamos que el fin de semana estará en Temuco, para ser parte del Rapa Makewe – Festival Artístico Cultural, conocido como el Woodstock mapuche. Un poco en broma, un poco en serio.

Después del interregno, tuvo su momento Torelli, quien confió la anécdota que dio origen a “Umbral”, un triunfo feminista que además de ser muy punzante en su música y letra, tiene doble mérito porque precisamente, tiene como autor a un hombre. Acto seguido y para inaugurar un pequeño segmento de música ciudadana, el guitarrista interpretó un tango de forma instrumental pero enseguida, su compañera entonó “De barro” y “Soledad”, como para dejar en claro que en cualquiera de los géneros populares puede explayarse.

El segundo invitado fue su hermano, Gerardo Warner, con quien el dúo interpretó “Piedra y camino” primero y luego, uno de los hits de Lisandro Aristimuño. Pero el momento culminante del show se alcanzó con una composición propia de letra conmovedora, que habla de los que no salen en la postal de Bariloche, de Rafael Nahuel y Santiago Maldonado, de los 1.500 peones que murieron en los episodios de la Patagonia Rebelde –el año que viene se cumplirá el centenario–, del guardapolvo ensangrentado de Carlos Fuentealba y otros hitos que identifican a la Patagonia, con su larga historia de injusticias, resistencias y esperanzas. Su nombre, “Somos”. Eriza la piel escucharla.

En los últimos tramos, Warner y Torelli volvieron a incursionar en zambas y huellas que se originaron en latitudes argentinas aunque distantes, pero la suerte ya estaba echada. Según anticipara la cantautora en su charla con El Cordillerano de la semana pasada, en 2020 querrá finiquitar su primer álbum, en formato físico y todo. Después del concierto del domingo último, ya no solo sus familiares y amigos quedaron a la espera.

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