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COLUMNA ABIERTA

15/01/2020

Oficialismo y oposición rionegrina en esta nueva época

La derrota del radicalismo que gobernó la provincia durante 28 años seguidos, el 25 de septiembre de 2011 y el fallecimiento del candidato triunfante en esas elecciones, Carlos Soria, el 1º de enero de 2012, marcan en mi sesgada visión de la historia, esta nueva era política que hoy vivimos. Y esta nueva era denota dos momentos diferentes: el que transcurre desde los eventos antes mencionados hasta el 10 de diciembre del año pasado, y este que inicia a partir de ese día con la asunción de la primera gobernadora mujer de la historia de la provincia, Arabela Carreras.
Aquel primer momento de esta nueva era o ciclo político histórico rionegrino estuvo dominado por el derrumbe del partido radical y el quiebre del partido justicialista que, como en todo juego de suma cero como lo es el de la política, derivó naturalmente en el surgimiento de un nuevo espacio que se apoderó de todo el poder que fueron dejando los demás.

El oficialismo

Hijo de la idea movimentista provincial que acuñó el cipoleño Julio Rodolfo Salto a inicios de los 90, encontró su oportunidad de hacerse “poder” en los primeros años de esta nueva era y no la desaprovechó. Bajo el inteligente liderazgo de Alberto Weretilneck -figura emergente de aquel movimiento provincial de cepa cipoleña- con el acompañamiento fiel de Pedro Pesatti -que desde Viedma le aportó la fundamental cepa capitalina- se fue asentando como los mejores blends del mercado, político. Y hoy, ya maduro, se encuentra en una segunda etapa de su existencia: la de su consolidación como espacio hegemónico provincial. Vale decir, ocupar ese mismo lugar que de 1983 a 2011 ocupó la Unión Cívica Radical en Río Negro.
Para lograr ese objetivo tiene que superar cuatro pruebas: 1) seguir administrando satisfactoriamente bien sus estados gobernados; 2) mantener en la orilla del poder al radicalismo; 3) no dejar ningún salvavidas al peronismo, más del que ya tiene en General Roca; y 4) demostrar a todos -incluidos ellos mismos- que son capaces de generar su propio recambio de liderazgos sin poner en riesgo el capital político acumulado.
De esas tres metas o condiciones, la tercera es, al humilde entender del autor de esa nota, la más difícil de lograr, porque es justamente en la que fallaron los demás y que les permitió a Juntos Somos Río Negro existir: el internismo.

La oposición

“Aprender de los errores propios es de grandes, aprender de los errores de otros es de sabios”.
Como el perro intentando morderse la cola, el peronismo rionegrino sigue dando vuelta tras vuelta alrededor de sus históricos errores. Su internismo mantendrá su equilibrio entre la familia Soria, dueña del bastión roquense, y el aire que les otorgará a sus oponentes los cargos nacionales que se repartan en la provincia desde las oficinas del Instituto Patria, en mayor medida, y la Casa Rosada.
El espacio interno pichettista en franca desaparición, será ocupado por algún referente del no sorismo: Martín Doñate, Silvina García Larraburu o el Movimiento Evita.
Estos primeros días de la segunda parte de la nueva era muestran a un Doñate muy decidido a ganar ese espacio, aprovechando la quietud del Instituto Patria y la Casa Rosada que aún no han movido sus fichas. Habrá que esperar un par de meses más para ver cómo se desarrolla ese juego.
Mientras todo siga igual a como ha venido siendo siempre -y por ahora no hay ningún indicio de que ello no sea así- el peronismo rionegrino seguirá viendo al poder provincial desde afuera del edificio de Laprida 212.
El radicalismo de mal a peor. Con una parte de su dirigencia que aún persiste en el duelo por la pérdida del poder en aquel 2011, y como pasmados mirándose las manos secas viendo cómo se les escabulló el agua entre los dedos, sin entender aún por qué no las cerraron y juntaron para contenerla; y otra parte debatiéndose qué ser: parte del “larretismo” que representa el golpeado pero sobreviviente PRO, o parte del “albertismo” de Juntos!, o un hermoso sueño -como lo es hoy- pero alejado de toda realidad política. Pero, por lo visto hasta ahora, solo se aprestan los radicales a hacer lo que mejor saben hacer: discutir eternamente el sexo de los ángeles.
El PRO tiene la suerte que su dirigencia nacional logró retener CABA y desde allí vendrá la nueva brisa que les dará aire a sus fieles rionegrinos. Desde su única banca en la Legislatura provincial, Juan Martín tiene todos los boletos para salir sorteado ganador en ese espacio. Con Wisky y Tortoriello derrotados en las urnas y sin haber podido construir nada sustentable a nivel provincial, tiene el camino libre de escollos para convertirse en único líder del “larretismo” provincial.
El ARI seguirá al PRO. No tiene otro destino posible en la provincia.
La segunda etapa de la nueva era está en marcha y amenaza con ser tan o más interesante que la anterior. Pero ojalá que además de eso logre también ser eficiente en cumplir con las demandas y expectativas de la ciudadanía.


Pablo Gustavo Díaz
www.pablogustavodiaz.com
Consultor en marketing político

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