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DEL COLECTIVO “TRES A LA DERIVA”

06/01/2020

Despierta emociones “Nahuelensis, explorando su sombra”

Despierta emociones “Nahuelensis, explorando su sombra”
Frente a los contornos del lago
Por: Adrián Moyano / Fotos: Facundo Pardo

Hasta el 31 de enero estará en la sala Chonek la inusual muestra que ponen en consideración Soledad Escudero, Patricia Piñero e Ingrid Roddick. Una reflexión de múltiples poéticas sobre la desmesura del lago.

Además de provocar múltiples sensaciones, “Nahuelensis – explorando su sombra” enseña. Se aprende por ejemplo, que un “bloom” es un grupo de algas y que en el lago, las hay autóctonas y exóticas. Pero la enseñanza no es tan explícita: al ingresar a la sala Chonek, recibe al espectador un primer “bloom” que se extiende sobre el espacio, como si fuera una extensa y colorida telarañas. “Instalación de piezas gráficas”, señala la indicación. Es decir, impresiones en color y en serie, a través de las tecnologías disponibles. Al fondo de la sala, habita otro “bloom” de confección muy diferente, en la que confluyen técnicas de grabado, bordado y cosido. La primera hace referencia a la didymo, cuya velocidad de expansión se convirtió en una pesadilla para autoridades sanitarias, organismos que se consagran a la conservación y para cualquier persona que ame al medio natural en el que está inserta. La segunda, evoca un alga autóctona cuyo ritmo de reproducción es sensiblemente más lento. La metáfora es tan sutil como poderosa.

No es habitual que una muestra de arte contemporáneo se inaugure en verano y un sábado al mediodía, pero a la luz de la repercusión que lograron Ingrid Roddick, Patricia Piñero y Soledad Escudero, la experiencia podría replicarse. No solo porque lograron que se acercara mucha gente, sino porque al tratarse de una serie de trabajos y experiencias que guardan íntima relación con el Nahuel Huapi, al salir o entrar de la sala, contemplar sus aguas aunque fuera a la distancia, formó parte de la observación. De noche o en invierno, quizá la relación hubiera sido otra.

Las tres artistas conforman el grupo “Tres a la deriva” pero a la expresión hay que entenderla en un sentido artístico, antes que náutico. Aquí nadie experimenta zozobra ni perdió el timón. Tampoco tienen demasiada importancia las indicaciones de la brújula. En un momento de intercambio con el público, Piñero explicó a instancias de El Cordillerano, que la deriva es “una corriente del arte” que sugiere cierto abandono para ir “encontrándose con las cosas sin tanto rumbo” fijado de antemano. Sin ruta estricta, crecen las posibilidades de “dejarse sorprender” y “ver qué pasa en el camino”. Así las cosas, es dable “llegar a lugares que no se preveían”. El tránsito "es más caótico y aventurero, hasta que los elementos se van reuniendo”, completó Escudero.

Hacia los cuatro años de recorrido

Pocas veces tan evidente el concepto de proceso. El comienzo fue en 2016, cuando “Nahuelensis” nació como “escultura blanda”, una reproducción de la silueta del lago con volumen y textura de almohadón, pero que además luce filamentos o pequeños tentáculos que le añaden una suerte de naturaleza zoológica. En la muestra hay fotos del “Nahuelensis” sobre una cama de dos plazas -alumbramiento reciente-, sobre la nieve y sobre una playa, donde también yace Escudero, para que exista una referencia de su tamaño. Desde ya, está presente ahora, que se explora su sombra... En esta ocasión, desparramado sobre un viejo maniquí y tal vez queriendo salir del exhibidor que lo contiene.

La experiencia no solo es colectiva porque son tres las artistas y expositoras, sino porque para acometer su deriva, Escudero, Roddick y Piñero entrevistaron a unas 16 personas que desde la biología, la física nuclear, la historia y otras disciplinas, tienen al Nahuel Huapi en el centro de sus desvelos. En el hermoso fanzine que editaron para acompañar la muestra, dicen: “como colectivo de arte en sintonía con la idea de que aquel del que estamos enamorados no existe, sino que es una pantalla sobre la que proyectamos nuestros deseos, esperanzas e ilusiones, creemos que comprender al Nahuelensis, tanto si lo vivenciamos como un ser, como si lo considerásemos un cuerpo de agua, implica trascender la imagen, ir más allá de sus aspectos luminosos, explorar aquello que está oculto. Así surge para Tres a la deriva el deseo de incorporar las voces de aquellos que se acercar a él, integrar luz y oscuridad. Miradas y sentires diversos: científicxs (sic), poetas, pensadorxs, artistas, niñxs, adultxs… Seres que conviven cotidianamente con él”.

Muchas o quizá todas las obras surgieron de esos aportes o intercambios. Es evidente la relación en el caso de los críptides, unos pequeños seres que en la concepción de las expositoras adoptan también formas que remiten a los contornos del lago y que al estar expuestos sobre un panel que pende en el medio de la sala, permiten su observación del derecho y del revés. O de arriba y abajo. Son acuarelas bordadas que una vez más, debieron demandar concentración, paciencia y tiempo. Amor, en definitiva.

Uno de los textos que acompaña la exhibición encierra una declaración de principios. Lleva la firma de Byung-Chul Han, un filósofo surcoreano que trabaja en la Universidad de Berlín: “hoy nos hallamos en una crisis de lo bello en tanto se lo satina convirtiéndolo en objeto del ‘me gusta’, en algo arbitrario y placentero, que se mide por su inmediatez y su valor de uso y consumo”. Con su recorrido, su muestra actual y su futuro, “Nahuelensis, explorando su sombra” establece nuevas relaciones entre la belleza más contundente de por aquí y las múltiples lecturas que puede inspirar. Acá nada sirve “per se” ni se puede consumir rápidamente. Más disfrutable será la muestra cuanto más tiempo se cuente para su apreciación porque detrás de lo evidente a primera vista, hay significados y emociones interminables. Y más allá del recorrido que está sugerido, será atractivo emular a Escudero, Roddick y Piñero: la deriva puede ser más deslumbrante que el buen puerto.

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