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UNA HISTORIA DE GENÉTICA Y COINCIDENCIAS

24/11/2019

Mónica Balseiro: del “peso” de su apellido, a estrenar Intecnus y a gobernar Dina Huapi

Mónica Balseiro: del “peso” de su apellido, a estrenar Intecnus y a gobernar Dina Huapi
Mónica Balseiro.
Por: Diego Llorente

El 10 de diciembre asumirá como intendenta de la vecina localidad, luego de atravesar una dura enfermedad. Hoy traza una mirada retrospectiva con mucha emoción y orgullo. Cómo se vive en esta ciudad siendo “la hija de”, con todo lo que esto implica. Mónica Balseiro dialogó de todo esto con El Cordillerano.

Pronunciar el apellido Balseiro, es sinónimo de Bariloche, así como de física o de Centro Atómico. Es investigación, estudio, prestigio, al servicio de la educación y de la comunidad.

Para quien no conoce la historia, José Antonio Balseiro fue convocado por el entonces presidente Juan Perón para que en 1952 visitara la isla Huemul, encabezando una comisión fiscalizadora del proyecto que desarrollaba Ronald Richter allí.

“Papá estaba en Manchester, en Inglaterra, haciendo un máster, cuando tenía 35 años. Yo aún no había nacido”, contó su hija, Mónica, hoy intendenta electa de Dina Huapi. Su padre insistió a Perón en crear el Instituto de Física de Bariloche que fue inaugurado el 22 de abril de 1955.

Balseiro murió en 1962, a los 42 años, cuando recién empezaba a ver el fruto de su esfuerzo. Parte de este fruto fue el haber transmitido a sus discípulos una mística especial que los hizo luchar contra las adversidades que se fueron presentando luego de su desaparición, y que posibilitó el afianzamiento posterior de la institución, que en 1962 fue rebautizada con el nombre de Instituto de Física “Dr. José Antonio Balseiro”.

Además de su legado profesional, dejó una familia con una genética admirable. Su esposa María Mercedes Covadonga Cueto de Balseiro (más conocida como “Covita”) -con quien se había casado en 1948-, debió criar sola a sus cuatro hijos: Beatriz, Carlos, Mónica y Esteban.

Covita, de fuerte personalidad, se dedicó a dirigir y representar a una de las más antiguas organizaciones que se ocuparon de los más desprotegidos de Bariloche: la Asociación de Ayuda al Necesitado, hoy mucho más conocida por su escuela Antu Ruca, cuya Comisión Directiva presidió durante más de dos décadas. También fue directora del Colegio Nacional Ángel Gallardo y secretaria de Educación de la Provincia.

“Nosotros vivíamos en el instituto, en las casas del Centro Atómico, cuando papá falleció yo era muy chica. Y a mí mamá le permitieron quedarse trabajando en la Biblioteca para conservar la casa. Así que cuando terminé el secundario, ella dejó el Centro Atómico y empezó a alquilar. Mi hermana Beatríz estudiaba arquitectura en La Plata, Carlos estudió en Bahía Blanca los primeros tres años (Física), hasta que pasó al Balseiro; e Iván estudió Biología en La Plata. Yo siempre le decía a mi mamá que a pesar de lo que le tocó, los cuatro hijos habíamos estudiado y le reconozco el enorme esfuerzo que hizo”, relató Mónica.

La hoy dirigente de Juntos Somos Río Negro relató parte de su historia familiar, en medio de una entrevista política que debió ser desdoblada y que dejó salir a la luz cuestiones personales, que parecen marcadas por el destino.
Mónica es arquitecta y ha trabajado gran parte de su vida en el ámbito público, ya sea en la Comisión de Fomento como en la Municipalidad de Dina Huapi o en el Ministerio provincial de Obras Públicas. Siempre en su materia.

Y en este último lugar es que se encontraba trabajando en 2017, cuando el gobernador Alberto Weretilneck la convocó a ser candidata a segunda diputada nacional. Ella aceptó, por más que sabía que difícilmente lograra obtener el cargo.

Sin embargo, lo peor vendría después: “a la semana que acepto, me detectan un cáncer de mama y decidí seguir adelante con la campaña, aunque con el inicio del tratamiento encima. Si bien pensaba que sería más simple, tuve que someterme a quimioterapia y atravesar un proceso de tres meses, que parecen una vida”.

Renunció a su cargo en el Ministerio de Obras Públicas y se abocó a terminar con ese tratamiento. Pero después vendría la radioterapia, con la cual debió mudarse dos meses a Cipolletti, porque acá no existía un lugar donde hacerse los rayos.

Y acá es donde el destino volvió a hacer de las suyas. “Mi hermano que está en el Instituto Balseiro y que conoce a toda la gente de ahí, me informó que yo iba a ser la primera paciente de Intecnus y que necesitaba irme, por lo que estaría acompañada de mi familia”, recordó Mónica, emocionada.

Intecnus es el Instituto de Tecnologías Nucleares para la Salud, una fundación sin fines de lucro que opera y administra el centro integral de radioterapia, diagnóstico por imágenes, medicina nuclear y consultorios médicos en esta ciudad y que inauguró en diciembre de 2017.

“En lo personal, fue como estar en casa, porque viví mi infancia y mi adolescencia en el Centro Atómico, así que el que mi tratamiento fuera ahí era muy fuerte”, dijo Mónica, hoy mucho más aliviada porque vivió un tratamiento exitoso. Ahora sigue con controles trimestrales, pero en una etapa diferente. “La verdad que tuve mucha fuerza para afrontarlo y estoy muy agradecida con todo el personal que allí trabaja”, expresó.

Que una hija de José Antonio Balseiro haya tenido -lamentablemente- que estrenar los servicios de Intecnus, parece sacado de una película de ciencia ficción. Tal vez haya significado una carga muy grande para esos profesionales que curaron el cáncer de Mónica; pero hoy ella vive ya en otra etapa.

Mónica sabe lo que esa carga pudo haber significado: “Yo no lo conté casi nunca esto, pero hubo una época que me pesó mucho mi apellido. Cuando era adolescente era más por mi madre porque ella por entonces era directora del Colegio Nacional donde yo era alumna, y todos la conocían como Covita Balseiro. Era imposible ser una más de mis compañeros”.

“Cuando me fui a estudiar Arquitectura a La Plata, me sentía libre porque nadie me conocía y fue una experiencia importante, ser una más dentro de la universidad. Luego me recibí y me casé con Mario, que es platense. Y nos vinimos a Bariloche, donde volvió el peso de mi apellido. Yo sentía que tenía que ser destacada en mi profesión, la mejor. Era solo una cuestión mía, absurda, adentro de mi cabeza. Pero lo sentía así”, sostiene.

Entre idas y vueltas a La Plata, superó ese temor y decidió criar a sus hijos en estas tierras, hasta que eligieron afincarse en Dina Huapi, donde empezó con su carrera profesional en el plano público. Desestigmatizada de su apellido y afrontando nuevos desafíos.

“Tal vez en el sector privado hubiera hecho una mayor diferencia económica, pero me gusta lo público. Yo creo que hay algo en mi genética, por mis padres que siempre trabajaron para la gente y me pasa eso. Ahora que voy a ser intendenta, que me cuesta decirlo todavía, es como que voy a culminar con mi carrera trabajando como siempre quise: para la gente de mi pueblo”, concluyó.

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