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EN SOLEDAD EN UN HOSPITAL EN CUTRAL CO

10/09/2019

Falleció Libertador Argentino Aranea, el peculiar ermitaño del Collón Cura

Falleció Libertador Argentino Aranea, el peculiar ermitaño del Collón Cura
Argentino falleció a los 69 años.
Por: Diego Llorente

Se conoció la triste noticia, que cerca del mediodía de este martes, falleció Libertador Aranea, quien estaba desde hace unos meses internado en un hospital en Cutral Co, lejos del lugar que él había elegido para vivir, en un muy solitario final.

Llegó el día menos pensado ni esperado para mucha gente que conoció al “ermitaño del Collón Cura”. Muchas personas que se reunieron a través de Facebook y que lo asistían cuando pasaban por su humilde morada. O que en sus últimos meses de vida se acercaron al hospital de Piedra del Águila primero y al de Cutral Co después, para visitarlo y acompañarlo.

Durante unas tres décadas, Libertador Argentino Aranea vivió a un costado de la Ruta 237, en la zona del Collón Cura, y se transformó en un personaje para la región, al que una inmensa cantidad de automovilistas solidarios que pasaban, ayudan con ropa o comida.

Muchas historias se tejieron en torno al porqué eligió vivir allí, pero la única cierta es que fue muchos años puestero en una estancia y luego se quiso alejar de su familia y vivir en ese inhóspito lugar, con todo lo que eso implica: la intemperie, el crudo invierno, los calurosos veranos y la falta de provisiones y servicios de todo tipo.

De su familia, solo se sabe que tiene un hermano en Dina Huapi, una hermana en Viedma y una sobrina que sería funcionaria en Piedra del Águila. Varias veces lo quisieron llevar a vivir con ellos, pero Argentino siempre se volvía.

Hace algunos años, se creó un grupo de Facebook para ayudarlo y asistirlo continuamente. Eso rindió sus frutos, ya que se podía informar sobre su estado de salud y necesidades. Incluso, personas anónimas, le hicieron una casa con chapas, mucho mejor armada de la tapera que él se había construido.

Hasta que el 25 de enero último, se organizó una limpieza general del lugar, aprovechando que llevarían a Libertador Argentino al hospital de Piedra del Águila a hacerse unos chequeos médicos. Su vivienda estaba rodeada de ratas, basura y desechos, que hace mucho tiempo estaban allí pudriéndose. Por lo que el lugar cambió notoriamente.

Sin embargo, Argentino nunca volvió a su lugar en el mundo. Estuvo un tiempo internado en el hospital de Piedra del Águila y hace tres meses fue derivado a un nosocomio en Cutral Co. Allí pasó su último tiempo de vida, sólo y sufriendo.

Sólo lo acompañaron los amigos de Facebook que lo visitaron hasta el último día y comunicaban los partes médicos. Ninguno era alentador. Tenía una desnutrición notable, problema óseos y una fuerte infección urinaria.

Este martes se conoció la triste noticia y esos mismos amigos, encabezados por Gustavo Molia, agradecieron a todos los que de lejos o de cerca pudieron ayudar. El propio Molia está gestionando, con la autorización de algunos familiares, para que las cenizas de Argentino sean arrojadas en el lugar que el eligió para vivir en el kilómetro 1508 de la ruta 237 en la bajada del Collón Cura.

Cómo vivía

Otra de las personas que ayudó durante mucho tiempo a Argentino, fue Luis Barrales, quien creó un grupo de Facebook y armó un par de cruzadas solidarias en su honor.

En sus tantos encuentros con el hombre, Barrales lo fue conociendo y aprendiendo cosas de su vida. Argentino le contó que sus padres trabajaron para la empresa Lahusen y desde que nació vivió con ellos como puestero y siempre le gustó la vida en soledad.

Le encantaban los churrascos. Estaba cómodo en el Collon Cura, no quería cambiar su vida, aunque en los últimos años ya sufría cada vez más las bajas temperaturas. Por lo general lo acompañaba un gato y se llevaba bien con los jabalíes, a los que solía alimentar.

No conocía los celulares ni nada de la tecnología. No contaba con ningún servicio básico. No tenía espejo, por lo que no se cortaba el pelo ni rasuraba su barba. Usaba una tasa de un camión como palangana, donde lavaba sus ajadas manos antes de saludar a la gente que se acercaba a visitarlo o a darle donaciones.

A Argentino le gustaba fumar a la noche. Armaba tramperas para cazar liebres y escuchaba mejor del oído derecho que del izquierdo. Se levantaba con el sol y acostaba cuando caía la noche. No tenía noción del tiempo. Pero vivió poco más de tres décadas en ese lugar y vivió hasta los 69 años.

Sin dudas fue una leyenda en vida y su historia quedará en el recuerdo de toda la gente que pasaba por su casita, le dejaba algo y seguía su camino o simplemente tocaba bocina, reconociendo que alguien vivía allí. En tiempo donde es difícil escaparle a la rutina y a la vida en comunidad, Argentino se burló del sistema y vivió como quiso, lejos de todo y de todos. Eso lo hacía feliz. Y así será recordado: como el rebelde ermitaño del Collon Cura.

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