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23/04/2019

Sería bueno que más chocolateros participen en la organización de la fiesta

Sería bueno que más chocolateros participen en la organización de la fiesta
Sería bueno que más chocolateros participen en la organización de la fiesta

El éxito de cada Semana Santa deja satisfechos a todos los organizadores: Provincia, Emprotur, municipio y empresas. Pero el rédito económico y promocional se lo lleva una buena parte de Bariloche, mientras que algunos privados estuvieron ausentes.

Durante los días posteriores a cada Fiesta Nacional del Chocolate quedan sensaciones positivas y de satisfacción en la ciudad: a los chocolateros les va bien, a los comerciantes del centro también, el turismo llega masivamente y llenan los hoteles. Los residentes pasean y disfrutan. Esto produce el famoso derrame económico, mientras que la ciudad crece, se promociona y rompe el estancamiento de la baja temporada.

Sin embargo, queda un análisis para hacerse. Hace ochos años, la Fiesta del Chocolate nació como una propuesta del gobierno de Río Negro, impulsando a las empresas locales fabricantes de ese producto a unirse y realizar un evento que se había perdido en el tiempo y que sin dudas, buscaba impactar en la promoción de nuestro destino.

El objetivo se logró y con creces. Seguramente quedan aspectos a mejorar, como siempre. Pero nadie puede negar que los cuatro días de Pascuas fueron económicamente favorables para la ciudad. Supermercados, kioscos, taxistas, agencias, todos trabajaron bien, pese a la situación de crisis reinante en el país, producto de las políticas nacionales.

Lo llamativo del caso, es que solo cinco empresas chocolateras (además de los organismos gubernamentales Provincia, Emprotur y Municipalidad), aparecen en la foto de la organización: Rapa Nui, Del Turista, Tante Frida, Frantom y Mamuschka.

Pero: ¿Cuántas chocolaterías hay registradas en Bariloche? Son más de veinte, algunas de renombre nacional, que llegaron a la ciudad hasta con un museo del chocolate u otras con franquicias en diferentes puntos del país, o algunas más pequeñas, pero con un poder de venta fuerte.

Desde ya que no todas tienen el mismo potencial de facturación, ni la misma envergadura, eso está claro. Pero sin dudas que igualmente todas pueden hacer su aporte, aunque sea menor. Desde la materia prima, una colaboración económica, mano de obra o incluso, ideas para mejorar la calidad de la fiesta. Lo cual no es poco.

Remontándonos al inicio de la fiesta, cuando el huevo de Pascua gigante era la máxima atracción, desde el gobierno rionegrino se había propuesto una tarea hasta entonces complicada. Reunir a los empresarios del sector, que en algunos casos tenían diferencias históricas. Pero también había otros nuevos en el rubro, con menor antigüedad. Y se logró. Fueron trece los que se sumaron al convite y comenzaron a realizar la fiesta, pero poco a poco se fueron cayendo con el transcurrir de las ediciones.

Según pudo conocer este diario, las empresas participantes son voluntarias y no hubo conflictos internos para la salida de ninguna de ellas, sino lisa y llanamente la voluntad de no seguir participando de la organización, con el desembolso que eso significaba. Entonces, lo que antes se dividía entre trece, hoy se divide entre cinco. Pero eso sí, en Semana Santa ganan todas. Incluso, las que nunca estuvieron.

Los empresarios del sector son reticentes a hablar públicamente del tema, le escapan a la polémica. Y es entendible. Por lo bajo, reconocen que más allá de las pocas o muchas ganancias que les puede significar la Pascua, el aporte que realizan es pensando en el destino, sin tener una posición mezquina, desde su propio bolsillo.

“En la época que más trabajo y ventas tenemos que es en Semana Santa, la fiesta nos insume aportar cientos de kilos de chocolate, personal y horas de trabajo. Tendría que sacar cuentas, pero no sé si termino ganando, si es realmente conveniente. Pero el análisis que hacemos es otro: Bariloche se promociona, la gente viene, el residente disfruta, aportamos a la ciudad que tanto nos brinda y el turista que no pudo venir ahora, vendrá más adelante o el año próximo. Es una mirada más amplia”, expuso uno de los chocolateros a este medio.

Bariloche necesita más visiones como esa, con una construcción más colectiva e inclusiva y no solo en lo que a los eventos respecta, sino a la mirada social en general. Donde todos aportemos para el bien común, entendiendo que es la forma para que gran parte de Bariloche progrese, en el corto o el largo plazo.

Ojalá en 2020, los chocolateros que organicen la Fiesta sean ocho o diez y el año siguiente sean doce o quince, sin mezquindades ni miradas cortas. Y que entre todos, sector privado y público, se pueda seguir mejorando una actividad que se ha consolidado en el tiempo y que llegó para quedarse. Y si eso sucede, ojalá que el título de esta nota, quede en el recuerdo.

Diego Llorente