Señor Director: ¿Cuál es el sentido de la vida?

Se entiende que se trata de vida humana. Es una pregunta que todos deberíamos hacernos, porque se vive, en general, como niños que todavía no poseen una experiencia propia, ni han tenido tiempo de adquirir la de sus antecesores que, por cierto, es un tesoro de conocimientos. Un tesoro contenido tanto en libros sagrados como en los de historia universal, que son cultura, ciencia y sabiduría, si van unidos a una buena educación. Una experiencia que hoy está al alcance de todos en el mundo de lo digital, y disponible en cualquier tiempo y lugar por medio de los teléfonos móviles.

Todo el mundo debería ser consciente de que el ser humano es una persona racional, dotada de inteligencia y voluntad libre en la escala animal, con una dignidad, por tanto, superior al resto de los seres vivos. Nada más y nada menos que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios Creador. ¿Qué quiere decir esto? Que Dios ha dotado al hombre de dones que le hacen semejante a Él. ¿Y cuáles son esos dones?

En primer lugar, “el don de la inmortalidad”. Dios ha creado al hombre para que viva con Él, luego, si Dios es inmortal, también al hombre lo ha hecho inmortal. De esto, se deduce que, si ha hecho al ser humano racional, inteligente y con voluntad libre, también exija de él, un comportamiento coherente. Por tanto, es natural que seamos conscientes de que cualquier acto humano, por insignificante que nos parezca, tiene ante Dios un valor que se medirá en premio o castigo. Es decir, ¡que somos responsables de nuestros actos! Que daremos cuenta ante Él en el Juicio Final. Esto lo sabemos los que creemos en Dios, y en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

“El don del Amor”, con mayúsculas, que también nos sitúa en un orden superior a los demás seres vivos. Nada más y nada menos que por amor, nos ha hecho semejamos a Dios, “hijos suyos” por el sacramento del Bautismo.

Alguien puede imaginar lo que será, si somos responsables y leales, ser amados infinitamente y corresponder a tanto Amor, por toda la eternidad.

Y “el don del espíritu divino”. Que nos guía en el conocimiento y en el amor a Dios si nos dejamos conducir por Él, a la vez que nos hace fuertes para vencer, no sin esfuerzo, las malas inclinaciones de esta naturaleza nuestra, corrompida por el pecado original. Que cada uno se examine a sí mismo, con sinceridad, porque siempre se está a tiempo de recurrir a Su infinita misericordia, que todo lo perdona si hay buena voluntad y arrepentimiento.

La vida humana está proyectada por su Creador para la eternidad, y cosa inaudita para nuestra limitada capacidad de comprensión: como hijos. Como seres libres que somos, no lo olvidemos, el futuro es sólo nuestro.

Antonio de Pedro Marquina.

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