Venezuela: hay dictadura, no injerencia

Por: Alberto Asseff

La deriva del chavismo -populismo entronizado en 1999 a horcajadas de un sistema preexistente plagado de corrupción y frustraciones- es la tan grotesca como insufrible dictadura de Nicolás Maduro.

Presos políticos, exilio de dirigentes, emigración de millones de personas, inflación récord en la historia económica moderna, destrucción del tejido productivo-industrial, populismo crudo hasta lo caricaturesco, fuga de capitales, presencia del ejército cubano y de las FARC residuales, graves sospechas de la connivencia del régimen con el narcotráfico y una vasta corrupción que multiplica exponencialmente nuestros penosos y mugrientos “cuadernos” -se calcula que son medio billón de dólares que han llegado principalmente a los paraísos fiscales supérstites, a Suiza y al mercado inmobiliario de Madrid y de España en general.

Dictadura que puede exhibir solamente viejas mañas fraudulentas solo barnizadas con un nombre que usurpa vocablos respetables como el llamado “carné patriótico”, documento espurio con el que se habilita a las amañadas votaciones como las del 20 de mayo pasado. Obviamente, carné manipulado por los “colectivos chavistas”, esos paramilitares que reducen a juegos infantiles a nuestras aberrantes barras bravas, si comparamos a ambas ominosas organizaciones.

Esos “colectivos paramilitares” tienen a entrenados francotiradores que aterran a los manifestantes opositores, disparando algunas veces a matar como factor de disuasión y de dispersión de las protestas, sobre todo en las barriadas periféricas. En rigor, esta siniestra realidad pareciera que en las últimas movilizaciones convocadas por el presidente interino no se ha producido. Quizás configure una prueba de que el régimen dictatorial y expoliador está casi exhausto. Que se halla en las postrimerías.

No se puede omitir el recuerdo del anacronismo de Hugo Chávez -en su “Aló presidente” por televisión, claro que en cadena-, con una interminable ristra de “exprópiese”. Así pasaron a las corruptas manos del sistema dictatorial más de 15 mil empresas, desde granjas hasta Pymes. El efecto fue la devastación de la economía y la potenciación del saqueo.

Al principio, Chávez fue encantador. Con el tiempo supimos que era de serpientes, las que echó a andar depredadoramente por la querida tierra venezolana. Fue tan efectivo -inicialmente- con su locuacidad, como un redondo fracaso como estadista. Incluimos a su vetusta geopolítica, trayendo a Sudamérica conflictos que deberían ser ajenos y lejanos.

El socialismo fue una expectativa en el siglo XIX, hasta los años ochenta del siglo pasado. Se derrumbó. La caída del Muro de Berlín en 1989 no es una fotografía, sino un cambio de era.
Cierto que el mundo está buscando críticamente cómo modelar el nuevo tiempo. Aún está lleno de incógnitas. Empero, algo sabemos con certeza: el “socialismo del s. XXI” de Hugo Chávez es una flagrante sofistería, un fenomenal engaño, una inmensa desilusión, una dolorosa mala experiencia.

El régimen dictatorial está en sus postreros estertores. Solo atina a recurrir al rechazo de la injerencia foránea. Pues, ya está viendo que ese falaz argumento no tiene sustento. El mundo injiere en Venezuela cumpliendo la obligación humanitaria de ayudar a un pueblo que reclama recuperar su libertad y sus derechos esenciales.

Estamos atentos, sí, para que nadie aproveche este río revuelto para “pescar” petróleo u oro. Esos bienes son y serán de Venezuela y ojalá los utilicen para su prosperidad futura.

En Venezuela no hay injerencia, sino una odiosa, arcaica y cachivachesca dictadura que inflige dolor y sufrimiento a millones de venezolanos.

(*) El autor de la columna abierta es diputado del Mercosur y exdiputado nacional.

Dejar un comentario
Ranking de noticias
Más Leidas
Seguinos en Instagram
Seguinos en Facebook