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HISTORIA DE VIDA

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02/01/2019

Juan Carlos Capello, entre la danza y los pinceles

Juan Carlos Capello, entre la danza y los pinceles
Juan Carlos Capello, entre la danza y los pinceles

Juan Carlos Capello es un artista que ha sido reconocido a nivel nacional e internacional por su talento en la danza clásica. Fue figura del teatro Colón y primer bailarín en Francia y Bélgica. La pintura es otra de sus grandes pasiones y nuevamente estuvo de visita por Bariloche, una excelente oportunidad para deleitarnos con sus anécdotas y vivencias.

El 8 de noviembre cumplió 70 años y dedica su vida a viajar y pintar. “Todo lo que hago es a cambio de nada, siempre digo que no hay que tener miedo porque cuando uno es buena persona y no hace mal, no vuelve, pero leyendo los diarios uno a veces se asusta”.

Le gusta visitar los mismos lugares en reiteradas oportunidades, nuestra ciudad es uno de ellos, “lamentablemente están sucediendo cosas similares a las de las grandes urbes y eso me apena” se lamentó. “Además estoy al día con las noticias del mundo, y aterran”, agregó.

Capello comentó a El Cordillerano cómo fue su vida de niño, “fui a la primaria en el turno tarde, fue el terror de mi vida porque sufrí mucho, fue como haber estado en una cárcel, era una época muy rigurosa”. La vida le dio de manera paralela una salida maravillosa, “con solo diez años comencé a ir a la Escuela de Bellas Artes para adultos, eso era el paraíso, yo estaba en la puerta antes de que abrieran”.

Reconoce que siempre fue atípico en todo, sus cuadros están relacionados en su mayoría con las plantas y los paisajes, el amor por la naturaleza lo heredó de su madre. Da charlas y cursos sobre pintura en cada lugar al que llega.

La pintura

Le apasiona la Historia del Arte, “aunque hablo mucho de impresionismo francés del siglo XIX en mis conferencias, siempre doy una reseña desde el hombre de la prehistoria que tuvo la necesidad de pintar y que no conocía la perspectiva, la proyección ni el horizonte aunque lo veía todos los días”.

“Van Gogh pintaba arriba de un techo y veía el horizonte muy alto, otros holandeses se sentaban en un banquito para pintarlo más bajo, estudié y viví mucho tiempo en Italia y los caminos que ha ido recorriendo el arte son maravillosos”, detalló.

Al hablar del arte románico dijo “ellos pintaban más lo que pensaban que lo que veían”. Le gusta hablar también del impresionismo y en la última conferencia contó algo que nunca habían escuchado, el significado de pintar “alla prima” (del italiano, “a la primera”), técnica que “creó precisamente Van Gogh, consiste en tirar rápidamente la pintura sobre el lienzo en blanco, luego descomponer el color para ir al detalle, se saca ese blanco que en muchas ocasiones, marea y perturba”.

Sorprendentemente no ha reflejado aún la danza en sus cuadros, “en el teatro teníamos un grupo de pintores y escultores, fui el creador del grupo de Artistas Plásticos del Colón, cuando me jubilé se disolvió, pero no sé por qué, nunca el motivo de una obra ha sido el baile clásico”, aseguró.

“Vivo en una baldosa”

Capello siente que vive en una baldosa, “un mundo pequeño que lo creo yo para ser feliz, mi madre tuvo una vida de cuentos, nunca necesitó trabajar ni le faltó nada, se casó y tuvo tres hijos, cuando tuve que salir de todo eso, sentí que había chocado contra con paredón”, dijo. Fue por eso que se armó su propio mundo, como protección y quizás, defensa.

Al ponerlo en la difícil tarea de elegir una de sus dos grandes pasiones contestó: “elijo las dos pero la que más dinero me ha dado ha sido la danza, muy pocos han podido o pueden vivir de sus cuadros”.

Era muy amigo del reconocido Quinquela Martín, uno de los grandes responsables de que La Boca se conociera en el mundo, “gran artista y una persona única en su bondad, donó el espacio para el museo, para la Escuela de Odontología y el Hospital de Niños”.

Con brillo en su mirada continuó describiendo al artista, “él fue abandonado por sus padres en la puerta de un monasterio, esa sensibilidad lo hizo pensar en los que menos tienen”.
“Siempre levantaba mi autoestima con elogios, no como mi padre que me decía que iba a ser muy buen pintor pero que me olvidara de ser bailarín. Cuando me presenté en el Colón, me dijeron que tenía muchas condiciones”.

Tiempos lejanos

El artista habló sobre el cambio social, “cuando tenía diez años vi llegar la televisión blanco y negro a la Argentina, soy de otra época, pero vivíamos el arte, recuerdo pasar tardes haciendo mi tarea en el Colón, íbamos en tranvía, lo que significaba una hora de viaje”.

Su padre lo anotaba en todos los concursos de pintura y ganó numerosos premios, “murió muy joven y con mi madre fue un intercambio maravilloso, yo terminé comprando y leyendo libros de botánica y ella mirando las obras de ballet”.

Más allá de haberse convertido en una figura internacional bailando en los grandes escenarios del mundo, nunca se olvidó de su barrio, “cada vez que bailaba en Buenos Aires, invitaba a todos los vecinos para que fueran y no era para sumar más aplausos, eh” comentó bromeando.

Hizo 88 estrenos importantes en diez países de los 17 que ha conocido sumado a tres principados. “Nada me cayó del cielo, a mí todo me costó mucho, me han bajado a cero y me han subido a diez, me han dado premios y me han rechazado, pero mi esencia jamás ha cambiado” finalizó.

Juan Carlos Capello, entre la danza y los pinceles
Juan Carlos Capello, entre la danza y los pinceles
Juan Carlos Capello, entre la danza y los pinceles