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26/12/2018

Sobreseyeron definitivamente al “poliladron” por su estado de salud mental

Sobreseyeron definitivamente al “poliladron” por su estado de salud mental
Sobreseyeron definitivamente al “poliladron” por su estado de salud mental

Tras una suspensión del proceso que se había dictado meses atrás, Leandro Jonathan Navarro fue sobreseído definitivamente en una causa que se le había iniciado por el delito de tentativa de robo calificado. Ya no es miembro de la Policía Rionegrina y no tiene más cuentas pendientes con la justicia. Durante la investigación, había estado internado y fue diagnosticado con un cuadro psiquiátrico que le impide comprender un proceso judicial en su contra.

Navarro, había sido un destacado alumno en la escuela en la que se recibió como agente policial y comenzó su carrera. Pero, tras ser sorprendido en un intento de robo, los informes médicos señalaron una situación de peligro para la salud de Navarro. Profesionales del Cuerpo Médico Forense y del área de Salud Mental del hospital zonal realizaron un estudio y confirmaron el dictamen del perito de parte, Juan Carlos Varela Blanco, quien había señalado que corría peligro al permanecer encerrado en una celda, en virtud de su estado depresivo y de ciertas conductas impropias que venía desarrollando en el último tiempo.

De ese modo, a poco de iniciado el trámite judicial tras la formulación de cargos que realizó la fiscalía, se había dispuesto que Navarro permaneciera internado con custodia policial permanente, pero no en prisión. La fiscalía le atribuyó un intento de robo agravado por la utilización de armas, contra una tienda de indumentaria de la calle Onelli, a la que llegó ocultando su identidad con una peluca. Cuando su intento se vio frustrado, escapó del lugar al trote y resultó detenido a pocas cuadras del lugar.

El intento de robo ocurrió en una tienda de indumentaria ubicada en la intersección de las calles Onelli y 25 de Mayo, lugar al que llegó portando una mochila. Ocultando su identidad con una peluca y exhibiendo un arma de fuego, amenazó a los presentes para que bajen las persianas y así poder concretar el atraco.

En la descripción del hecho que realizó el agente fiscal, mientras se dirigía con el propietario del comercio al sector de cajas para tomar el dinero de la recaudación, se descuidó y permitió que una empleada del local escapara de la escena y diera el alerta sobre lo que estaba ocurriendo.

Inmediatamente, el acusado se dio a la fuga y empezó una larga persecución por varias calles aledañas hasta que, finalmente, otro miembro de la fuerza que estaba de civil le dio alcance en la intersección de Onelli y Gallardo, en donde le propinó un severo golpe de puño con el que lo redujo, para luego esposarlo y dar inicio a las actuaciones de rigor.

Al ser requisado, el agente policial llevaba el arma reglamentaria, provista por la Jefatura de Policía: una pistola nueve milímetros sin proyectiles. Además, en la mochila que trasladaba, los policías hallaron cinta, gas pimienta, un bastón similar a la tonfa policial y sogas, todos elementos que presumiblemente podría haber utilizado para perpetrar el robo, además de la peluca y los borceguíes de su tarea policial.