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12/11/2018

Golpeó y amenazó a su expareja: se declaró culpable

Un sujeto se declaró culpable por el delito de lesiones y amenazas cometidas contra su expareja y fue condenado a la pena de un año de prisión en suspenso y el cumplimiento de pautas de conducta. Había agredido y amenazado a su expareja, miembro de la Policía de Río Negro, valiéndose del arma reglamentaria de la víctima.

En el marco de un juicio abreviado que alcanzaron el fiscal Martín Govetto, el defensor oficial Juan Pablo Laurence y el propio acusado, Jorge Alejandro Meliñanco, el mismo resultó condenado a la pena de un año de prisión en suspenso más la obligación de respetar ciertas pautas de conducta, en orden a los delitos de lesiones leves agravadas por mediar una relación de pareja y un contexto de violencia de género y amenazas calificadas por el uso de arma de fuego.

Según la imputación fiscal que el propio acusado reconoció para acceder el juicio abreviado, el hecho ocurrió en la madrugada del 20 de octubre de 2017, cuando Meliñanco se presentó en el domicilio de la mujer y comenzó a agredirla en el hall de acceso al edificio en el que ella habitaba.

Mediante empujones y forcejeos, el sujeto obligó a la mujer a abordar la cabina del ascensor y comenzó a aplicarle puntapiés y golpes de puño, mientras ella intentaba defenderse.

Instantes después, ya en el interior del departamento que la mujer alquilaba, el sujeto comenzó a revisar la propiedad hasta encontrar el arma reglamentaria de la uniformada en el interior de un armario.

Acto seguido el agresor tomó el arma de fuego y amenazó a la mujer con matarla o quitarse la vida. La actitud valiente de la mujer para defenderse y entablarse en un forcejeo, evitó que la cosa pase a mayores ya que pudo recuperar el dominio de su arma reglamentaria y aguardar el arribo de ayuda que había solicitado vía telefónica.

Toda la escena estuvo signada por una serie de manifestaciones por parte del agresor, tendientes a ratificar un supuesto predominio de poder en el marco de la relación de pareja que ambos entablaron y su rol de macho dominante que signó el contexto de violencia de género.

Tras el ofrecimiento del acuerdo y el entendimiento entre el fiscal y el defensor, el acusado aceptó el consejo de su letrado y reconoció su culpabilidad en el hecho investigado, admitiendo que ocurrió del modo en el que la fiscalía logró reconstruirlo. Además, el acusado acordó con la calificación legal dada al hecho y la condena requerida por la fiscalía. “Me hago cargo”; fueron sus palabras para responder la inquietud del juez Gregor Joos, que finalmente dictó la sentencia.