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20/08/2018

A la Conquista del Desierto la pensaron un siglo antes

A la Conquista del Desierto la pensaron un siglo antes
A la Conquista del Desierto la pensaron un siglo antes

En 1796 Félix de Azara recomendaba ocupar Choele Choel, luego de leer el diario de Basilio Villarino. No solo pensaba en correr la frontera hasta el río Negro, también en poblar las costas de la Patagonia.

La importancia estratégica de ocupar Choele Choel para los designios de españoles primero y argentinos después, había sido destacada un siglo antes de la Conquista del Desierto, al igual que la necesidad de fijar la frontera en el río Negro. Desde esa perspectiva, la iniciativa que finalmente concretó el general Julio Roca no tuvo nada de original, ya que no fueron pocos los ibéricos que habían sugerido ese curso de acción.

Puede extraerse esa conclusión al leer -por ejemplo- el “Diario de un reconocimiento de las guardias y fortines que guarnecen la línea de frontera de Buenos Aires para ensancharla”, que escribió Félix de Azara, capitán de navío de la Real Armada, al regresar de una expedición que integró hacia la línea que separaba a españoles de indígenas, en 1796.

Al elaborarle un “Oficio” al virrey, se consideró en libertad de indicarle “otro medio de asegurar la tranquilidad y posesión de las pampas, con mayor brevedad, ventaja y extensión” que el avance progresivo de una línea de fortines. “Ya dije que el motivo de robar los indios los ganados de esta capital, era el de llevarlos a Chile. El camino por donde los conducen es pasando el río Colorado, y dirigiéndose al punto inmediato de Chuelechel en el río Negro, que luego costean hasta la cordillera”.

Para manifestar su sugerencia, De Azara se basaba en los escritos de un compañero de armas. “Consta esto de la explicación que puso el piloto don Basilio Villarino en el mapa que hizo poco ha de dicho río Negro; donde también asegura ser esta derrota única, no sólo para los indios de la cordillera, sino también para los de sus faldas y llanos orientales, porque cualquier otro camino no tiene agua”.

Para el capitán de navío, la conclusión resultaba clara. “Fundado en eso, dice el mismo Villarino que, si nos establecemos en Chuelechel, será imposible que los bárbaros pueden conducir a Chile los ganados robados. Con estos antecedentes parece que debería V.E. hacer entrar por el río Negro una o dos chalupas de las que hay en nuestro establecimiento, dirigidas por algún inteligente o dos, que llegasen a Chuelechel y le reconociesen con reflexión y conocimiento, para verificar lo que dice Villarino”.

Patagones

Cuando De Azara se refería a “nuestro establecimiento”, estaba hablando de Carmen de Patagones, que en realidad no se había fundado mucho tiempo antes. “Siendo cierto, es fácil introducirnos desde nuestro establecimiento hasta Chuelechel y formar en él un fuerte como los mencionados, poco más o menos, guarneciéndole 60 blandengues y 20 presidiarios con dos chalupillas”.

El marino seguía ideando. “Según el mapa de dicho piloto, distaría este fuerte de nuestro actual establecimiento como 80 leguas, que, además de ser navegables, las han andado nuestras carretas. Quizá se hallará que conviene hacer dicho fuerte en la costa del río, donde el mapa figura una muy grande isla, de buen terreno para cultivos y para mantener muchos ganados con seguridad”.

El español consideraba que no debía “entrar en mayores detalles sobre el particular, porque para hablar con fundamento es menester esperar las noticias que ha de traer el comisionado, a quien se habrá de dar instrucción correspondiente. Me limito, pues, a decir que miro muy factible y fácil establecernos en Chuelechel, y que con esto, siendo cierto lo que asegura Villarino, seríamos dueños de las pampas desde aquí al río Negro: pues, aunque quedarían algunos bárbaros en este espacio, no habrá motivo para temerlos, porque no son muchos, ni aun la sexta parte de lo que el vulgo se figura; y además no se atreverían a insultarnos, viéndose cortados sin poder huir para el sur a pasar el río Negro, ni para la cordillera, tomando el paso preciso de Chuelechel”.

El cálculo del español no fue tan certero porque de hecho, recién en 1879 el ejército argentino pudo ocupar Choele Choel, pero más allá de su optimismo un tanto desmesurado, la historia le demostró que en los aspectos sustanciales de su “Oficio” estaba en lo cierto. “En fin, amparándonos de este paso preciso, no podrían los indios del sur de río Negro ni los de la cordillera y sus faldas, introducirse en esta pampas, para unirse con sus indios y robar nuestros ganados, como hasta aquí ha sucedido”.

De Azara apuntaba en realidad, a fortalecer el litoral del virreinato. “De este modo se facilitaría mucho la población que se desea, y tanto conviene al Estado, en la costa patagónica. Se entablaría insensiblemente comercio por el río Negro con los indios laboriosos que hay en la cordillera y sus faldas, con Chile; quizá sucedería lo mismo con la ciudad de Mendoza, por el río Diamante que entra en el Negro y es navegable en las crecientes, según dice Villarino (esa era la creencia a fines del siglo XVIII); y sobre todo, esta capital adelantaría una extensión que no baja de 5.000 leguas cuadradas, en que, sin hacer caso de otra cosa, podrían mantener más ganados de los que hay en todos los campos de la otra banda, sin que ningún extranjero pudiese participar de sus cueros”. Nótese en qué residía su interés principal.

Poca plata

Para el capitán de navío Félix de Azara la ocupación de Choele Choel era viable además desde el punto de vista económico. “Los costos que puede tener esta idea son muy inferiores a lo que es capaz de sufrir el ramo de la guerra, que los recobraría en breve con el aumento de cueros. Tenemos franca la entrada en el río Negro, y un establecimiento, chalupas y carretas en su boca; todo está incitando a continuar”.

Luego, apelaba al patriotismo… Ibérico, claro: “Si a alguno le pareciese arriesgado que internemos 80 leguas por el río Negro, será porque no se acuerda que somos españoles, de Garay fundó los fuertes de San Salvador y Santi Espíritu, y Oyolas el de la Asunción, a mayores distancias de España, y entre sí, guarneciéndoles con menos de 100 hombres; y hace tres años que 50 milicianos paraguayos han hecho el Fuerte de Borbón en iguales circunstancias, y en medio de mayor número de bárbaros, más guerreros y de mayor pujanza de los que hay por acá”.

Se equivocaba una vez más De Azara al evaluar la resistencia que encontrarían sus sucesores, pero acertaba en la sustancia. “Lo peor que puede suceder es que el camino que dicho piloto supone único, no lo sea, sino que haya dos o tres. Nada quiere decir esto, pues se reduce tomarlos todos, cuyo costo es muy inferior a la adquisición de tantas ventajas”. No obstante, recién pudo efectivizarse esta concepción estratégica casi un siglo más tarde.